La azarosa aventura de María Reig en el hotel Mandarin

21 de febrero de 2014 (20:53 CET)

El lujoso hotel Mandarin Oriental, sito en paseo de Gràcia, entre Consell de Cent y Diputació, ha devenido un pozo sin fondo para su propietaria, la multimillonaria andorrana María Reig Moles.

Se inauguró en noviembre de 2009, con una pompa y boato propios de una ceremonia de los Oscar de Hollywood. El estreno vino precedido de algún que otro contratiempo, dado que la fecha de apertura se demoró más de lo previsto, con el consiguiente encarecimiento de los costes.

Además, el recinto sufrió una dolorosa amputación. Se había planeado que el edificio contiguo, perteneciente a la misma promotora, albergase 17 suites y 5 habitaciones. Pero no pudo ser. Reig tuvo que endosar el inmueble al Banco Sabadell, ante las dificultades surgidas para pechar con los créditos de 15 millones que dicha entidad le concedió raíz de la compra.

La vida da muchas vueltas. Aquel proyecto de dotar al hotel de apartamentos de lujo está a punto de ser una realidad cinco años después. Hace unos meses, Reig retomó la idea y negoció con Isak Andic Ermay --quien entretanto se había hecho con la propiedad del dichoso edificio-- para arrendarle las plantas que no ocupa la flamante tienda de su cadena Mango. Recayó acuerdo y las obras para acondicionar los alojamientos marchan a todo trapo.

A poco de entrar en servicio el Mandarin, María Reig tampoco pudo hacer frente a la adecuación de un gran caserón de fachada semicircular que había adquirido en la plaza de Francesc Macià. Reig abrigaba el propósito de reformarlo y dedicarlo a un hotel de lujo cuya gestión confiaría a la enseña Marriott. Un lustro después, los trabajos siguen paralizados y la finca continúa pendiente de destino.

Pero a lo que iba. El Mandarín abrió sus puertas en 2009 y desde entonces sólo ha cosechado una riada de números rojos, tal como se echa de ver en la tabla anexa.



La delicada situación financiera del Mandarin es un pesado lastre a la hora de devolver los dos créditos hipotecarios que gravan el bloque, cifrados en junto en 95 millones de euros. María Reig se vio en el trance de tener que pedir árnica a la banca. El pasado verano, ambas partes acordaron unas nuevas cláusulas. La principal de ellas es dilatar hasta junio de 2016 el periodo de carencia para las amortizaciones. Ese año habrá de desembolsar 9 millones, el siguiente 12, y en 2018, otros 11 millones. El resto se posterga a ejercicios posteriores.

El resultado de explotación del Mandarin arrojó en 2012 un déficit de 2,8 millones, que se transformó en un quebranto final de 12,6 millones, debido a los gastos financieros ocasionados por sus hipotecas.

Relaciones con La Caixa

Es de destacar que el administrador del Mandarin, Carlos Enseñat Reig, hijo de la titular de la sociedad, aprobó las cuentas en una junta general de accionistas reunida el pasado mes de octubre, con notable retraso sobre las fechas que estipula la ley. También con sensible demora, el balance de la compañía no se depositó en el Registro Mercantil hasta la semana pasada.

Según ese documento, el solar y la construcción aparecen valorados en libros en 125 millones de euros. El auditor no señala salvedad alguna, pero estampa la observación de que Carlos Enseñat omitió los preceptivos desgloses relativos a otras firmas hoteleras en las que él participa.

María Reig, de temperamento muy peculiar, goza fama de ser una de las principales fortunas de Andorra. Tiene heredades en el Principado, en París y en el Caribe, amén de un paquetón del 17% de Crèdit Andorrà, banco líder del sistema financiero del país. En 2012, percibió dividendos de dicha entidad por importe de casi 7 millones de euros.

La empresaria poseía por herencia el 3% del Crèdit. En 2006, La Caixa, socia histórica del banco, traspasó su 46% a varios accionistas del Crèdit por casi mil millones de euros. María Reig consiguió suscribir el mayor lote, un 14% de la entidad, gracias a sus estrechas relaciones con la cúpula de la caja catalana. Ésta, además, tuvo a bien financiar la adquisición de buena parte del paquete.

Para el Mandarin, la reestructuración de su pasivo hipotecario supone un balón de oxígeno a corto plazo, pues significa reducir a cero el drenaje de recursos. Fuentes del grupo Reig me comentan que en 2013 el hotel superó el giro del año anterior y mantuvo un índice de ocupación del orden del 80%, aunque rehúsan facilitar el dato del resultado final. En breve culminarán las obras de las “suites” y se prevé ponerlas a disposición de la clientela el próximo mes de abril. Si el flujo de clientes ayuda, contribuirán a fortalecer las cuentas del Mandarin.
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