La comisión de la zapatilla

03 de marzo de 2015 (00:00 CET)

En Cataluña tenemos un teatrillo de pueblo llamado comisión de investigación sobre el fraude y la evasión fiscal (un nombre eufemístico que evitaba llamarla comisión del caso Pujol). Por ella están pasando, al completo, los miembros de la familia del que fuera presidente de la Generalitat durante largo tiempo. Son los visitantes más interesantes que ha tenido esta feria.

La esposa y varios de los hijos de Jordi Pujol cometieron fraude fiscal. Se escaparán del delito gracias a que, pese a largos años de engaño, regularizaron su posición ante Hacienda justo antes de que ningún juez les acusara por delito tributario. Aquella maniobra permitió eludir una condena severa y, con mucha probabilidad, les convertirá en unos apestados políticos, pero jamás en unos delincuentes, aunque durante años obraran como tales.

Con la familia Pujol, Fernández ha tenido un trato exquisito, como si les rindiera pleitesía


David Fernández, diputado de las CUP, es el presidente de la comisión. Fue el político que llamó "gángster" a Rodrigo Rato, entonces presidente de Bankia, cuando compareció en una comisión similar. Representante de los movimientos cívicos y sociales, de la esencia del 15M, Fernández acude en camiseta, su indumentaria habitual, al Parlament. De esa guisa levantó su zapatilla el día que Rato participó y amenazante dictó sus sentencias políticas, que entre otras lindezas incluían el epíteto antes referido.

Con la familia Pujol, Fernández ha tenido un trato exquisito, como si les rindiera pleitesía, rayano en el servilismo. En ningún momento ha alzado la voz ni el tono monocorde y susurrante de sus intervenciones. Ni tan siquiera cuando Jordi Pujol Ferrusola detalló ante los diputados la lista completa de coches de lujo y sus características técnicas. No debió parecerle una burla al Parlament.

Fernández creerá, seguramente, que su papel institucional pasa por encima de su perfil político. Tanto abrazo con el presidente Artur Mas, que diría alguno, no puede ser bueno. Que critique la autoridad, se le supone; que no tenga ninguna ante los comparecientes ha sido, en cambio, un descubrimiento.

Ojalá que la actitud del líder de las CUP sea sólo un desequilibrio más de cuantos vivimos en Cataluña


A la gran mayoría su actitud no nos defrauda, como tampoco nos pareció más que una grosería el numerito de la sandalia con Rato. Con su pan se lo coma. Ya se sabe aquello de que cuando las proximidades son altas, la capacidad de análisis se reduce. Fernández debiera saberlo al menos en su condición profesional de periodista. Jamás se le ocurrirá llamar la atención a uno de ellos, porque aunque sus actitudes rocen la sinvergonzonería, los Pujol serían nuestros sinvergüenzas; no como Rato, por ejemplo.

Decía el poeta Goethe que el cobarde sólo amenaza cuando está a salvo. Ojalá que, por el bien del Parlamento catalán, de su soberanía, de su transparencia y finura democrática, la actitud (o no actitud de Fernández, amparada en el ejercicio del poder que jamás tuvo en otro ámbito) sea sólo un desequilibrio más de cuantos vivimos en Cataluña. Antes lo fueron las comisiones de investigación de las cajas de ahorros, Spanair, el 3%...

La comisión de la zapatilla no es más que un nuevo espejismo político que quienes abogan por darle la vuelta al sistema se están tragando sin guarnición.
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