La corrupción que empobrece

26 de octubre de 2012 (09:51 CET)

La corrupción y la falta de transparencia son epidemias mundiales en la gran mayoría de países y es una de las causas de muchos levantamientos como los de Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Siria y de la ola de indignación, crisis social o falta de credibilidad política en muchos países desarrollados.

No cumplir las leyes, ni rendir cuentas ante tribunales sometidos a chantaje y presión de los gobernantes, las mafias u otros grupos de presión, significa consecuencias desastrosas sobre el empleo, la riqueza y el futuro de un país. En los estados totalitarios se suelen adaptar las leyes a los intereses de la élite, generalizando la corrupción en sus diversas formas, desde el soborno y el robo de dinero público y los recursos naturales, el favoritismo, y otros devorando las instituciones oficiales y no oficiales

De acuerdo a los datos de la Organización de Transparencia Internacional, en su informe sobre corrupción mundial, numerosos países árabes son los más corruptos del mundo: Irak, Sudán, Libia, Yemen, Siria, Argelia, Egipto. En todos estos casos, numerosas organizaciones han denunciado durante décadas esta enfermedad y han exigido eliminarla dentro de las estructuras políticas y económicas. Pero solo habían conseguido que el poder haga pequeñas operaciones de cirugía plástica para embellecer y no extirpar el mal de sus estructuras.

Es impactante como, durante las últimas tres décadas, estos líderes y gobernantes árabes incluían en su discurso como agenda prioritaria la lucha contra la corrupción con resultados decepcionantes. Los pueblos de la primavera árabe tienen hoy muy presente como sus jefes, gobernantes y generales se han enriquecido utilizando fondos públicos, y como han trasladado activos a los bancos occidentales.

Los actuales marcos políticos en Túnez, Egipto, Libia y demás países, heredan un grave problema de transparencia en los asuntos públicos, con estructuras que basan su poder en el monopolio de unos pocos interesados en debilitar la ley y en la ausencia de justicia. Es peligroso que los nuevos funcionarios tomen el mismo camino de sus predecesores.

Según el Grupo Regional Anticorrupción, la corrupción persistente, los sobornos, el favoritismo, la compra de créditos, abuso de autoridad y otros delitos financieros, han costado en los últimos 30 años, en seis de los países de la primavera árabe más Irak, unos 300.000 millones de dólares. Dinero que podría haber aumentado el ingreso per cápita de sus ciudadanos, reforzar la luchas contra la pobreza y hubiera permitido la autosuficiencia en alimentos y agua.

Transparencia Internacional calculó que la corrupción en Italia cuesta a sus contribuyentes alrededor de 60.000 millones de euros cada año. España es menos corrupta que Italia pero más que Estados Unidos, Chile o Uruguay. Según la percepción de sus ciudadanos, España no es un país muy corrupto, ocupa el puesto 31 en transparencia aunque desde 2004 ha ido cayendo en el ranking del 23 a 31 actual.

La corrupción sigue siendo uno de los mayores retos a los que se enfrentan la Unión Europea (UE) y la mayoría de países del mundo. Si bien la naturaleza y el alcance de la corrupción varían entre unos y otros, en la UE, el conjunto sale perjudicado, por la reducción de los niveles de inversión, por la obstaculización que supone para el funcionamiento correcto del mercado interior y por su impacto negativo sobre las finanzas públicas. Se calcula que el coste económico que supone la corrupción alcanza a unos 120.000 millones de euros por año. Se trata del 1% del PIB de la UE y equivale prácticamente al presupuesto anual de la Unión Europea. Mientras el Banco Mundial estima que la corrupción originó la pérdida del 9% del PIB mundial.

Decía Benjamín Franklin: "A medida que las naciones se hacen corruptas y viciosas, aumenta su necesidad de amos". Pero hay que evitar los amos y salvadores Por ello, el desarrollo de la legislación y los mecanismos para favorecer la eficacia y la transparencia, y evitar que se extienda la corrupción, deben ser la motivación más fuerte para los nuevos sistemas políticos que salen de las revoluciones o las protestas árabes, o de los movimientos civiles indignados en occidente y otros zonas del mundo...
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