La banca, la confianza, la política y dos supositorios

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18 de mayo de 2012 (17:41 CET)

Francisco es agricultor andaluz, de Almería. Gracias al cultivo intensivo en invernaderos, a sus cuarenta y pocos años ha conseguido una situación económica estable. Tiene unos ahorros, alrededor de 300.000 euros, y una cantidad similar, otros 400.000 euros, que son los que financian el circulante de su actividad (semillas, abonos, temporeros, material diverso...).

Francisco no dispone de una gran cultura financiera, pero es un tipo inquieto y avispado. Todo su dinero está depositado en Cajamar, una antigua caja rural de la provincia que vivió una enorme expansión, a la que Moody's le rebajó el rating el jueves. “Por los suelos”, me decía. El viernes me llamó pidiéndome consejo para que le orientara con sus ahorros. “¿Dónde lo llevó?, ¿dime una entidad que de verdad sea solvente?, ¿qué riesgo tengo si la intervienen?”... y así un reguero de preguntas tan angustiadas como llenas de sentido común.

Por costumbre e higiene, jamás aconsejo a nadie qué hacer con su dinero ni cómo administrar sus fondos. La experiencia demuestra que cada uno debe tomar las decisiones que le parezcan más convenientes y ser propietario de sus aciertos y errores. Y así hice también con Francisco. Sin embargo, el director de la sucursal de Cajamar, donde hubo de soportar una larga cola de clientes que querían explicaciones, intentó tranquilizar al agricultor y justificó la reducción de la solvencia de la caja de ahorros porque, según le dijo, “habíamos comprado mucha deuda catalana”. ¡Glups!

Esta es una escena y un caso real. Pero no el único. Lo que está pasando con Bankia ha devuelto a la sociedad española una inquietud y un desazón que no recordábamos desde que se desató la crisis financiera internacional. La desconfianza es absoluta y el caso de Francisco se repite cada día en multitud de oficinas bancarias de toda España.

Difundir optimismo en estos tiempos es difícil. Pero sería una obligación del Gobierno, que parece todavía prisionero de ocho años en la oposición. Más que optimismo, se necesita confianza. Dar un golpe encima de la mesa en Europa, en los mercados o donde sea necesario. Un jefe del Ejecutivo que esconde la cabeza debajo del ala no es la mejor solución para el clima económico de un país. Igual debería darse un paseo por las sucursales de bancos y cajas y hablar con sus directores para que le expliquen la situación real; por los despachos de las pymes; por las oficinas de empleo...

Que afrontamos una crisis de magnitud es una obviedad. Que existen formas diferentes de afrontarla, también. Lo que es una barbaridad es dejar que sean los mercados quienes dicten las políticas económicas de los países. Y que esos mismos mercados, aquellos que en su día pusieron la libra esterlina al borde del caos, se estén cargando Europa es intolerable.

Hemos dejado que desangren nuestro sistema financiero y nos dedicamos a repartir mamporros por sueldos y gestiones que, pese a ser reprobables, no dejan de ser la anécdota de lo que nos sucede. Encierren donde sea necesario a quienes se han enriquecido con el descontrol de los años de bonanza, pero no permitamos que sean los anónimos mercados quienes nos castiguen.

Si alguna vez ha sido necesaria la política es ahora. Política en mayúsculas, en Europa y en España.

Píldoras de la semana:

Supositorio matinal > Luis Conde y Susana Gallardo pronunciaron el jueves una conferencia sobre el talento que les ha valido no pocas reprobaciones. Arropados por Jordi Pujol, el cazatalentos y la financiera, se pasaron de pijos e hicieron bueno el lema del conseller Francesc Xavier Mena que quiere enviar a los jóvenes catalanes a Londres a servir cafés. No digo que el bilingüismo no sea necesario, que nadie se confunda. Pero el conseller que dijo que iba a solucionar el paro en Catalunya y que si no lo conseguía habría fracasado haría bien en preparar las maletas por su estrepitoso fracaso y su propensión a las frases grandilocuentes. En el caso de Conde y de su interés por presidir Fira de Barcelona, mostrarse junto a Pujol y aplaudir a Mena es una estrategia poco inteligente. Ni uno ni otro tienen nada que decir sobre quién sustituirá a Josep Lluís Bonet. Escoger bien las alianzas es fundamental para lograr los objetivos. Avisado queda.

Supositorio nocturno > ¿Dónde se esconde Oriol Pujol Ferrusola? Desde hace no pocas semanas, coincidiendo con el estallido de un caso judicial que olisquea en su etapa como secretario general del Departamento de Indústria de la Generalitat, el secretario general de CDC ha desaparecido. Se dice que el otrora sólido pinyol convergente ha saltado por los aires. Al parecer, las alianzas han quedado reducidas a la de Germà Gordó y David Madí. Sin embargo, Quico Homs y Oriol Pujol habrían perdido una parte de la confianza que atesoraban. Lo dicen desde el mundo de los negocios, que acostumbra a medir con pie de rey lo que hacen los políticos. Y añaden que algo no estuvo bien en aquellos tiempos. Vamos, de aquellos polvos, estos lodos... 
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