La crisis de la prensa de papel no hace presagiar nada bueno

09 de junio de 2014 (20:45 CET)

El escenario de los grupos de comunicación españoles --rama prensa escrita-- es estremecedor y los últimos resultados conocidos no permiten albergar demasiadas esperanzas. La crisis de la prensa escrita es pavorosa como consecuencia de una considerable caída de lectores, una descomunal mengua de la tarta publicitaria, un errático comportamiento del mundo digital y la acumulación de costosos errores cometidos en el pasado.

Vocento perdió en los tres primeros meses de este año 6,4 millones de euros. Y aunque reduce las pérdidas en 1,3 millones con respecto al mismo periodo del año pasado, llueve sobre mojado. Pese a las mejoras de 2013, los ingresos de explotación en periódicos se sitúan en 428,6 millones, el 9,6% menos que en 2012. En definitiva, Vocento tuvo unas pérdidas en 2013 de 15,1 millones de euros, cifra inferior a los 53,3 millones del año anterior.

Y como sea que en el mundo de ciegos, el tuerto manda, Vocento se consuela señalando que, desde el punto de vista financiero, el grupo editor de ABC obtiene datos mejores que sus competidores como lo demuestra el hecho de que la deuda financiera neta a marzo de 2014 se situaba en 157 millones de euros. Lo que motivó que hace unos meses la editora firmara un préstamo sindicado de 175 millones a cinco años para refinanciar su deuda. El ebitda de Vocento supera los 36 millones de euros.

Para intentar buscar una solución a esa delicada situación, se ha producido recientemente un cambio al frente de su consejo de administración, lo que abre la puerta a distintas operaciones entre las que aparece en lugar prominente posibles fusiones del diario monárquico con otros diarios de centroderecha. El nuevo presidente, Rodrigo Echenique y sus valedores, las familias Urrutia, Bergareche y Castellanos, han tomado las riendas de un grupo de medios siempre convulso y que puede consagrar el segundo fracaso de los vascos por hacerse con un hueco en el sector mediático madrileño que es lo mismo que decir nacional.

Nada en Vocento parece ser definitivo y desde que en noviembre de 2006 se firmara un pacto de sindicación de acciones --coincidiendo con su salida a bolsa-- en el que participaron las familias Ybarra, Bergareche, Urrutia, Careaga, Castellanos y Lamoine, el sosiego en el consejo de administración no existe.

Los expertos consideran que con la presencia de Castellanos como parte de la solución en la búsqueda de una salida airosa al grupo. Se asegura un proceso complejo pero viable en la medida en que todo tipo de operaciones son posibles, en tanto en cuanto no se puede olvidar que fue él el que propició la compra del grupo Recoletos por Unedisa. Esta operación reportó suculentos beneficios que muchos entienden que fue el comienzo de la fuerte crisis del grupo mediático liderado por El Mundo.

Si esa es la situación de Vocento, la de Prisa alcanza niveles pavorosos y solo la intervención de acreedores como Santander, la Caixa, HSBC o Telefónica, capitalizando deuda, impide que la editora del rotativo entre en causa de disolución. Dos datos enmarcan y reflejan la situación del grupo periodístico en la actualidad: en 2013 registró unas pérdidas de 648,70 millones de euros, lo que supone el 154,4% más que en 2012 y al cierre del último ejercicio, la deuda neta total ascendía a 3.227 millones de euros, 144 millones más que un año antes.

Menos bolillos, en el grupo Prisa han hecho de todo para tratar de enderezar su imposible situación financiera. De ello dan fe desde el fondo buitre estadounidense Liberty, que salvó al grupo de la quiebra inyectando 650 millones de euros en 2010, hasta las grandes entidades financieras y de telecos entrando en su accionariado, pasando por planes de refinanciación con otros dieciséis fondos buitre y nueve bancos.

Resultado: una abigarrada estructura accionarial que dificulta cada vez más la composición del consejo de administración y un plan de venta de activos que promete dejar al otrora potente imperio Polanco en casi nada.

En 2012 todas las empresas de Unidad Editorial (Unedisa) estaban en pérdidas, incluidas las anteriormente tan rentables como El Mundo, Marca y Expansión. El resultado de explotación del grupo que preside Fernández-Galiano fue en 2012 de 32 millones de euros negativos, y el resultado antes de impuestos registró también unos números rojos de 69 millones. La pérdida final del grupo editor, registrados los deterioros de activos por los malos resultados continuados de las distintas cabeceras, se han elevado a 511 millones.

Al 30 de septiembre de 2013 Unedisa presentaba un resultado de explotación negativo de 7,6 millones --1,5 millones más que en el mismo período de 2012--. Es decir, un deterioro del 24%.

Y no es lo peor los resultados de Unedisa, sino la proyección de estos en los resultados de la matriz, la italiana RCS, que es la que a la postre ha provocado la salida de Pedro J. Ramírez de la dirección del periódico. Las cifras manejadas, son potentes y se resumen en el hecho de que RCS ha perdido el doble (53,9 millones) de lo que hubiera perdido si no hubiera tenido que soportar las pérdidas de El Mundo.

Hoy los italianos quieren soltar lastre pero no parece que éste sea el mejor momento para que el diario dirigido por Casimiro García Abadillo pueda refinanciar su deuda, hacer frente a las deudas y cumplir con un plan de negocio que asegure su viabilidad.

Quedan cabos sueltos en el escenario, algunos de ellos con la posibilidad de convertirse en protagonistas de la obra y en ese capítulo entran en escena los dos grandes medios escritos catalanes --La Vanguardia y El Periódico-- cuya situación económica no es fácilmente descriptible por mor de las ayudas de origen político que reciben. Aún así, el diario del Grupo Zeta aparece siempre en las quinielas en el punto de mira de Javier Moll, editor del Editorial Prensa Ibérica, que de vuelta de Australia para ocupar la presidencia del Instituto de la Empresa Familiar y convertirse en el último invitado al Consejo Empresarial para la Competitividad, parece dispuesto a llegar a un acuerdo con Asensio Jr. para incorporar al diario catalán a su grupo de rotativos regionales.

Con este escenario, las soluciones no parecen fáciles y en todas ellas aparece la larga mano del gobierno, cuyos más altos representantes han tenido desde siempre una especial intervención: bien para suprimir la publicidad de la televisión pública y entregársela en bandeja al oligopolio privado, bien para ayudarles a resolver los derechos derivados de la existencia de internet, bien para encontrar otro tipo de ayudas como ocurre en otros países de nuestro entorno.
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