La paga de los banqueros y la ley del embudo

28 de febrero de 2014 (19:44 CET)

Los 11 principales directivos de Banco Santander, BBVA y Banco Sabadell ganaron el pasado año 44 millones de euros, suma prácticamente idéntica a la del ejercicio anterior.

Se trata de los tres primeros grandes bancos que hacen pública la retribución de su estado mayor. Todavía quedan pendientes los otros dos gigantes del sistema, Caixabank y Popular.

En el Santander, cinco miembros del consejo de administración lucen la condición de ejecutivos: el presidente Emilio Botín, el vicepresidente Matías Rodríguez Inciarte y el consejero delegado Javier Marín, más Ana Patricia Botín y Juan Rodríguez Inciarte, que son vocales. Javier Marín y Ana Patricia Botín encabezan la tabla remunerativa con 6,4 y 6,3 millones, respectivamente. Siguen los hermanos Matías y Juan Rodríguez con 4,7 y 3,4, y tras ellos, el patriarca Emilio Botín con 3 millones.

En BBVA disfrutan de contrato laboral de alta dirección el gran timonel Francisco González, su segundo de a bordo Ángel Cano y José Manuel González-Páramo, este último ex consejero del Banco Central Europeo. El primero ingresó 5,1 millones, el segundo 4,7 y el tercero hubo de conformarse con 0,8 millones.

Por último, en el Sabadell ostentan la condición de consejeros-ejecutivos el presidente Josep Oliu, su adjunto Jaime Guardiola y el director general José Luis Negro. Ingresaron, respectivamente, 3,8, 3,5 y 2 millones. En conjunto, la paga de esa troika experimentó el año pasado una ascensión del 42%.

Esas son las sumas globales que los 11 banqueros devengaron en 2013. Incluyen percepciones por una larga retahíla de conceptos, tales como paga fija, pagas variables y diferidas, dietas de asistencia, estipendios por la pertenencia al máximo órgano de gobierno de sus respectivas sociedades, opciones sobre acciones, aportaciones a sus fondos de pensiones etc.

Para cualquier hijo de vecino, las citadas cantidades son en sí mismas aparatosas. El argumento que suelen emplear los líderes de los bancos cuando algún plumífero osa preguntarles por el monto de sus gabelas, es que “están en línea” con las de sus colegas de las altas finanzas europeas. Al escuchar este ocurrente pretexto, se me ocurre reflexionar sobre si el salario de los empleados de tales bancos está o no “en línea” con el de sus colegas de Francia, Alemania y Reino Unido. La conclusión es, a todas luces, negativa.

Beneficios hundidos


Por otra parte, cabe inquirir si las soldadas de nuestros banqueros son mayores o menores que las que disfrutaban antes de la crisis. Vamos a verlo. En el verano de 2007, el banco de inversión norteamericano Bear Stearns dio la primera señal de alarma sobre las hipotecas basura. Semejante aviso fue el arranque de la larga fase recesiva que se desataría pocos meses después.

Pues bien: en 2007, los 11 mandamases de las tres entidades ingresaron 82 millones de euros. Es de señalar que dicha cantidad incluía gruesos aportes a los fondos de pensiones, que en el Santander sumaron 20,6 millones, en el BBVA, 12,5 y en el Sabadell, 4.

En 2010, Francisco González no tuvo empacho en hacer efectivo su fondo y arrambló con 70 millones de euros. En 2013, Alfredo Sáenz, del Santander, imitó la jugada y se embolsó cerca de 90 millones. Entre ambos personajes hay una diferencia sustancial.

Sáenz abandonó la poltrona, mejor dicho, fue desalojado de ella manu militari, como consecuencia de su condena judicial por un viejo asunto, tras haber lucido durante largo tiempo un puesto descollante en el podio de los ejecutivos mejor pagados del viejo continente. En cambio, González siguió tan pancho al frente de BBVA y se dispone a incorporarse, dentro de unos pocos meses, a la cofradía de los septuagenarios.

En 2007, Santander, BBVA y Sabadell declararon un beneficio conjunto de casi 16.000 millones. En 2013, su resultado agregado se redujo a apenas 6.850 millones. O sea que las ganancias de las entidades de crédito se han desplomado un 57%, mientras que la soldada de sus máximos prebostes --excluidas las contribuciones a los fondos de pensiones-- sólo se comprime un 21%.

De cuanto antecede se puede inferir que los mandarines de la gran banca nacional no se dan por enterados de que sus respectivas entidades están ganando hoy menos de la mitad que seis años atrás. Como los resultados de toda empresa dependen sustancialmente del acierto o desacierto de sus cúpulas gestoras, no parece intempestivo que, cuando caen los beneficios, las remuneraciones del alto mando se muevan también a la baja en análoga proporción.

¿Y qué ocurre en la realidad? Pues precisamente todo lo contrario. Barrunto que nos hallamos ante una clara muestra de la consabida ley del embudo.
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