La escandalosa retribución de los gerentes de las mutuas

28 de octubre de 2014 (00:00 CET)

En el año de 1900 se publicó en España una llamada Ley de Accidentes de Trabajo. Aquella legislación atribuía al empresario la responsabilidad objetiva ante el siniestro vivido por uno de sus empleados y le obligaba a indemnizarlo.

De aquella norma jurídica nacieron las llamadas mutuas de accidentes de trabajo, la evolución de unas entidades anteriores (que se remontan al siglo XII) y que se conocían como hermandades de socorro mutuo, montepíos y cofradías. Los patronos crearon unos sistemas de cobertura para atender sus responsabilidades legales antes los trabajadores que han llegado, con pocos cambios en su morfología, hasta nuestros días.

 
Lo que nació como un seguro para el empresario se ha convertido en una entidad parapública por sus funciones 


El principal cambio de estas organizaciones es que con los años han evolucionado su carácter de cobertura empresarial ante los accidentes a convertirse en un híbrido en el que toma cuerpo su papel asegurador y, finalmente, colaborador de la Seguridad Social en la gestión de determinadas cuestiones vinculadas a competencias públicas.

Casi 12,5 millones de españoles estamos cubiertos en nuestro trabajo diario por estas organizaciones. Aunque los números oscilan mes a mes, el total de empresas que dan cobertura son casi 1,5 millones. Si en sus orígenes las mutuas eran un seguro para el empresario, hoy son también un ente colaborador para el Estado, que le ha cedido competencias como el control de las bajas laborales, con objeto de reducir el absentismo, entre otras funciones.

De hecho, las mutuas, aunque de origen empresarial se sostienen de manera principal por su papel colaborador con el Estado. Es por esa razón que resulta del todo escandaloso los sueldos que perciben sus gerentes y que sobrepasan, de largo, los que se pagan en la función pública. Lo hemos revelado en las últimas horas y nadie ha dicho que eso sea incorrecto, ni tan siquiera inmoral. Si queremos que el país retorne a un espacio de normalidad institucional y atraviese con éxito la crisis política que vive en estos tiempos, la corrupción no sólo se supera con llevar a los más osados delincuentes a la cárcel. Arreglar algunos desfases retributivos como los que se producen en las mutuas y algún otro que se ha ido conociendo en los últimos tiempos sería un buen inicio.
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