Jugar al escondite tiene sus riesgos

28 de octubre de 2014 (00:00 CET)

Finalmente Artur Mas ha convertido las artimañas elementales del juego infantil del escondite en la estrategia de su proceso hacia ninguna parte. No se le escapa que jugar al escondite con una consulta para la secesión es pretender engañar al Estado, del que la Generalitat es parte representativa.

Puede hablarse hipotéticamente de una paradoja grave: con una mano, Artur Mas busca los medios para que no parezca que acepta la impugnación de la consulta por parte de la ley y, con la otra mano, su juego consiste precisamente en lograr que sea impugnada. Por su parte y según esta hipótesis paradójica, la Moncloa espera no tener que impugnarla pero a la vez no puede dejar de activar, si fuese el caso obligado, los mecanismos de la impugnación.

Considerar que se trata de una hipótesis es un eufemismo porque el propio Artur Mas --según informaciones recientes-- ha manifestado ante sus aliados secesionistas que lo que busca es engañar al Estado. En fin, hacerle creer que se ha escondido detrás de unos arbustos cuando en realidad está tras la puerta del garaje. El juego del escondite.

Es una estrategia tan poco original como arriesgada. Una Generalitat con conseller de Justicia y policía autonómica, un poder ejecutivo sometido a la debida fiscalización del Parlament va por ahí enviando correos electrónicos para no poner nada por escrito que pueda ser legalmente impugnado. “Verba volant, scripta manent” decían los antiguos. Es una estrategia con medios pueriles, pero no por eso inocuos, para llegar a un fin que al parecer justifica esos medios.

 
Mas ha decidido salvar su futuro político jugando al escondite y contribuyendo a un deterioro institucional
Algunos opinantes independentistas han dicho que esa es la mejor jugada de Artur Mas, su suprema astucia. Es una astucia que consiste en no decir nada por su nombre, ni referéndum, ni consulta, ni plebiscitarias, ni ley, sino todo lo contrario. Se trata de un vuelo de poca altura que no por eso se abstendría de sacar provecho político del posible encontronazo si se pone por en medio una montaña.

Y mientras tanto, la policía no da abasto para detener a los personajes más sobresalientes de la corrupción que la justicia está investigando. Aparecen algunos buenos síntomas económicos, pero casi toda noticia positiva queda en la papelera. Es mucho más importante que Artur Mas haya decidido salvar su futuro político jugando al escondite, contribuyendo en la medida de sus posibilidades a un deterioro institucional que va en aumento, día a día.

Dada la lista sin fin de las torpezas cometidas por el independentismo cuesta imaginar que puedan transcurrir sin esconderse donde no toca las menos de dos semanas que quedan para el 9N. Si ese juego del escondite sólo fuese una forma de ocio para Artur Mas tendría poca importancia pero lo que ocurre es que, pase lo que pase, tendrá consecuencias negativas para la sociedad catalana que hasta ahora no ha demostrado un afán unánime ni suficientemente mayoritario de ser consultada de forma ya sea ilegal o alegal. El juego del escondite. “Un dos tres pica paret” o también “Un dos tres al escondite inglés”.
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