La socialdemocracia ya no es alternativa de cambio

24 de abril de 2014 (18:59 CET)

Si hubo algún beneficiado de la existencia del bloque soviético fueron las clases populares de los países europeos occidentales y los partidos socialdemócratas. El miedo a la supuesta alternativa comunista provocó que las clases hegemónicas permitieran, aceptaran e incluso les fuera útil la existencia de una fuerza de izquierdas reformista. Es decir, una fuerza que no cuestionaba la forma de sociedad capitalista, pero que introducía parámetros sociales que la hacía más equitativa.

La caída del muro de Berlín no sólo acabó con la utopía comunista, sino que paradójicamente también significó el fin, o mejor dicho, la crisis del modelo socialdemócrata. Las clases hegemónicas ya no tenían enemigo a la vista y, por tanto, le era totalmente accesorio el socialismo reformista.

A la vez, la socialdemocracia viró claramente hacia la derecha y al social-liberalismo e incluso estableció un mestizaje con sectores hegemónicos. Sólo hay que ver la diferencia abismal entre las políticas laboristas en tiempo de Aneurin Bevan y las políticas de Toni Blair.

Mientras uno estableció medidas claramente de izquierdas partiendo de las nacionalizaciones de sectores estratégicos, la creación de políticas de vivienda social, o la creación del sistema nacional de salud, el segundo no hizo más que reafirmar, como máximo dulcificadas, las políticas que anteriormente había efectuado la conservadora Margaret Thatcher. La diferencia entre un Bevan y un Blair es la que hay entre un socialista y la "Tercera Vía social- liberal”.

La experiencia británica no es única. La hemos visto reproducida en Alemania donde Schroeder es el iniciador de las políticas de austeridad con las reformas Hartz que precarizó y modificó, a la baja, el mercado laboral en Alemania y que han sido continuadas y potenciadas posteriormente por Ángela Merkel, en dos casos con gobiernos de coalición CDU- SPD.

En Italia la evolución del PD ha terminado con la llegada de Renzi al poder, es decir, con un partido que ha evolucionado hasta establecer como máximo dirigente a un democristiano. Renzi que abomina del pasado, (se supone de la historia de un partido que tiene en su origen al PCI), el papel de los sindicatos es capaz de devolver protagonismo a Berlusconi y establecer una ley electoral que establece descaradamente el bipartidismo reduciendo la pluralidad democrática, y que significa la imposición de una vía " blairista " italiana.

En cuanto a España, el Gobierno de Zapatero significó un avance sin duda en cuestiones de libertad individual, muy diferentes a las que defiende la derecha, aborto, matrimonios del mismo sexo, pero manteniendo la misma política económica de la "burbuja inmobiliaria".

Y con la llegada de la crisis económica su sumisión a las políticas de austeridad, introduciendo de forma artera la reforma "exprés" de la Constitución, modificando de la noche a la mañana el art.35, mediante el acuerdo PSOE- PP que significa que el retorno de la deuda está por encima de cualquier consideración social. Esta reforma significa romper una Constitución que permitía políticas económicas de derechas o de izquierdas y establecer el predominio de las políticas económicas de la derecha.

En todos los casos hay que señalar que, en mayor o menor medida, los partidos de la socialdemocracia han ido rompiendo o disminuyendo sus lazos con las organizaciones sindicales y con sus bases trabajadoras en la búsqueda de un espacio de centro. No es algo a olvidar.

Hay que reseñar que la crisis europea fue causada por las políticas financiero-especulativas. Esto ponía en cuestión las políticas neoliberales y era una oportunidad de levantar una alternativa de izquierdas. Pero la socialdemocracia ha sido incapaz de proponer una alternativa reformista de izquierdas. Parece haberse quedado paralizada y ha cedido la hegemonía, para dar salida a la crisis, a la propia derecha que era la responsable de la misma.

Incluso cuando pareció en Francia el socialista Hollande, que defendía una política alternativa de izquierdas, muchos vieron una esperanza equilibradora en la política europea, la realidad posterior ha sido una rendición plena ante los "mercados especulativos " y más con el nuevo Gobierno dirigido por Manuel Valls parece retornar a la ortodoxia liberal.

Parece que son malos tiempos para las políticas de reforma desde la izquierda y, en todo caso, no se pueden esperar de la mano de los partidos mal llamados socialdemócratas.

En el ámbito europeo, poco se puede esperar de quien ha gobernado subordinadamente la UE en coalición con los grupos de la derecha y los liberales. La socialdemocracia parece que ha perdido toda capacidad alternativa a la hegemonía de la derecha neoliberal. En todo caso sólo parece plantearse ser una alternancia, con mayores dosis de liberalismo en cuanto a los derechos individuales. Y el mantenimiento de la coalición de los socialdemócratas con los populares europeos es la posición que ambos defienden de cara a las elecciones del 25 de mayo.

En el caso de España, el último intento socialdemócrata fue el de Josep Borrell
que fue liquidado, con " malas artes", desde sus propias filas. Ahora vemos que ante la posibilidad de una falta de mayorías absolutas --destacados dirigentes como González o Zapatero y lo teorizan diputados como Moscoso--, hablan de la imposibilidad de pensar en coaliciones con IU, (potenciando consciente o inconscientemente una gran coalición PP- PSOE) a la vez que consideran que hay que olvidarse de términos como “lucha de clases”, precisamente en un momento de crisis donde se ve que un 1% se beneficia del sufrimiento del 99% restante.

El papel reformador y alternativo hoy ya no puede salir de una socialdemocracia
que no es digna de ese nombre.

Por ello, que hay que impulsar todos los esfuerzos para la unidad de fuerzas en la izquierda que, renunciando a una vieja política resistencialista de la negación, sean capaces de plantear alternativas en positivo dirigidas a cambiar la actual hegemonía de quienes quieren o se resignan a la austeridad.

Es, en este sentido, signficativo el papel de Syriza en Grecia porque no sólo abandera la oposición a las políticas austericidas sino que propone alternativas --radicales, pero posibles-- incluso recordando políticas reformistas de la antigua socialdemocracia. Syriza ya es alternativa de poder liquidando el bipartidismo corrupto de ND i PASOK que condujeron a Grecia a la su actual situación de crisis.

Ahora es el momento de reagrupar a todos los sectores transformadores desde los verdaderos socialdemócratas hasta izquierdas alternativas o ecologistas para hacer un frente contra las políticas de derechas de la Troika y para avanzar hacia una Europa y unas sociedades más justas y equitativas.

Una alternativa seria y potente de las izquierdas alternativas podría llegar a conseguir una cierta redirección de los propios partidos socialdemócratas desde su actual posición de supeditación al pensamiento neoliberal.

*Manel García Biel es miembro de la Comisión de Control Confederal de CCOO.
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