La diferencia de estar en la nube o en las nubes no es una 's'

04 de febrero de 2014 (19:35 CET)

Desde hace ya un tiempo empresas y profesionales reciben reiterados avisos de la importancia de que sus datos abandonen los alojamientos tradicionales (algunos muy jóvenes todavía) como son discos duros, servidores y otros mecanismos físicos que incluso son menos habituales para el común de los mortales.

Al principio, los alojamientos de datos en la nube (cloud) parecían una especie de mecanismo de seguridad para que los usuarios informáticos pudieran disponer del fruto de su trabajo en un lugar a prueba de las averías de equipos. Siempre lo entendimos como tener una imagen reflejada en un espejo que garantizaba no quedarnos sin información valiosa por el mero hecho de que algún chip decidiera pasar a mejor vida.

Hoy, la nube ya es mucho más que todo eso. Los bancos ofrecen a sus clientes la posibilidad de llevar las contabilidades de sus negocios (pymes y autónomos) en servicios que se alojan en la nube y a los que se tiene acceso desde cualquier lugar del mundo a través de la mayoría de dispositivos de conexión disponibles.

 
El negocio básico de las empresas casi nunca es comprobar la temperatura de la sala de servidores

Las grandes empresas empiezan a comprender la necesidad de que su información sea accesible con sistemas sencillos desde todo el planeta y dedicarse a su negocio básico, que casi nunca es comprobar la temperatura de la sala de servidores.

Para tener más clara la importancia de esta tendencia hay que advertir de que el nuevo máximo responsable del gigante estadounidense Microsoft, Satya Nadella, ya no procede del área del hardware ni de la del software puramente, sino del ámbito de la nube. Sus máximas contribuciones a la empresa de Bill Gates y Steve Ballmer proceden justo del negocio cloud.

Estar en la nube, por tanto, ya no será una actividad propia de pioneros, sino un servicio habitual que comercializarán los grandes competidores mundiales del negocio tecnológico. No estar allí, en ese nuevo espacio que emerge como el relevo del actual, será estar en las nubes. Como sucedió con los primeros ususarios refractarios de los cajeros automáticos, de los telefónos móviles, de Internet... hoy costumbres abrazadas por la mayoría de la población occidental.

Quedarse fuera de ese nuevo uso tecnológico será en comparación como estar en la luna de Valencia, que diría algún castizo. Esa 's' de diferencia es un salto en el tiempo y en la alfabetización digital que no conviene perderse, ni en las empresas ni los particulares.
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