La irrealidad de la política catalana

03 de diciembre de 2014 (00:00 CET)

Desde hace varios años ya, Cataluña vive sumergida en una irreal e ilusoria situación política. El partido mayoritario que ocupa el Govern (CiU) y el principal partido de la supuesta oposición (ERC) se encuentran tan unidos como alejados en un tablero de estrategia electoral que tiene la eventual independencia como principal motivo de su convivencia.

Mientras, el país sigue su curso. Lo siguen sus perplejos ciudadanos, soportando recortes y disfrutando de un Estado del bienestar cada vez más agónico. También lo continúan sus empresas, que cada vez miran menos al sector público y se esfuerzan en buscar nuevos mercados e internacionalizarse para contrarrestar la caída de la demanda interna vivida en los últimos años.

Que tenemos una resistencia a prueba de bomba lo atestigua el tiempo que llevamos sometidos a un debate político de superestructura


Quienes más avezados están en el ejercicio de irrealidad actual, de hecho, son los políticos del país. Por ejemplo, el consejero de Economía y Finanzas, el cátedro Andreu Mas-Colell, quien acaba de presentar unos presupuestos que, de entrada, no se los cree ni él. Tanto da. Al final, cualquier actuación política (incluso las de carácter más técnico) tienen más sentido simbólico que real. Son presupuestos incumplibles, son unas cuentas públicas que jamás podrán llevarse a cabo y son, al cabo, un ejercicio de cinismo ideológico que sólo un país como el nuestro puede soportar. Es para llamar la atención de Madrid, justificará algún independentista abducido por la causa.

Que tenemos una resistencia a prueba de bomba lo atestigua el tiempo que llevamos sometidos a un debate político de superestructura. Nada que decir de lo que pasa en la calle cada día, de las preocupaciones reales de los catalanes y, en cambio, un reguero constante de alusiones al imaginario colectivo soberanista. La política era antes otra cosa, hoy es una especie de sublimación de tacticismo cortoplacista; del quítate tú para ponerme yo; del este telediario te lo gano con una estratagema mediática… y así un larguísimo y pesadísimo etcétera.

Mas-Colell no es un gran triunfador de la política. Es un respetable teórico que vive todavía de sus réditos académicos, pero que no ha demostrado una especial capacidad de gestión ni con Spanair, ni con Eurovegas, ni con ATLL, ni, por supuesto, con las cuentas públicas. Y, sin embargo, ahí está presentando los presupuestos irreales de un país cada vez más imaginario en el que muchos bienintencionados ciudadanos creerán.

Ésa es la lástima, que hacemos amigos por cómo llevan la camisa y no por su acervo y calidad personal. O que en la España irreal seamos capaces de aceptar que a una ministra de Sanidad tan cuestionada y floja como Ana Mato le sustituya un político obediente como Alfonso Alonso, que todavía no sé si es un juego de palabras o una broma de Mariano Rajoy con el respetable. Así andamos, en espacios que se debaten entre la irrealidad y el surrealismo.

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