La campaña que me gustaría

08 de noviembre de 2012 (19:33 CET)

Desde que recuerdo, de cada convocatoria electoral se nos ha dicho que adquiría una trascendencia histórica. Sin embargo, una y otra vez hemos visto que no había para tanto. Pero todo llega. Después de más de 30 años acudiendo a las urnas creo que ¡por fin! ésta sí adquiere ese carácter histórico.

Este 25 de Noviembre deberemos opinar sobre nuestro encaje, o desencaje, en España y, aunque no se hable de ello, de cómo conducir el dramático tránsito por la crisis, en unos momentos en que la capacidad de resistencia social y económica ya está dando muestras inequívocas de agotamiento. Casi nada. Por ello, la campaña que me gustaría es relativamente sencilla: conocer las propuestas concretas de los diversos partidos ante las cuestiones prioritarias de la legislatura. Y, dado que lo que está en juego es muchísimo, que los aspirantes se expliciten sin ambigüedades. Y, entre esas prioridades, señalo especialmente las siguientes:

1.- El modelo territorial.- Llegados a la situación en que nos encontramos, cada partido tiene la obligación de exponer su propuesta concreta. Informando, asimismo, de las consecuencias de su alternativa, de sus ventajas y sus costes. Lo que más desconfianza genera es limitarse a augurar el paraíso o a anunciar el cataclismo. Una ciudadanía madura puede asumir cualquier coste, si se le explica con claridad el objetivo y el tránsito. Pero, la reacción social es imprevisible - especialmente en el contexto económico actual y de los próximos años- si se encuentra con una realidad muy distinta de la que se le anunció. Mejor evitarlo apelando a la transparencia y objetividad.

2.- Los costes de la crisis.- Tras cinco años de crisis, seguimos con muchas dudas acerca de cuándo y cómo saldremos del túnel. Pero nadie puede dudar de que se nos exigirá asumir más ajustes en los próximos años, aún cuando pueda atisbarse una cierta recuperación de la economía. Hay información y experiencia suficiente para informar a la ciudadanía de los criterios que se utilizarán acerca del reparto de estos costes. Y las alternativas son diversas. Se trata de conocer las idóneas para cada partido.

3.- Un tejido productivo mejor.- En el futuro inmediato seguiremos sin recursos para grandes inversiones pero, afortunadamente y salvo contadas excepciones, tampoco las necesitamos. Disponemos de infraestructuras para años, cuando no para décadas. Ahora, la cuestión es ver cómo engarzamos los activos disponibles para conseguir una economía más competitiva. Durante años, la planificación y ejecución de infraestructuras constituía, en sí misma, una gran parte de la política productiva. Hoy, ya sin recursos para más continentes, llega el momento del contenido, de la política en su sentido más propio. Me gustaría que cada partido explicitara sus prioridades para salir de la crisis con una economía más competitiva.

4.- El fortalecimiento institucional. La crisis nos está dejando un panorama institucional desolador o, más bien, unas instituciones ya débiles que no supieron detener a tiempo excesos que nos llevaron a la hecatombe actual. El fortalecimiento institucional no requiere más recursos sino que tiene suficiente con ideas y voluntad política para desarrollarlas. Cada partido debería informar de sus propuestas para un avanzar hacia un entramado institucional más sólido, base para esa mejor democracia que reclama la ciudadanía.

Una campaña ideal sería aquella en la que se expusieran y debatieran propuestas en todos estos ámbitos. Sin embargo, temo que el debate se centre exclusivamente en el encaje, o desencaje, con España. En otras circunstancias, unas elecciones tan centradas en el debate territorial serían asumibles. En estos momentos, en que el paro afecta al 23% de la población y sigue aumentando, no se puede dejar de lado la primera amenaza: que la tensión social acabe explosionando. Y hay motivos para racionalmente temerlo, sólo faltaba leer los informes de estos días sobre la pobreza o sobre el espectacular aumento de las desigualdades en Catalunya y España. Y como casi todos los partidos pueden sentirse culpables del desastre, algunos por haber gobernado hasta hace un par de años y otros por hacerlo ahora, pueden tender a obviar el debate o a enzarzarse en una inútil dinámica de acusaciones mutuas. O, también, pueden obviarlo por carecer de instrumentos ó propuestas creíbles. En cualquier caso, la inminente campaña no puede soslayar esta tragedia.
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