La burocracia que preocupa pero no ocupa a nadie

22 de septiembre de 2014 (00:00 CET)

En las últimas horas, la Cámara de Comercio de Barcelona ha dado a conocer una interesante encuesta sobre la percepción de las empresas con respecto a la economía y la competitividad catalana. El valor de este tipo de sondeos siempre debe relativizarse. Por lo general, la validez científica es escasa, pero la tendencia que muestra sí debe ser tenida en consideración. 

Los empresarios aseguran que lo que más lastra la competitividad de sus organizaciones es la energía y la burocracia. Con ambas cuestiones han de lidiar y, según al sector al que pertenecen, preocupa más uno u otro. Así, las empresas más puras industriales están especialmente quejosas con los costes y el servicio energético que deben soportar. Las del sector servicios se muestran más críticas, en cambio, con las trabas administrativas.

 
La regulación y las trabas administrativas son en Cataluña un lastre para la competitividad
Hay otro tipo de preocupaciones en la escala de las más de 3.000 empresas que han respondido la encuesta de la Cámara de Comercio, pero en ningún caso tienen el nivel de importancia y de peso específico que las dos mencionadas.

En el trabajo divulgado por la institución empresarial se echa en falta una pregunta: ¿De las cuestiones que considera más perjudiciales para la economía de Cataluña considera que se ocupa algún gobierno o líder político? Seguro que en ese caso la coincidencia sería abrumadora. Porque, en efecto, lo que preocupa al tejido empresarial no ocupa al gobierno catalán, demasiado absorto con su monotema.

Aquí no valen cuestiones de competencias transferencias, Cataluña es una gran empresa global formada por cientos de miles de pequeñas sociedades. En otros tiempos, incluso bajo la autarquía de la dictadura franquista, era más competitiva que el resto. Y, sin embargo, en el siglo XXI la burocracia que soportan los empresarios de aquí puede llegar a ser superior a la otras autonomías de España. El ejemplo más claro es el de la regulación medioambiental. Eso sucede, aunque tenemos un gobierno y un presidente que primero se consideraron business friendly y después “de los mejores”. Pues menos mal de eso…
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