La banca inunda el mercado de créditos fallidos

13 de enero de 2013 (20:03 CET)

A falta de que lo haga oficial el Banco de España el próximo mes de febrero, el sistema financiero español acaba de cerrar el ejercicio 2012 con un volumen de créditos dudosos en torno a los 200.000 millones de euros. Por encima del 12% sobre los 1,65 billones de euros de la cartera crediticia total.

Una barbaridad. La cifra más alta de la historia. Hablamos de una morosidad ocho veces superior, por ejemplo, a la aflorada en España hace dos décadas tras los Juegos de Barcelona y la Expo de Sevilla.

Y a la que todavía le queda recorrido al alza si nos atenemos a los últimos vaticinios efectuados por el presidente del Banco de Santander, Emilio Botín, de que, al menos hasta mediados de este año, va a seguir aumentando. En el caso de la entidad que preside, hasta rondar el 7%, casi un punto más del contabilizado al cierre del tercer trimestre de 2012.
Con esta ingente cantidad de créditos morosos, en muchos casos ya fallidos –un dato sobre el que no existe una certeza absoluta al no computarse su desglose y quedar incluidos en el paquete general de dudosos–, las entidades van a empezar a soltar lastre de manera vertiginosa. Se barajan cifras de entre 20.000 y 25.000 millones de euros de créditos fallidos o de dudoso cobro a transferir, con o sin garantías, y de todo tipo. En torno al 10% del volumen total de morosidad. Mucho ladrillo, evidentemente, pero también préstamos al consumo.

Algunos bancos empezaron a hacerlo el pasado año y cerraron varias operaciones, como Santander, Banesto o Bankia, pero el grueso está por llegar una vez que las entidades terminen de dotar las provisiones impuestas, en el caso del riesgo inmobiliario, por los dos Reales Decretos del Gobierno y, sobre todo, cuando el ‘banco malo’, la Sareb, establezca un precio por la venta de los primeros activos transferidos desde los bancos nacionalizados.

Contra más provisiones se hayan practicado por estos préstamos más fácil será su venta. Si lo han sido al 100%, una vez calificados definitivamente como fallidos o incobrables, mejor. Todo lo que se ingrese ayudará a obtener una liquidez de la que andan tan necesitados.

Y ahí están esperando para comprar al menor precio posible una treintena de fondos oportunistas, ‘distrassed’ o ‘buitres’, como vulgarmente se les conoce. Pero no solo. Bancos de inversión o empresas de gestión de recobros también andan tras estos lotes de activos, con vistas a obtener rentabilidades futuras por estos fallidos.

El Popular, tras el éxito de su ampliación de capital, sigue tratando de desprenderse de lo que sea de cara a incrementar los recursos propios. Hace un mes vendió a un consorcio integrado por Lindorff, especialista en la compra de créditos fallidos para su posterior recobro, y por fondos asesorados por la inversora AnaCap. Una cartera de préstamos fallidos al consumo, en su mayoría a inmigrantes, sin garantía, y por importe de 1.143 millones de euros. En una operación que, según el banco, reportó plusvalías brutas, a falta de posteriores ajustes contables, de 48 millones.

Bankia también se apuntó el pasado octubre 126 millones por la venta de un conjunto de 16.000 préstamos procedentes de Finanmadrid –en su mayoría créditos para adquirir un automóvil– al grupo inversor noruego Aktiv Capital  Era la segunda operación similar cerrada en menos de cuatro meses. En julio fueron 800 los millones que también aportó la firma noruega, en este caso junto a la luxemburguesa Oko Investments, para quedarse con otro lote de fallidos a pymes y particulares.

El Santander igualmente ha aprovechado en los últimos meses las oportunidades para vender activos de riesgo entre inversores internacionales. Más de 2.500 millones ha recibido por parte Bank of America Merril Lynch (BoFA) o los fondos Fortress, Cerberus y Lone Star.  Esta última es una de las entidades con la que también está negociando el BBVA para cerrar otra gran operación de venta de fallidos.
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