La soberanía limitada de Merkel

21 de julio de 2015 (19:19 CET)

La doctrina de la soberanía limitada es aquella que se estableció en los países de la órbita soviética, para evitar todo desviacionismo, bajo la excusa de la amenaza del sistema capitalista. En base a esta concepción, la Unión Soviética y sus satélites del Pacto de Varsovia se arrogaban la posibilidad de intervenir en cualquiera de los países en defensa de los valores socialistas. El antecedente previo a la concreción de la doctrina por parte de Brezhnev en el 1968, fue la intervención militar en Hungría en 1956, y posteriormente tuvo su concreción con la invasión de Checoslovaquia del 1968.

Con la desaparición del bloque soviético creíamos desaparecida esta figura que representaba la dominación de unos países por la potencia del bloque económico y político al que estaba ligado.

Pero no hay duda que parece que hoy se vuelve a dar una nueva forma de doctrina de la soberanía limitada. Es la que se está produciendo a raíz de la crisis económica dentro de la Eurozona entre los países acreedores y los deudores. Más concretamente  entre la política que define Alemania y la que obliga a aplicar al resto de la Eurozona.

Hoy las invasiones no son militares y la soberanía limitada se impone con instrumentos económicos. El euro es hoy la herramienta que utiliza Alemania para imponer su poder al resto de países de la zona euro. El euro se instituyó de acuerdo con los intereses de Alemania.

En los momentos de crecimiento económico no pasó nada negativo, incluso países como la misma Alemania o Francia incumplieron los objetivos de déficit sin consecuencias. Parecía que Europa había conseguido un paso adelante en la consolidación del proyecto europeo. Y todo a pesar de que se instauraba una moneda común que afectaba a economías diversas y sin establecer políticas fiscales, económicas ni de deuda comunes.

La crisis pone al descubierto todas las debilidades del sistema. Y la carencia de una gobernanza común: ni el Eurogrupo ni el BCE son unos instrumentos de gobierno común, sino los instrumentos a través de los cuales la potencia dominante, Alemania, impone sus políticas.

Angela Merkel y sus políticas han significado un cambio radical respecto a todos los anteriores cancilleres alemanes. Ha llevado a la transición desde una Alemania europea al paradigma de una Europa alemana, lo cual comporta un retroceso de décadas en el proceso europeo.

La imposición de la doctrina alemana se ha comprobado en el caso de Grecia, donde se ha utilizado al propio BCE para obligar al gobierno democrático griego a capitular ante una propuesta que todo el mundo sabe que no resolverá el problema de la economía griega sino que simplemente lo atrasa en el tiempo y a la vez lo agravará. La actuación de Alemania, con la aceptación del resto de miembros de la Zona Euro, ha sido la imposición de la soberanía limitada al pueblo griego y su sumisión. Pero este caso de golpe de estado financiero no ha sido el único caso sino el más visible.

No podemos olvidar que en España, en agosto de 2011, la presión de los intereses de la Eurozona, encabezada por Alemania, a través del BCE, comportó ni más ni menos que el cambio, con nocturnidad y sin consulta popular, del artículo 135 de la Constitución.

La presión del BCE, mediante una carta que se mantuvo en secreto a la ciudadanía, hizo que el PSOE de Zapatero y el PP pactaran un rápido cambio constitucional por el cual el retorno de la deuda se ponía como prioritario por encima de cualquiera otro objetivo. Fue sin duda un primer golpe de estado financiero sin ninguna resistencia por parte de los principales partidos españoles. Quizás esta sea la causa de la beligerancia de ambos partidos con Tsipras y su referéndum.

Esta situación que vive el euro y la Eurozona, donde las doctrinas elaboradas por la Alemania de Merkel y Schäuble son aceptadas por la derecha popular europea, los liberales y los socialdemócratas, y en el mejor de los casos con críticas hechas con la boca pequeña, es peligrosa, antisocial y poco democrática y simboliza romper con los valores democráticos fundacionales de la UE.

A las voces críticas de la izquierda alternativa y ecologista se unen  la de economistas y medios de comunicación como el prestigioso semanario alemán Der Spiegel, que ha titulado: "El gobierno alemán ha destruido en un solo fin de semana siete décadas de diplomacia de postguerra". A ellas se han sumado las de veteranos políticos como Prodi o Soares.

Pero sin duda si alguien ha hecho la crítica más dura, desde dentro del sistema, ha sido la respetada voz del antiguo canciller de la socialdemocracia alemana, Helmut Schmidt, que analiza y compara la situación actual de Grecia y sus acreedores con la que tuvo Alemania y los suyos en El Acuerdo de la Deuda de Londres del 1952 y la gran diferencia de trato.

Alemania tuvo quita y aplazamiento de pagos que se atrasaron, y que se han acabado de efectuar hace poco tiempo, pese a que se trataba de una deuda que se remontaba al periodo entre las dos guerras mundiales. Schmidt critica claramente "el espíritu nacional del matón alemán"y dice "el diablo se lleve a los líderes europeos cuando no están listos para salvar Grecia". "¡Grecia necesita inversión!".

Las palabras de estos antiguos dirigentes europeos demuestran el grado de regresión de la UE, que ha pasado de ser la Europa de las libertades a la Europa de la soberanía limitada merkeliana.

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