La televisión ¿pública?

03 de julio de 2014 (00:00 CET)

Hace ya unos días que Valentí Puig puso el dedo sobre la llaga. La televisión pública en Catalunya es cualquier cosa menos pública. Eso pasa por el análisis de la trayectoria de TV3 y por el papel, triste, que realiza la televisión pública española en la comunidad autónoma.

La información que hoy detalla Manel Manchón es un episodio más de esa esquizofrenia que se vive en los mal llamados medios de comunicación de carácter público. Lo son por razones económicas (los pagamos entre todos), pero dejaron de serlo hace ya demasiado tiempo por lo que se refiere a su voluntad generalista de servicio y por su capacidad de representar realidades sociales, políticas y económicas transversales.
 
Que el Ejecutivo público siga recortando en camas de hospital pero sostenga este consejo asesor sólo se revierte con el voto en unas elecciones

De TV3 está casi todo dicho e insistir en su parcialidad, sectarismo y actitud provinciana resulta una recurrencia prescindible. Sin embargo, hasta que he tenido noticia de este asunto que les explicamos desconocía que en Barcelona existía un consejo asesor de RTVE. Es cierto que hay muchos otros de grandes empresas y que tienen una utilidad entre comercial y de consultoría en el territorio que representan. Al parecer, la norma legal permite a los gobiernos autonómicos nombrar esta especie de grupo de fiscalizadores cuya función es seguir y orientar en la comunidad la marcha de la televisión pública española.

Tras realizar algunas comprobaciones ha sido fácil saber que el consejo de marras no es más que una relación de 13 personajes vinculados al mundo de la política y/o el periodismo a los que --¡sorpresa!-- nombra la Generalitat de Catalunya y les paga las dietas por su supuesta dedicación. Que el Ejecutivo público siga recortando en camas de hospital pero sostenga este consejo asesor sólo se revierte con el voto en unas elecciones, así que tampoco es necesario realizar más consideraciones al respecto. Sin embargo, que su máxima función efectiva --por la cual les retribuimos los ciudadanos catalanes-- sea convocar unos premios de comunicación es bastante denotativo del país en el que vivimos. Peor todavía resulta que en esos premios Miramar, el consejo asesor de la televisión pública española premie un documental que estimula con el romanticismo y la insulsa épica habitual la independencia de Catalunya.

Desconozco cómo deben haber asumido en Madrid el gol que su consejo asesor catalán les ha marcado en la escuadra de la televisión pública en tiempos de gobierno del PP. ¿Qué pensará la vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría? ¿Y el presidente del ente público RTVE, Leopoldo González-Echenique? Imagino el mosqueo por este asunto, aunque prefieran atribuirlo a lo incontrolable del problema catalán en vez de depurar alguna responsabilidad.

Ellos, al final, nada o poco tienen que ver (salvo la responsabilidad de un cargo público). Los verdaderos artífices de ese premio al documental independentistas son los 13 estómagos agradecidos a los que incluso los que estamos en la pomada no les conocemos un trabajo digno al servicio de la televisión pública que justifique las dietas que Artur Mas, en nombre de los catalanes, les abona.
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