La clase política no resolverá nunca esta crisis

04 de junio de 2012 (08:27 CET)

La broma fácil dice de los políticos que encuentran problemas donde hay soluciones. Bien es verdad que hay problemas que son irresolubles. Y en esta crisis no hay nadie que tenga la varita mágica para hacer que todas "las cosas vuelvan a ser cómo antes". Posiblemente porque "cómo antes" era una ficción en la que todos nos habíamos puesto de acuerdo en no preguntar nunca: "¿Y esto quién lo paga?"

Desde mi punto de vista pedir a los políticos que nos saquen de esta crisis económica es pedirle peras al olmo. Veamos porqué:

En primer lugar porque la economía es un sistema dinámico complejo que tiene interacciones no lineales: los tipos de interés modulan la tasa de inversión y esta influye en la ocupación. La tasa de paro determina los ingresos públicos y el déficit presupuestario influye en el déficit comercial. La balanza por cuenta corriente empuja la cotización de la moneda y los tipos de interés... La confianza del inversor puede impulsar el Ibex 35... y la desconfianza lo hunde. Cualquier cambio en alguna de estas variables influye en el resto, y no se pueden aislar unos cambios de los otros.

Todo interacciona una y otra vez. Sólo hay que ver lo que decían los expertos mundiales del principal foro económico del Mundo: Davos 2008, Nouriel Roubini, economista de la New York University, decía que "la recesión durará un año". Jerry del Missier, presidente de Barclays: "La gran cantidad de derivados que tenemos hace imposible una catastrófica cadena de quiebras" .

La economía es impredecible. Y si los expertos económicos mundiales son incapaces de saber qué mal tenemos, todavía es más difícil acertar la medicina adecuada y ya no digamos la dosis correcta. El problema es que todavía nos creemos a los políticos que dicen que lo resolverán. ¡Y los votamos!

El segundo handicap que tienen los partidos políticos es su financiación. Los partidos son unas enormes maquinarias electorales que necesitan grandes cantidades de dinero. Ni las cuotas de los militantes, ni las subvenciones públicas son suficientes para hacerlos funcionar. Esta puerta queda abierta a las donaciones o a los préstamos, que acaban teniendo la mismo influencia.

¿Por qué ahora mismo no hay nadie que ponga en vereda la banca? Porque la financiación de los partidos ha recaído mayoritariamente en las entidades financieras, o en las constructoras y concesionarias vinculadas a ellas. A los políticos los votamos nosotros, pero para que sea votado un político necesita ser conocido, y esto implica millones de euros en publicidad y difusión.

El tercer gran problema que tienen los políticos son los mandatos. Si bien parece razonable que las legislaturas duren un máximo de 4 años, también es cierto que algunas estrategias necesitan horizontes más amplios. A veces a ellos les toca tomar decisiones que sufrimos hoy (como por ejemplo aquellas que afectan al cambio climático) y de las que veremos las consecuencias de aquí a 15 o 30 años... Cuando esta persona, a buen seguro, ya no ocupará esta responsabilidad. Además, tampoco es un buen cierto esto de los 4 años, puesto que recientemente hemos visto como algunos gobiernos condicionaban sus acciones a después de las próximas elecciones autonómicas o municipales.

El cuarto grande problema es la carencia de experiencia en la gestión. La mayoría de políticos provienen de altas posiciones del funcionariado (como Soraya Saénz de Santamaria) o académicos (como el catedrático de Economía y actual consejero Francesc Xavier Mena). Los sueldos y la baja consideración socioeconómica del trabajo del político, no atraen a alguien que ya se gana bien la vida.

Pienso que para resolver algunos de los retos de futuro nos harían falta otras voces, otros organismos, otras instituciones. Dudo que los indignados construyan nada parecido. Pero en lo único que coincido con ellos, es que con el sistema político actual no encontraremos la solución.
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