La abducción catalana y la resignación de los votos

07 de noviembre de 2015 (21:52 CET)

Hay algo inquietante en el calendario electoral. Seísmos anunciados. El pleno del Parlament, el primero, sirve un coctel  explosivo. Nada menos que una declaración de insumisión al estado de derecho como primer acto jurídico para proclamar la declaración unilateral de independencia. Imposible no recordar a Lluis Companys y los sucesos de 1934. Es cierto que estamos en otro tiempo histórico. La debilidad de la República hace que el escenario de entonces y el de la España actual tengan poco que ver.

Imposible también dejar de preguntarse por qué la política, con mayúsculas, ha estado ausente de este desafío antidemocrático durante tanto tiempo. Ahora el Gobierno se ha decidido a actuar y los partidos de la oposición parlamentaria y Ciudadanos se han puesto las pilas.

Me había prometido a mi mismo no escribir hoy de Cataluña. Me ha resultado imposible. Yo también estoy abducido por la cuestión del secesionismo catalán.

Supongamos que se aprueba la resolución sediciosa. Supongamos que el Tribunal Constitucional la anula e inhabilita a la presidenta del Parlament. Y, después qué. Aceptará la interesada la inhabilitación. Y, el Parlament de Cataluña, ¿la acatará?. ¿O será el primer acto de desobediencia que proclamará la resolución?

Todo lo que está sucediendo coloca las elecciones del 20-D en un segundo plano lejano. La abducción catalana lo devora todo. Incluso el hecho inédito de que el anterior jefe militar de España vaya en la lista electoral de Podemos. Un acto legítimo, pero llamativo. Con toda la información de la OTAN en la cabeza, ahora se ha apuntado a un partido más o menos extremista. Legítimo, legal, pero extraño. Todo un síntoma de que el descontento con el actual sistema de partidos no es solo cosa de estudiantes o marginales.

Casi todos las intenciones de voto que conozco que no son a los partidos emergentes adolecen de entusiasmo. Son votos resignados. Bueno, todos los partidos tienen un suelo. Aquellos que votarían en cualquier circunstancia presos de una fidelidad inamovible. Pero es un concepto dinámico que cambia cuando varían radicalmente las circunstancias. También son móviles los posicionamientos que parecían más firmes. Hasta hace poco, Mariano Rajoy no quería saber nada de una reforma constitucional. Ahora hay escarceos en la dirección contraria porque hasta los más cerriles saben que solo con la aplicación de la ley no se soluciona la situación creada en Cataluña.

Personalmente creo que la clave para desatascar la situación es dar una salida al electorado natural de Convergencia Democrática de Cataluña. Cuando se desasten las hostilidades jurídicas y todo el mundo se convenza de que la alianza de CDC y del resto de conglomerado de Junts Pel Si con la CUP va en serio empezarán a sonar las alarmas de verdad y muchos saltarán por la borda de ese barco.

¿Cómo se va a comportar el electorado que le queda a CDC en las elecciones del 20-D.? ¿Qué pasará cuando ERC le de el sorpasso a Convergencia?

La verdad que estoy intrigado. Porque como en tantas circunstancias históricas, la realidad desoye las advertencias que la anuncian. En España ha pasado muchas veces. Se veía la tormenta con tiempo y nadie cogía siquiera el paraguas. Ahora el partido va a empezar de verdad. Y lo que nos jugamos no es una broma.

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