La cohesión social en Cataluña ahora

25 de septiembre de 2014 (20:15 CET)

"Cataluña, un solo pueblo". Ésta era la principal consigna que, en la pre-democracia, el PSUC impuso con su hegemonía entre la oposición democrática y en la sociedad catalana. Posteriormente se convirtió en una frase definitoria de la Cataluña de la transición y de la democracia: "Es catalán quien vive y trabaja en Catalunya". Esta voluntad de unidad del pueblo ha conseguido ser durante mucho tiempo algo asumido por la ciudadanía. El deseo de impedir la división entre los catalanes de origen y los "otros catalanes", como los definió de forma acertada Paco Candel, fue una opción de la izquierda catalana que ha sido y se mantiene hegemónica en la sociedad catalana y ha permitido en gran medida su cohesión social y nacional.

En la misma línea fue una propuesta de la izquierda, también especialmente del PSUC y de gente socialista, como la pedagoga Marta Mata, la que impulsó la política de inmersión lingüística. Por mucho que no se recuerde ahora, la gente de Jordi Pujol era más partidaria de crear dos redes escolares, una en catalán y otro en castellano. Finalmente la inmersión lingüística consiguió el pleno consenso político. El objetivo por el que la izquierda lo planteó era evidente, evitar la creación de dos comunidades diferenciadas, como sucedió en gran medida en el País Vasco. La inmersión ha sido un acierto y un éxito que ha permitido, no sólo el aprendizaje del catalán y el castellano, sino la propia convivencia social y la plena integración, incluso en los últimos años con la novísima inmigración procedente de terceros países.

Las fábulas y teorías sobre la existencia de un problema lingüístico en Cataluña ha sido una "leyenda urbana" externa. Se ha hablado mucho del tema fuera de Cataluña, en determinados círculos fundamentalmente de la derecha española del PP, que no ha calado en ningún momento en territorio catalán y que no ha tenido prácticamente eco en su sociedad. Incluso con los intentos de los últimos años del PP de introducir políticamente el tema, su eco dentro de la sociedad catalana ha sido prácticamente nulo. No ha habido un problema de cohesión social en Cataluña derivado de la lengua.

No hay duda de que durante mucho tiempo la derecha española ha intentado crispar la sociedad catalana sin éxito. La sociedad catalana no ha tenido ningún problema especial, salvo los normales en toda relación política, en su relación con el Estado, y la prueba más evidente ha sido la escasa incidencia del independentismo durante muchos años. La política de la derecha catalana de Pujol del "peix al cove” (pájaro en mano) la situó como acompañante permanente de todos los gobiernos del estado, tanto del PSOE como del PP.

El deterioro de la relación y la desafección de una muy amplia mayoría de la sociedad catalana tiene un origen: el trámite del nuevo Estatut de Catalunya, impulsado por el Gobierno tripartito de izquierdas, y contra el que la derecha española, con el PP a la cabeza, lanzaron una campaña especialmente virulenta que terminó con la impugnación del Estatuto ante el Tribunal Constitucional. La sentencia que recortó un texto refrendado por el pueblo de Cataluña provocó una verdadera ruptura en las relaciones con España. A la actitud beligerancia del PP hay que sumar la actitud pasiva, ante estos ataques, por parte del PSOE y el Gobierno de Zapatero.

Los culpables últimos de la actual situación política en Cataluña hay que buscarlos en aquella actuación sectaria y electoralista del PP. La frustración, la desafección, el centrar los principales ataques del nacionalismo español en ERC, dio alas a esta formación y al independentismo, frente a una posición federalista que siempre había sido ampliamente mayoritaria en la comunidad.

Esta situación inicial y la crisis económica posterior son responsables de que una gran parte de la sociedad catalana se haya ido radicalizando, últimamente, hacia posiciones independentistas.

Los últimos gobiernos de Mas y CiU han hecho una política de recortes sociales que han sido las primeras y de las más radicales aplicadas dentro del Estado español. Sus políticas han afectado de forma grave a la cohesión social pero el Gobierno de CiU, con el apoyo de ERC, han derivado toda la responsabilidad sobre el Estado al que responsabilizan de todos los aspectos negativos de unas políticas que hay que remarcar han llevado a cabo por convicción propia.

A la crisis que sufre la sociedad catalana, similar a la del resto de España, se añade un alto grado de desafección respecto a un Estado al que se responsabiliza de no respetar la voluntad del pueblo catalán después del Referéndum del Estatut, previamente aprobado por la soberanía catalana, del Parlamento, y la española, de las Cortes.

Este es el cultivo que Mas y sus acólitos utilizan para agrandar un imaginario colectivo, difundido hasta la extenuación por los medios públicos del Gobierno de CiU, donde aparece una Cataluña agraviada por el Estado, y que se plasma en dos conceptos: "no nos quieren" y "nos discriminan". Todo esto además alimentado y justificado pon las actuaciones sectarias del Gobierno del PP en temas como la lengua y la educación.

A partir de esto se crea un único tema de debate mediático y político en la sociedad catalana que margina todos los demás. Así "el debate nacional" reduce a un segundo término "el debate social". En la agenda política y social parece como si sólo hubiera un tema de debate, impuesto a través de los medios de comunicación, especialmente públicos, el debate territorial. Todos los otros temas de carácter social son reducidos a un carácter marginal, no hay forma de que sean noticia, ni los recortes en sanidad, educación, o el problema del paro, ni siquiera consiguen relevancia las movilizaciones sociales, mientras desde los mismos medios se ultramagnifican, cuando no se convocan descaradamente,las movilizaciones sobre el tema nacional. El tema nacional domina los medios, y ya sabemos que lo que no es noticia, especialmente televisiva, no existe.

En la sociedad catalana hay un amplio consenso respecto a la necesidad de establecer una nueva relación con el Estado que permita superar lo que significó el recorte del Estatut. También hay un amplio consenso en que el actual "impase" sólo podrá ser superado por una solución que, como en el caso del Estatut, sea refrendada por el voto de la ciudadanía catalana, lo que se ha dado en denominar "el derecho a decidir” o “la consulta”.

Pero hoy las fuerzas hegemónicas en Catalunya representantes de este pensamiento nacionalista en lo territorial y conservador en lo social, no dudan en tergiversar los conceptos. Así sus poderosos medios tergiversan e identifican "derecho a decidir" con "independencia". Es una situación que nos recuerda la vivida en la larga etapa del pujolismo cuando éste en su discurso identificaba como sinónimos los términos "Cataluña" = "CiU" = "Pujol".

Ahora llevamos casi dos años de continua propaganda institucional que vende todo un ideario supuestamente "histórico" y "indiscutible" sobre los derechos históricos de Cataluña. Ya no se habla de la Cataluña real, la que existe con sus necesidades y sus agravios nacionales y sociales, sino de una Cataluña "idealizada" donde lo más importante es el supuesto derecho al "ideal de nación eterna" siempre subyugada. Se vuelve a un juego donde una nación ideal, fruto de una historia recreada en torno al mito de 1714, suplanta la sociedad catalana real.

Se enfrentan dos ideas imperantes propias de los dos nacionalismos hegemónicos, el nacionalismo español en manos de un Gobierno del PP intolerante y sectario, y el nacionalismo catalán más radical utilizado por el Gobierno de la derecha conservadora de CiU con el apoyo de ERC. Todo ello con una falta de planteamientos desde un desconcertado socialismo español y catalán que juega un papel vacilante y poco definido. Y una situación minoritaria de la izquierda alternativa, que tanto en España como en Cataluña trata de defender el razonable "derecho a decidir" con la necesidad de buscar una salida racional, pero con poco eco mediático y carente del apoyo de los socialistas para crear un polo fuerte dentro de los partidarios del derecho a decidir.

Por primera vez se da una verdadera pérdida de cohesión social dentro de la sociedad catalana, como también se da en la española, derivada fundamentalmente de una crisis especialmente económica y social, y de las políticas de austeridad practicadas. Crisis que también es territorial, política e institucional. Nos encontramos en una situación donde la racionalidad parece no tener lugar, donde la razón es asaltada por la irracionalidad. Estamos en un peligroso momento en que los nacionalismo de ambas partes pueden imponer un "choque de trenes", sin tener en cuenta su coste social.

Podemos afirmar que "el debate nacional" aún no ha creado ninguna fractura importante en la sociedad catalana y que la rotura de la cohesión es, hoy por hoy, la derivada de la crisis económica y las políticas de recortes. A pesar de todo no se puede ocultar que empiezan a aparecer los primeros síntomas hasta ahora desconocidos de intolerancia e intransigencia en la sociedad catalana.

No hablamos de la intolerancia permanente del Gobierno del Estado y su falta de políticas de diálogo para resolver un problema político. Cabe señalar también que no hablamos de la respuesta normal a la intolerancia que llega proveniente del PP y del Gobierno del Estado. Hablamos de los primeros síntomas de intolerancia y de presión social dentro de Cataluña, que se dan desde sectores partidarios del independentismo y que casualmente no van dirigidos hacia la población castellanohablante, quizá por condescendencia al considerar que es normal que no estén por la independencia, sino hacia los catalanoparlantes, sean socialistas o incluso partidarios del "derecho a decidir", que no apoyan las tesis independentistas, y a los que se les empieza a negar su catalanidad. Esto es un hecho nuevo que se empieza a percibir y que hace que en determinados sectores y / o territorios mucha gente no se atreva a expresar su propia opinión. Incluso se da el caso de gente que bajo la presión social del entorno participa en actos que tienen una finalidad diferente a la de su opinión personal. La progresión de situaciones como estas, de no detenerlas, podrían conducirnos hacia una división y ruptura social poco deseable.

Es imprescindible que al margen del recorrido que pueda tener la "consulta" y el "debate nacional" vuelva a salir con fuerza la prioridad del "debate social" que es el que plantea los problemas que afrontan las clases populares con la necesidad de alternativas a los problemas reales del paro, la sanidad, la educación, la vivienda, la dependencia y tanto otros que son la prioridad de las personas, como contrapunto a la situación unidimensional creada por aquellos, que como el PP y CiU, ya les está bien que no se hable de los problemas concretos.
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