Karmele no es Tsipras

20 de septiembre de 2015 (21:25 CET)

Karmele Marchante, neomusa del separatismo, que provoca los celos de Nuria Feliu y relega a Joel Joan a la irrelevancia, ha pedido quemar a La Caixa y el Banc de Sabadell. Entre ambas suman 17 millones de clientes en España (Catalunya incluida), en el momento de escribir este artículo no se conoce desautorización ni sonrojo alguno por parte de Artur ni su masovero, Raúl Romeva.    

Las encuestas se pueden publicar hasta mañana. Desde entonces todo queda en manos de que Enric Hernández, desde El Periódico, haga la trampilla de publicarlas desde la vecina Andorra, que, por cierto, tan silente y algo atónita sigue el Procés. 

Dichas encuestas apuntan a dos ideas más allá del número de escaños que den a cada partido. La primera de ellas es que Junts pel Sí pierde la mayoría absoluta que disponía en el Parlamento saliente. La segunda es que la porosidad principal entre ambos bandos se da entre CUP y Catalunya Si que es Pot, por un lado; y Unió y Junts pel Sí, por el otro.

La nueva legislatura será como una caja fuerte, de las tan de moda, entidades bancarias. De apertura retardada. Excepto si Junts pel Sí obtiene mayoría absoluta, solo una vez se haya constituido el nuevo gobierno de España la legislatura arranciaría y, además, con todas las incertidumbres, dado que un posible gobierno sustentado por la CUP cuestionaría todo: concesiones en hospitales, conciertos escolares y un etcétera interminable.

Si Mas y su coalición obtienen mayoría absoluta  harán un Colau, o sea, tras una declaración altisonante y espectacular, pensando en rematar su resultado en diciembre, wait and see.

Dolores Garcia, escribía hoy en la Vanguardia, que una de las grandes bazas de Junts pel Sí, es el de los muchos votos que puede recibir para castigar a Rajoy. Estoy de acuerdo y comprendo a esos votantes pero ojo, en esta ocasión castigar a Rajoy puede suponer infligirnos una autolesión.

El huevo de la serpiente nacionalista ha recibido, durante décadas, el calor y el confort de los partidos nacionales, precisamente eso y la no candidatura de Rivera, junto a los titubeos de Espadaler, plantean una malgama de opciones frente al dúo separatista poco atractivo, pero, lamentablemente, vistas las encuestas y escuchada a Karmele lo único que queda es elegir al más afín según la visión de cada uno, pero elegirlo y votarlo.

Hoy Grecia ha votado, en apariencia, por la continuidad, pero no es cierto. El Tsipras de hoy sostiene el discurso y el programa de Samaras, el líder de la derecha, en las últimas elecciones. Grecia ha votado Tsipras sabiendo que éste negociara con Bruselas desde la socialdemocracia y la moderación. Tras los numeritos de Varoufakis y, sobre todo, tras el drama del corralito, los giregos y Tsipras han aprendido la lección. Tsipras es, quizás, su Felipe Gonzalez. ¿Por qué no aprendemos algo de la votación de los griegos de hoy? ¿Es preciso que vivamos aquí todo lo que han sufrido los griegos? Karmele y los suyos parecen estar empeñados en que sí. Estaría bien que todos y cada uno de nosotros hiciéramos algo, como por ejemplo votar, para evitarlo.

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad