La ‘batalla de Repsol’, una pugna más que empresarial

18 de noviembre de 2013 (18:39 CET)

Antoni Brufau, presidente de Repsol, no dejará la petrolera. No la dejará hasta que, por lo menos, quede sustanciado su desacuerdo con el gobierno argentino que le expropió de manera vil la petrolera YPF.

Lo intentan por activa y por pasiva desde el Ejecutivo de Cristina Kirschner; desde la dirección actual de YPF; también lo pide uno de sus accionistas, la mexicana Pemex; y lo pidió, meses atrás, Luis del Rivero, ex presidente de Sacyr, moviendo en cualquier instancia judicial la indemnización de Brufau por dejar La Caixa hasta que se aburrió de cosechar negativas.

Al Gobierno de Mariano Rajoy el primer ejecutivo de la petrolera española tampoco le parece el mejor de los posibles. Preferiría alguien de su cuerda ideológica. Lo ha probado, a modo de globo sonda, con varios candidatos, pero también sabe que mientras el conflicto con Argentina siga abierto es una temeridad promover un cambio. Más todavía si a alguien se le ocurre interpretar la decapitación de Brufau como un movimiento más en el debate político abierto entre Madrid y Catalunya en clave de reivindicación soberanista.

La presente es, en cualquier caso, una batalla feroz. Lalo Azcona, presidente de Estudio de Comunicación, ha puesto manos a la obra en nombre de los disidentes. Generar una actitud contraria al futuro de la petrolera, movilizar la opinión ilustrada a favor de Pemex o de YPF, es uno de los encargos que ha recibido.

 
La expropiación de YPF está en el centro de todo el debate. No hay precedentes de tal inseguridad jurídica occidental

La Caixa, otro de los accionistas de referencia de Repsol, tiene una posición ambigua. Isidro Fainé, su presidente, nunca ha tenido debilidad por Brufau, aunque les hayan unido intereses comunes durante largo tiempo. En momentos concretos ha apoyado al ejecutivo de Mollerusa y en otras etapas promovía su canje. Pero, al final, siempre se ha mantenido fiel a un antiguo directivo de la entidad que ha gobernado con la razón en la mano más que con la conspiración cortoplacista.

Ahora, las decisiones están congeladas. A Fainé no le gusta lo que hace Brufau con Gas Natural, de la que es vicepresidente. Ha forzado votaciones de consejo que eran impensables años atrás. Ha intentado que la gasística se pronunciara en su duelo con Argentina. A Brufau tampoco le gusta lo que los hombres de Fainé (Salvador Gabarró y Rafael Villaseca) hacen con Gas Natural en relación con los negocios internacionales. Ambas partes mantienen, con civilizada prudencia, las espadas en alto. Brufau saldrá de la firma barcelonesa en cuanto necesite dinero para invertir en el business core del petróleo. No antes. Pero lo hará de acuerdo con Fainé, que podrá pilotar el proceso y bendecirlo en última instancia.

Los acontecimientos, lejos de perder intensidad, aumentan su dimensión con el paso de los meses. La expropiación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) a Repsol es el centro de todo el episodio. Existen pocos precedentes de tal inseguridad jurídica en el mundo occidental. La presidenta argentina también quiere defenestrar a Brufau, lo que le convalida en la presidencia de la petrolera española aún más frente a Rajoy. Pero a Brufau le asisten las razones para mantener sus batallones en el campo de batalla. Le robaron, sin más debate. Y eso ni la diplomacia, ni los ardides pactistas de Pemex, Fainé e YPF, ni los lobbys madrileños van a poder resolverlo por otras vías que no sean la devolución de lo expropiado o su valor cierto de mercado.
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