José Manuel Entrecanales: la ordalía de Recoder

04 de enero de 2013 (20:04 CET)

Es José Manuel Entrecanales Domecq, presidente de Acciona, contrapunto british de una capa dirigente que escapó de Guatemala (la herencia ancestral) para meterse en Guatepeor (las costuras del Estado). Desde que preside el Instituto de la Empresa Familiar, la opinión del prestigioso patronato fluye libre del contagio apodíctico que le imprimió su antecesor en el cargo, Isak Andic, dueño de Mango, adicto al dumping social y al dinero blando de la inversión en arte.

Entrecanales tiene un toque de temeridad, como ha demostrado en la conquista de las aguas Ter-Llobregat (ATLL), un concurso que ha desatado una tormenta de consecuencias impredecibles. De momento, Acciona tiene la concesión que le sirvió en bandeja el ex conseller de Territori, Lluís Recoder, a costa de incumplir el pliego de condiciones impuesto por la Generalitat, en cuanto a inversión se refiere. Suenan la tormenta y el clamor de la venganza. Agbar, la madre de todas las aguas, el monopolio natural de los fluidos catalanes, ha perdido las cuencas fluviales de la Catalunya central. Pero ha recorrido a la Justicia; y, si es necesario, levantará una ordalía. Sabe que Entrecanales ha sido el inspirador de un negocio, cuyo conseguidor, Recoder, expiará muy pronto su pecado en la plaza pública. Castellio seguirá su senda pero, a Servet, le espera el fuego de los heresiarcas.

El presidente de Acciona es el fruto de una saga consistente. Su abuelo, José Entrecanales Ibarra, catedrático de Caminos, fundó, junto a Manuel Távora, el germen de la actual Acciona. Su padre y su tío, José María y Juan Entrecanales Azcárate, fusionaron la empresa familiar con Cubiertas y Mzov, en 1996. Desde que en 2004 José Manuel tomó el control de la compañía, Acciona se ha convertido en líder de energías renovables y ha incrementado exponencialmente su precio en bolsa. Cuando no es un valor en sí mismo, el ladrillo ennoblece; da para invertir en telecos, Internet, energías y hasta en ciudades flotantes, como lo son los buques de Transmediterránea, una marca con tradición que, en otro tiempo, lució fieltros y libreas en las cubiertas batidas por siervos guineanos y que hoy está integrada en Acciona.

El segundo de los seis hermanos Entrecanales Domecq pasó por la Complutense y antes de aspirar a su corona recaló en Merryll Lynch. Pero su auténtico bagaje moral es anterior; José Manuel proviene del Colegio Estudio de Madrid, la última herencia laica de la Institución Libre de Enseñanza, añorada por su padre, José María --genuino representante de la beautiful florecida en la España de Solchaga, una soñada California de Europa-- al que un ictus cerebral le apartó prematuramente de los negocios.

Su Twitter cuenta con más de 2.000 seguidores sobre los que vuelca películas, libros y gustos musicales. Practica la vela y el polo, pero desata su pasión deportiva en los greens de Sotogrande, en Cádiz, con un handicap similar al de Borja Prado, el hombre que le sustituyó en la presidencia de Endesa. La historia eléctrica de José Manuel resultó fulgurante: entró en el capital de Endesa en 2007 para participar en la gran batalla por el control de la compañía que finalmente ganó la italiana Enel en contra de la alemana Eon. Con el apoyo de Rodríguez Zapatero y la inquina del PP, desempeñó la presidencia de la eléctrica durante un año y medio hasta que, en el momento de su salida, intercambió su cese voluntario por un buen cacho de activos renovables. Fue su segunda experiencia de quita y pon. La primera data de unos años antes, cuando perteneció al grupo de accionistas fundadores de Airtel, adquirida después por Vodafone, un pase de pingües plusvalías. Ya en la cúspide de Acciona, trató de compactar su hegemonía (la de los Entrecanales Domecq frente a sus primos, los Entrecanales Franco) integrando su empresa con Fomento de Construcciones y Contratas, pero le paró los pies Esther Koplowitz, la accionista de control de la gran constructora de origen catalán, históricamente dominada por los Piera y los Masardà.

Un estandarte de la new age no agoniza ante la adversidad, pero le teme a la vergüenza pública. Para una empresa española, con un presidente habitual en el palco de Florentino Pérez, ganar el abastecimiento Ter-Llobregat es como poner una pica en Flandes; instalar pendón en la gangrena interior del enemigo. Pero infringir de tapadillo una plica es como tratar de atravesar una puerta falsa pintada en un trompe-l’oeil. Te das de bruces contra el muro.




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