La frontera sur de Cataluña

06 de noviembre de 2015 (20:40 CET)

En los premios Octubre de este año, que convoca la Fundación Ausias March y la editorial 3 i 4, resultó ganador el ensayo "Naciò, ancestral i ADN", del catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Valencia, Ferran García Olive, sobre la unidad histórica de valencianos y catalanes.

Contrariamente a lo ocurrido durante los años que el PPCV gobernó la Comunidad Valenciana, este año acudieron cargos políticos al acto de entrega de los premios. Pero ni Ximo Puig, presidente de la Generalitat, ni Mónica Oltra, vicepresidenta y líder de la coalición nacionalista Comprimís, estuvieron presentes.

En la frontera sur de Cataluña, hablar de Països Catalans o reivindicar unidad política, administrativa o de acción ya no está de moda. Las tesis de Fuster en Nosaltres les Valencians, argumentando que el País Valenciano solo tiene futuro unido a Cataluña, no están presentes en la agenda política valenciana.

Solo los muy blaveros sacan a pasear de vez en cuando el catalanismo de Oltra, Ribó o Nomdedeu, mientras el conseller de Educación, Vicent Marzà, en otra hora activista del Països, ahora se contenta en pedir cierta unidad de la lengua con la boca pequeña. El valor electoral de la unidad de España pesa más electoralmente que las antaño posiciones nacionalistas catalanistas.

Aparecen banderas cuatribarradas en ayuntamientos, pero la cosa no pasa de ahí. Ximo Puig habla de igualdad de españoles para no definirse en el terreno patriótico y Monica Oltra dice Comunidad Valenciana sin reparos cuando antes su argumentando contaba fijo con la cita al País Valencia.

Los socialistas valencianos, como mucho, intentan resucitar el PSPV frente al PSOE. Incluso vuelve a hablarse de tener un grupo parlamentario propio como lo tuvo el PSC. Puig no comulga con todo lo que hace y dice Pedro Sánchez y la identidad propia sirve para poner al PSOE en su sitio y, de paso, plantarle cara a Rajoy. Vamos, el regionalismo de toda la vida en la Región Valenciana.

Vender Valencia es ahora más importante que sumarse a mayores designios imperiales con el norte del Ebro. Por eso en la Generalitat escuchan a los empresarios que les exponen sus temores ante lo que pueda pasar con el turismo, los camiones de frutas y los trasvases si sigue adelante el proceso soberanista. ¿Qué pasará con el Euromed que se pasa el día llevando catalanes y valencianos arriba y abajo?

¿Qué pasaría en la frontera de Tarragona con las naranjas? En los últimos años agricultores valencianos han plantado miles de hectáreas de naranjas en Tortosa y mucho más arriba. Hay agua, un clima parecido al de La Plana y grandes extensiones por cultivar. La naranja viaja a los almacenes de Castellón y Valencia y de ahí a la exportación. ¿Qué pasará si hay una frontera? ¿Dónde pagarán impuestos las naranjas?

¿Y la financiación autonómica? Catalunya es el agravio comparativo para la Comunidad Valenciana. Se lleva  más del 30 % del FLA y necesita mucho más. ¿Qué quedaría de la reivindicación valenciana si Catalunya se lleva la parte del león por aquello de acallar el proceso soberanista?

En medio de esta realidad política y económica no hay nadie que se atreva a enarbolar viejas reivindicaciones catalanistas, aunque la Generalitat de Artur Mas reparta buen dinero entre entidades culturales. No en vano Acció Cultural de Eliseu Climent es el alma mater de los Premios Octubre que dan la vitola al ensayo sobre la historia conjunta entre catalanes y valencianos.
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