La cuadratura del Círculo (de Economía)

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19 de febrero de 2011 (11:43 CET)

¡Qué afición tiene este país a la verbena! Sea política, económica, financiera… siempre tenemos una en ciernes. Es una deriva permanente, una necesidad de lío constante. Y, como no podría ser de otra manera, con nuestro habitual empeño para hacer las cosas, verbigracia silencio y oscurantismo, que empieza a convertirse en otro principio diferencial de los catalanes allende los mares.

Esta semana nos tocó cuadrar un círculo, el de Economía off course. Semana de pasión y conspiraciones de salón. Que si quítate tú que me pongo yo, que si la tradición, que si usos consuetudinarios, que si la abuela fuma, etcétera. Día sí, día también. Salvando distancias y otras diferencias básicas, lo del Círculo me ha interesado tanto como el debate entre Javier Cercas, Arcadi Espada y Francisco Rico a propósito de las luces y las sombras de la literatura, las honestidades profesionales y otras menudencias de periodistas y otra gente de mal vivir.

Lo del Círculo de Economía (o Cercle), que jamás hemos podido consensuar una denominación única, tiene su miga, pero es interesante como muestra de lo que podrá venir. La Catalunya influyente sin carnet político se disputa cómo se organizará la orquesta en los próximos tres años, quién llevará la batuta y, más o menos, qué repertorio habrá que tocar.

El Círculo fue de esas entidades capitales en la construcción de la democracia catalana. Hoy, su influencia es radicalmente distinta. De entrada porque ya no hay un único club de pensamiento alrededor de la economía y la política. Hay uno por pueblo, o casi. A Catalunya le pasa eso: se inventa la patronal española o la reinventa y es incapaz de unificar las locales, que cada día son más y más atomizadas. En la política, acontece otro tanto: ¿quieres independentismo? Pues toma ración triple: deberás elegir entre versión Laporta, Carretero o Puigcercós y si no te gusta ves a quejarte a las CUP...

Esa administración de las cosas al estilo de la comunidad de vecinos cabreada con el del 5º 1ª que hace ruido, el del 3º 2ª que deja caer agua y el del 1º 1ª que sube en ascensor y con perrito, esa administración del país insisto nos lleva a espectáculos como los del Círculo de las últimas semanas o el vivido en Foment del Treball el pasado otoño. Mientras su presidente Juan Rosell estaba a punto de tocar el cielo del empresariado español (que, es obvio, tanto interesaba a las empresas catalanas), en Barcelona hubo unos cuantos dispuestos a complicar en clave interna el objetivo mayor.

Ese es el papel jugado por Ángel Simón, presidente de Aguas de Barcelona propiedad de los franceses y un poco de La Caixa, en este berenjenal del Círculo. Del citado Simón, pero también de Salvador Alemany, que de personaje que vivía en la zona templada de la sociedad catalana, y a fuerza de coqueteos políticos y conspiraciones de pasillo, parece haberse mudado a la Casa Gran de Catalunya, donde los vecinos acostumbran a ejercer con iguales (pocos) modos a la hora de marcar perfiles y defender territorios.

Josep Piqué es el ganador de la batallita de salón. Ni el apoyo que la prensa influyente entre la burguesía le prestó a Simón; ni las conspiraciones de algunos entornos socialistas que se lanzaron prestos a alertar sobre su regreso como un desembarco del PP en Catalunya por la vía económica; ni tan siquiera los esfuerzos de Alemany por dejarlo todo atado y bien atado, ni tan siquiera eso ha impedido que Piqué, el rival a batir, se imponga como el próximo presidente del Círculo de Economía a partir del 3 de mayo, un día en el que se parodiarán unas elecciones entre los 1.400 socios de la institución económica con candidato único.

“Catalunya es plural”, dijo un expresidente del Círculo al salir de la comida celebrada en casa de Artur Suqué en la que se fabricó la fumata blanca. El colegio cardenalicio había debatido, especulado y hasta ironizado con nombres, posibilidades y otras gaitas. Fue un parto algo más intenso que de costumbre, pero pesó la tradición, la liturgia y los equilibrios internos. Se había cuadrado el Círculo, y se había cuadrado a algunos del Círculo que quizá pensaban que ese característico, selecto y singular club de opinión barcelonés puede manipularse con la prensa a favor, un par de llamadas y algo de mala intención.

Esos se equivocaron, como la paloma, que también se equivocaba.
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