La necesidad de unidad para la izquierda alternativa

26 de mayo de 2015 (20:51 CET)

No hay duda que el resultado de las elecciones municipales y autonómicas ha representado un cambio importante en la geografía política del Estado, y de la diversa correlación de fuerzas. El bipartidismo en sus variantes (PP-PSOE) (CiU-PSC) queda profundamente debilitado, pero mantienen su primacía en términos absolutos. Las fuerzas del cambio consiguen importantes victorias en varias ciudades pero todavía están lejos de conseguir una nueva hegemonía. Incluso todavía no son la alternativa a la derecha.

Es evidente que a pesar de varios procesos de confluencia, no se ha conseguido una plena confluencia de las fuerzas de la izquierda alternativa excepto contadas excepciones. En estas contadas excepciones los resultados han sido plenamente satisfactorios. Sólo hay que ver el caso de BCNencomú (confluencia de ICV-EUiA Podemos, Ganamos Equo y Procés Constituent) que se sitúa como primera fuerza en Barcelona capital.

O el caso de las Mareas Atlánticas (Confluencia de Anova, Esquerra Unida, Podemos y otras) donde se sitúa como primera fuerza con más del 30% del votos en A Corunya o en Santiago. La carencia de confluencia ha permitido entre otros no ganar de entrada la Comunidad de Madrid donde la suma de Podemos e IU no sólo se habrían acercado a los votos del PSOE sino que una alianza con él desbancaría al PP. La misma situación se daría en el País Valenciano donde la unidad de las izquierdas alternativas las habría situado como primera fuerza de gobierno alternativo en la Comunidad Valenciana.

Podemos ver que excepto en unos pocos casos la correlación de fuerzas entre la izquierda alternativa y el centro–izquierda continúa decantándose claramente en favor del social-liberalismo del PSOE, cuando es evidente que la unidad de las fuerzas alternativas le habría arrebatado la hegemonía o se la habría disputado muy de cerca en comunidades como la Valenciana, Aragón. Asturias o las Baleares.

Haría falta que el conjunto de las fuerzas alternativas hicieran una reflexión profunda. Sin confluencia no se puede dar un cambio radical en el conjunto del Estado. Hay zonas donde el papel de la izquierda alternativa es aún débil como Extremadura, Cantabria, Castilla-León, Murcia etc. Sin unidad la situación en los próximos procesos electorales, en Cataluña y especialmente a las generales, pueden no ser todo lo positivos que harían falta, para configurarse como un polo alternativo que pueda negociar de igual a igual con el centro-izquierda una alianza para echar a las derechas e iniciar un nuevo camino por la sociedad española. Y no se debe olvidar la Ley de Hont.

Hoy en día al conjunto de las fuerzas alternativas tienen, teóricamente, una gran fuerza que no pueden malgastar. Hay muchas cosas más que unen de las que separan a Podemos e IU, así como ICV, ANOVA, CHA, Compromis, Equo o MES. No hay razones políticas para no confluir, sólo razones partidistas.

Hay quien como ICV, ANOVA e incluso Equo, ya hace mucho tiempo que tienen definida una estrategia de confluencia de todas las izquierdas alternativas del Estado, hace falta que otros como Compromis, CHA o MES salgan del aislamiento de su comunidad para confluir en un proyecto común.

Pero sin duda quien más deben de reflexionar sueño PODEMOS e IU.

En el caso de Podemos hace falta que los árboles no le hagan perder de vista el bosque. Es cierto que son los responsables de una nueva dinámica, pero también es cierto que solos tienen limitaciones. Se ha visto que en los procesos de confluencia es donde han tenido mejores resultados, volvemos a remarcar el caso de Barcelona, de Galicia o inclusive el de Madrid. Pero también es evidente que su resultado en las autonómicas es bueno pero no el salto extraordinario que lo pueda convertir en alternativa en solitario que soñaban. Hace falta menos prepotencia y más voluntad unitaria para conseguir forjar una alternativa de izquierdas para expulsar a la derecha y poder tratar de igual a igual al social-liberalismo que representa el PSOE.

Hay que volver a pensar en términos gramscianos, no hay duda que son, actualmente, la principal fuerza alternativa, pero les hace falta altura de miras para no quedarse en ser un  relevo en el papel de la mejor Izquierda Unida. Tienen que reflexionar y optar, sólo tienen un camino pero sin duda limitado. Nunca serán una alternativa real de gobierno en solitario. Y al ser la principal fuerza alternativa también será la más responsable de la falta de unidad.

Por su parte, la reflexión de IU tiene que ser mucho más profunda. Tienen que repensarse a sí mismos como organización. En cómo recuperarse de una situación en la que en gran parte están situados por sus propios errores. IU tenían grandes expectativas hace un año, y después de las elecciones europeas perdió los papeles. Primero se quedó obnubilada por el fenómeno de Podemos y quiso imitarlo. Abandonó la defensa de su propia estrategia y apareció como una imitación de Podemos. Posteriormente las luchas internas en Madrid le han afectado en su imagen por todas partes.

Ha sido incomprensible la incoherente posición de Alberto Garzón, el que tendría que haber sido su mejor referente, y que ha demostrado una nula capacidad para saber unificar su organización, un defecto que sin duda le pasará factura en el futuro. Pero el problema de IU es más profundo, le hace falta una refundación que no sabemos si llegará a tiempo. Hace falta una IU más abierta interna y externamente, sin el corsé del control de un PCE que ha perdido la razón de ser, incapaz incluso de mantener su propia cohesión interna. No hay duda que juntamente a Cayo Lara las voces más sensatas dentro de IU ha sido las de Izquierda Abierta de Llamazares que es la que ha hecho planteamientos más coherentes en cuanto a la propia identidad y a la defensa de la organización.

Hay gente en el  PCE que cree que IU esta amortizada, que no cree en este proyecto, cuando quien está realmente amortizado hoy es el propio PCE. Haría falta que aprendieran de la trayectoria de sus aliados de ICV, que congelaron al PSUC, han hecho de Iniciativa una organización abierta y sin controles internos, capaz de en una situación muy compleja como es la catalana, saber hacer renuncias para conseguir la confluencia, todo ello sin renunciar a la propia identidad, y así crecer en común en las municipales catalanas con el ejemplo más claro en Barcelona ciudad.

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