Jordi Pujol o el otoño del patriarca

27 de julio de 2014 (20:25 CET)

Amargo final para la vida política de Jordi Pujol. Ahora, en los momentos finales de la prórroga de su vida política, todos los cadáveres empiezan a salir del armario. Su confesión del dinero que durante más de 34 años ha tenido en el extranjero es la punta del iceberg de toda una vida llena de claroscuros hasta ahora escondidos.

Es evidente que la confesión de Pujol es forzada, derivada del hecho de conocer que un empleado del banco andorrano había hecho copias de sus cuentas. Su demanda de perdón es, como mínimo, farisaica. Com manifestó de forma clara Dolors Camats de ICV, la carta de Pujol es "un triple insulto: la gente que cotiza y también tiene incertidumbres en la vida; a quien ha defendido de verdad el país y no por ello ha guardado el dinero fuera; y un insulto a la inteligencia decir que en treinta años no ha encontrado un momento para hacer la regularización”. Ni con tres amnistías fiscales ha tenido tiempo suficiente. Por tanto, es una confesión forzada quizá con el fin de evitar una imputación penal.

Ahora, por primera vez, se puede tener una panorámica del hombre, y de la familia, que ha dominado la vida política del país como si fuera su finca. Pujol tuvo la habilidad de formular un discurso hegemónico en que Catalunya, Convergencia y él mismo se fundían como una nueva trinidad de intereses. Lo que era bueno para una parte lo era para las tres. Él construyó durante 23 años el entramado de todas las estructuras de la nueva situación de la Catalunya autónoma, desde los medios públicos de comunicación hasta los Mossos d’Esquadra, pasando por toda la estructura de la función pública catalana.

La hegemonía pujolista fue total amparada por el sistemático acompañamiento mediático tanto los medios públicos como los del Grupo Godó. Frente, en el ámbito parlamentario, a una oposición, especialmente la socialista, acomplejada, y donde sólo se levantaba en un panorama desértico la voz de la gente del PSUC-ICV, la de los Gutiérrez Díaz y Rafel Ribó para cuestionar las prácticas del pujolismo, pero en todo caso con eco limitado en la sociedad catalana. Y con una única institución frente a su poder, el Ayuntamiento de izquierdas de Barcelona. También hay que señalar dos cosas que Pujol no consiguió a pesar de su poder casi absoluto: construir un sindicato nacionalista al estilo de ELA, la implantación de CCOO como sindicato nacional y de clase lo frustró; y el control de la principal entidad financiera La Caixa que se mantuvo siempre fuera de su control.

Mientras, en el ámbito del Estado, Pujol y CiU eran el socio imprescindible a la hora de hacer alianzas, fuera con el PSOE de Felipe González o con el PP de Aznar hablando catalán en la intimidad. Lo cual le permitía tener un seguro estatal para su hegemonía en Catalunya.

Pujol lo fue todo en Catalunya durante 23 años, omnipresente y omnipotente, él era Catalunya, Catalunya era suya. Hasta el punto de que su esposa, Marta Ferrusola calificó de okupas al Gobierno tripartito y reivindicaba que TV3 era suya.

Pero ahora la imagen se ha roto y nos trae al recuerdo las piezas de un rompecabezas nunca encajadas. Su relación con unas personalidades de trayectoria controvertidas como Prenafeta (secretario general de la Presidencia de la Generalitat hasta el año 1990, imputado por corrupción en 2009 en el marco de la operación Pretoria) o el denominado sector de los negocios de CDC, en el que figuraban gente como Macià Alavedra que ocupó cargos relevantes en el partido y en el Gobierno hasta el año 1997 y que fue también imputado en el caso Pretoria saliendo de la cárcel con una fianza de un millón de euros. En esta panorámica aparecen personajes como Javier de la Rosa "empresario ejemplar", según lo denominó Pujol, y después encarcelado por el escándalo del caso KIO entre otros. Y Félix Millet y el caso Palau, con el supuesto de la financiación irregular de CDC por parte de empresas constructoras, que ha comportado el embargo preventivo de su sede central en Barcelona. Ahora también habría que recordar el caso Banca Catalana y como Pujol convirtió la denuncia, planteada por los fiscales Mena y Villarejo en 1984, en un agravio contra Catalunya que le permitió ganar ampliamente unas elecciones planteadas como un plebiscito sobre su persona. Ahora todo toma otra perspectiva A todo esto hay que añadir en los últimos años los sucesivos escándalos económicos en los que se han visto salpicados buena parte de sus hijos.

En definitiva, parece evidenciarse la doble moral en que durante toda su vida ha vivido un político que lo ha sido todo en la vida política catalana, Presidente de la Generalitat durante 23 años. Es en base a esta doble moral, demostrativa de la talla ética del personaje, que trató de construir una Catalunya y un relato político a su imagen y semejanza. Este es sin duda su legado, el de una Catalunya imaginaria donde la doble moral es moneda de curso corriente y que no se corresponde con la situación del todo diferente de la Catalunya real.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad