La economía española a la espera de políticas sectoriales y ajustes finos

04 de noviembre de 2013 (18:45 CET)

Como ocurriera hace un par de años --dando credibilidad a un rumor ante la prensa internacional según el cual el PP estuvo a punto de provocar un golpe de estado--, el director de cine manchego, Almodóvar, se lanzaba en tromba semanas atrás contra el Gobierno. Denunciaba que "está castigando al cine español hasta que no quede nada de él", obedeciendo a "un riguroso plan de exterminio".

Dejando al margen las salidas de tono del cineasta más beneficiado por las subvenciones concedidas al cine español, las palabras de Almodóvar, enrabietado por las de un provocador ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, tienen un poso de verdad. Sobre todo, en la medida en que las subvenciones al cine están decreciendo en los últimos años como consecuencia de la crisis económica.

Pero, sin que esa caída de aportación de dinero público, unida a un incremento del IVA más que considerable (del 8% al 21%), haya sido sustituida por ninguna otra política, como la prometida Ley de Mecenazgo, lo que viene a demostrar una cierta improvisación y desgana en todo lo referente a políticas sectoriales de apoyo al crecimiento económico.

El propio secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, no ha tenido empacho en afirmar que la demora de la ley está dejando a nuestro país "en una anormalidad legal e institucional difícilmente explicable". 

Reclama la necesidad de la citada ley, sobre todo cuando, al mismo tiempo, "se vive en una situación de crisis, que está afectando gravemente a un tejido cultural creado bajo el diseño de políticas culturales muy deudoras también de la inversión pública".

Los gobiernos que se han tenido que enfrentar con la crisis, desde que ésta hiciera acto de presencia en 2007, han mostrado ciertas carencias a la hora de abordar políticas activas de ámbito sectorial. Éstas habrían permitido el desarrollo de actividades en sectores concretos, generando empleo y/o alto valor añadido, conscientes de que la construcción, en teoría, no volverá a ser la que fue.

Le costó al Gobierno de turno crear medidas fiscales que incentivaran la adquisición de vehículos nuevos como fórmula para detener la caída que experimentaba el mercado nacional del automóvil. Sólo cuando se pusieron en marcha los planes “renoves” y “pives”, se comprendió que se recaudaba en impuestos cantidades sensiblemente superiores a las destinadas a incentivar la compra de vehículos nuevos y muy superiores a los inexistentes ingresos fiscales que generaba un mercado átono.

Algo similar pasa con el cine y otros sectores productivos que, para tener futuro cierto, sólo necesitan la atención de un Gobierno demasiado preocupado hoy en día por las reformas macro y desocupado en atender nichos que, como el cinematográfico, podrían generar sustanciales ingresos fiscales y generar riqueza y Marca España.

Hasta el momento, y sin que existan cifras definitivas, todo parece indicar que se están cumpliendo los vaticinios realizados hace un año por exhibidores y distribuidores: la recaudación de Hacienda descenderá en casi diez millones de euros con la aplicación del IVA del 21%, se cerraran el 20% de las más de 4.000 salas existentes y se perderán más de 3.000 puestos de trabajo.

Recientemente, la ministra Báñez, en declaraciones públicas, señalaba que un Gobierno liberal como el presidido por Mariano Rajoy, sólo debía crear las condiciones necesarias para que la iniciativa privada desarrollara sus capacidades. 

Se desprendía de sus palabras que sólo mediante grandes políticas macroeconómicas podían tener remedio los males de muchos sectores económicos, demostrando, una vez más, que la falta de innovación es una constante de los políticos españoles, incapaces de modificar sus hábitos en la búsqueda de solución de nuevos retos.

Hoy, la creación de empleo, en la dimensión que España necesita, requiere de políticas y acciones que el Gobierno parece desdeñar y que se escapan del modelo tradicional que Gobierno, patronal y sindicatos han venido utilizando desde la noche de los tiempos y que ha dado un resultado más que cuestionable.

Como ya se demostró con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y su plan E, basado en lo más rancio del modelo keynesiano. Supuso la sustracción de las arcas públicas de 13.000 millones de euros destinados a obras improductivas, no todo reside en poner dinero para hacer rotondas, levantar aceras para volver a construirlas y encargar supuestas obras de arte con las que adornar los más recónditos rincones de la geografía española.

Han cabido en la historia, y siguen cabiendo, políticas sectoriales en donde además del ICO y el fisco, otro tipo de actuaciones tienen entrada. Y que, como en el caso del cine, necesitan de un tratamiento individualizado que permita a un sector inmerso en la cultura y tradición de la subvención pasar a otra del mercado.

Ignacio de la Torre, autor del celebrado informe Arcano sobre la economía española, pone énfasis en que algo está cambiando. Ese cambio viene demostrado, entre otras cosas, por el hecho de que en 2006 la relación entre crédito y PIB real se situaba en cinco a uno.

En 2014, probablemente, el crédito no subirá y el PIB lo hará en un 2,5% en términos nominales, lo que implica que el PIB el año próximo será de mucha mejor calidad que el de 2006. Todo esto significa que con menos crédito se pueden hacer más y mejores cosas y, además, crear empleo. La histórica ecuación se está invirtiendo, aunque desde nuestras administraciones se siga trabajando con los mismos clichés y el rasero de antes de la crisis.

Post-it


Dos Amigos es el título de una película dirigida y producida por Polo Menárguez, cineasta de 25 años que hasta ahora ha dirigido varios cortometrajes con proyección en numerosos festivales a nivel nacional e internacional. Pero, esta ópera prima supone su incursión en el largo sin ningún tipo de apoyo institucional y cuya producción fue casi un milagro.

Con apenas mil euros en el bolsillo y el apoyo de un reducido equipo de profesionales con grandes dotes para la improvisación, se ha conseguido culminar una película rodada al margen de los márgenes y que se selecciona en secciones competitivas de importantes festivales como el de Sevilla.

Es una película honesta y original, un reflejo o un manifiesto de hacia dónde puede encaminarse el cine low cost, y cuáles son las herramientas que se pueden aprovechar dentro de ese estrecho marco de producción.
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