La reforma de la Constitución

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02 de septiembre de 2011 (18:00 CET)

Cuando en 1975 se decidió que hacer una Constitución quería decir arreciar la democracia, los ponentes de la misma fueron los que representaban los sectores de una España que quería superar el pasado y acoger a todo el mundo por un futuro: la derecha dura (el PP), el centro derecha (la UCD), el centro izquierda (PSC- PSOE), la izquierda (el PCE) y los nacionalistas (CiU y PNV).

Somos hijos de aquella transición o bien algunos somos protagonistas de aquellos hechos por razones generacionales. Además, durante estos 35 años se ha querido imponer a los sectores que nunca habían creído mucho con la democracia que la Constitución no se podía tocar.

Una muestra fue el debate del nuevo Estatut de Catalunya. Después de cinco años de complicadas reflexiones y opiniones, el Tribunal Constitucional decidió que el texto votado por los catalanes no cumplía todos los requisitos constitucionales.

Pero este no ha sido el único ejemplo, puesto que el pasado agosto se recordará como el momento en que unos representantes del pueblo, no todos pero sí los más mayoritarios, han cambiado la Constitución en un abrir y cerrar de ojos. Y todo esto, sin una posible discusión con la sociedad ni ninguna ratificación por parte del pueblo, sólo por razones económicas que parecen de mucho peso.

Personalmente, las razones económicas no las conozco. Parece ser, por lo que dice la gente, que este cambio que no se ha discutido evitará que el coste de la deuda pública española sea muy alta o para reubicar a los especuladores.

Estoy sorprendido de que una ley pueda tener estos efectos tan necesarios. Modestamente pienso que era tarea del Banco Central Europeo, quien con su intervención podría evitar estos fenómenos especulativos. Esta situación hace pensar en la necesidad que existe de volver a hacer memoria con el objetivo de evitar repetir los errores del pasado.

Todo esto recuerda a la época en que el partido conservador liderato por Cánovas de Castillo y el partido liberal dirigido por Sagasta fueron fenómenos de la política madrileña que no consiguieron cambiar la realidad social de su tiempo.

Ahora, el PP y el PSOE se han unido en cuanto al diagnóstico económico del país y las medidas a tomar aunque sin ninguna respuesta a la crisis. De tal manera que, con sectores de la población reclamando más democracia (los indignados) ellos continúen practicando las acciones contrarias en un momento bastante delicado y confuso
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