La oportunidad de Catalunya y de las “Españas”

02 de junio de 2014 (11:31 CET)

El catalanismo, aunque ahora se pueda pensar que se ha evaporado en favor de un movimiento independentista que sólo busca un nuevo estado para Catalunya, siempre ha tenido presente la posibilidad de un acuerdo con la Corona que permitiera plasmar un proyecto para “las Españas”. Esa España austracista, en la que se han mirado en infinitud de ocasiones catalanistas de la talla de Ernest Lluch, uno de los dirigentes políticos que más hizo tanto por Catalunya como por España, y que fue asesinado por ETA.

España puede iniciar, ahora, una nueva etapa, tras la abdicación del Rey Juan Carlos, en favor de su hijo Felipe VI. La operación será compleja. Habrá tensiones. Porque ese relevo se produce en un momento en el que la sociedad española quiere cambios en profundidad, en una situación en la que las instituciones han padecido una gran erosión. Y se ha puesto también en duda, aunque en círculos minoritarios, la propia continuidad de la Corona, más allá del Rey Juan Carlos.

Renovar todo lo caducado

Por tanto, el cambio en la jefatura del Estado, puede suponer una transformación de todo el país, con la idea de renovar el pacto social del conjunto de la sociedad española. La abdicación de un Rey no debería suponer un punto y aparte en un país, pero sí puede constituir, en el caso de España, una oportunidad para rehacer todo lo que ha caducado desde la transición.

Y una de las cuestiones que ya estaba en el ocaso es la implicación de Catalunya en los asuntos españoles. De ser uno de los grandes motores, en todos los ámbitos, en la construcción de la democracia española, Catalunya es ahora el principal problema. Se admita o no, la abdicación del Rey está condicionada por la resolución de una enorme vía de agua que representa el movimiento independentista.

De Felipe V a Felipe VI

El proceso soberanista podría seguir adelante. No hay garantías de que la nueva etapa que protagonice el hijo del Rey, el Príncipe Felipe, pueda ser exitosa para reconducir las cosas, pero abre una enorme oportunidad para establecer nuevos lazos. Para lograr un encaje más satisfactorio de los catalanes en el conjunto de España, para lograr esas “Españas” de las que hablaba Lluch. Al mismo tiempo, puede suponer una renovación de las instituciones, que conecte más y mejor con las aspiraciones democráticas de los ciudadanos, que han evidenciado su malestar con fenómenos como el de Podemos.

En el caso de Catalunya, la paradoja es enorme. Han pasado trescientos años desde 1714. La caída de Barcelona, en una guerra de sucesión, la protagonizó Felipe V. Cuando los catalanes se manifiesten el próximo 11 de septiembre, podrían tener ya un nuevo Rey: Felipe VI.

Es también la oportunidad de Catalunya.
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