La debacle publicitaria azota a los medios informativos

15 de noviembre de 2013 (23:40 CET)

El desplome de los ingresos publicitarios que perciben los medios de comunicación arroja cifras demoledoras. La mengua prevista para el año en curso es del orden de un 10%, lo que significa que desde 2007 la recaudación se ha reducido a la mitad y ha pasado de 7.000 millones a poco más de 3.500 millones de euros.

Ningún negocio mediático se salva de la caída, sean periódicos de información general, deportivos, revistas de todo género, radio y televisión. Con todo, el renglón peor parado de semejante desastre es el de la prensa, que el año pasado experimentó un batacazo del 21%. Dado que los anuncios son la principal fuente de la que beben los medios, queda dicho que la situación de éstos se ha tornado angustiosa.

El desmoronamiento se ha traducido en el cierre de docenas de periódicos y revistas --tanto en papel como digitales--, radios y televisiones. Se ha comprimido así de forma considerable la pluralidad informativa, uno de los basamentos sobre los que se asientan las democracias.

Hoy cuesta Dios y ayuda encontrar un rotativo que gane dinero con limpieza, es decir, sin recurrir a las mordidas que les proporcionan algunas administraciones, en particular la catalana. La cuenta de resultados de los grandes grupos madrileños, Prisa-El País, Unedisa-El Mundo, Vocento-ABC y Planeta-La Razón nadan desde hace tiempo en un océano de tinta roja, sin visos de mejora a corto plazo.

Los catalanes Godó-La Vanguardia y Zeta-El Periódico de Catalunya resisten a duras penas, pese a estar apuntalados por las caudalosas ayudas pecuniarias que les prodiga sin cansancio la Generalitat, ya sea mediante la inyección directa de fondos de los presupuestos, la compra de decenas de millares de copias o la inserción de espacios de propaganda y autobombo.

Así, La Vanguardia se está transformando a pasos agigantados en un diario gratuito. Desde hace tiempo, el diario de Javier Godó se puede encontrar de balde en los trenes de Renfe y Ferrocarriles de la Generalitat, en el aeropuerto de El Prat, los ambulatorios, el Zoo, el Tibidabo, o las universidades. Por supuesto, todo ello no sale de bóbilis bóbilis. El coste lo sufraga el gobierno de Artur Mas, con dinero de los contribuyentes. Así se explica en buena parte el derrumbe de las ventas de La Vanguardia en quiosco, que según algunas fuentes han caído últimamente un 25%.

Recomposición de Zeta

Por su parte, Grupo Zeta, el otro gran órgano periodístico catalán, que también se beneficia a manos llenas de los auxilios oficiales, ha estabilizado recientemente su salud financiera gracias a la refinanciación de un crédito de 117 millones de euros con una batería de entidades capitaneada por Caixabank.

El acuerdo se suscribió el pasado julio y le otorga plazos más cómodos para devolver su deuda, que se alargan hasta 2018. A la sazón, los gestores de la empresa ya habían confeccionado las cuentas consolidadas correspondientes a 2012. Pero las reformularon rápidamente tras los pactos con la banca, a fin de reflejar sus beneficiosos efectos.

Las actividades de Zeta se centran en periódicos, revistas y libros. En el primer apartado publica Sport, El Periódico de Catalunya, El Periódico de Extremadura, El Periódico de Aragón, Mediterráneo (de Castellón) y El Diario de Córdoba, entre otros. En revistas, imprime Interviu, Tiempo, Woman, Cuore, Primera Línea, Viajar, etc. En cuanto a sellos editoriales, posee Bruguera, Vergara, Ediciones B, B de Books y B de Bolsillo.

Desde luego, los cobros de Zeta por publicidad no dejan de verse dañados con dureza por la caída general, pero la empresa asegura que el impacto es de bulto inferior al que sufren sus competidores. En todo caso, el giro consolidado de Zeta mermó el pasado ejercicio de 262 a 229 millones. El recorte es espectacular si se considera que en 2007, antes de la crisis, la facturación se situaba en 430 millones.

Tras contabilizar subvenciones por valor de 1,1 millones, la rúbrica final del balance se saldó con una pérdida de 1,3 millones, frente al beneficio de 3,7 millones declarado el año anterior. Semejante quebranto ha hecho que los recursos propios se reduzcan a 23 millones. A su vez, la plantilla ha bajado de 1.520 a 1.446 personas.

Grupo Zeta está presidido y tiene de accionista casi absoluto a Antonio Asensio Mosbah, hijo del fundador Antonio Asensio Pizarro. En el consejo de administración se sienta en calidad de vocal Juan Llopart, ex alto directivo de La Caixa, muy cercano a Isidro Fainé, que años atrás empuñó la batuta de Zeta para sacarla del atolladero.

El fundador de Zeta, Antonio Asensio, marcó varios hitos durante los años de la transición. Cuando apenas contaba 29 años, de la mano de sus socios Jerónimo Terrés, de 33 años, y Javier Salvadó, de 36, dio en constituir una batería de empresas editoras.

Arrancando de cero, en 15 meses se situó como líder del país en ventas, con 2,5 millones de ejemplares semanales, cota que no había alcanzado nunca antes ningún grupo periodístico español. A esa expansión vertiginosa contribuyó sobremanera la edición de revistas de corte erótico, hasta entonces prohibidas, como Lib, Interviu, Play-Boy y Penthouse. Asensio falleció prematuramente en 2001.

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