Jordania: Petra, el Golfo y las opciones del Rey

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24 de abril de 2012 (16:04 CET)

“Es un país pequeño pero grandes en aspiraciones”. Así define el Rey de Jordania, Abdullah II, su país. Con ciertas peculiaridades sin las cuales es difícil entender la situación actual. Aunque sea un territorio relativamente pequeño, Jordania tiene una gran importancia geoestratégica y ha ejercido el papel de centro de seguridad en una región muy volátil desde hace muchos años. Su estabilidad es de vital importancia para Occidente y los países árabes del Golfo, que invierten en la zona grandes sumas de ayuda financiera y técnica. Sería mucho más costoso para la comunidad internacional la desestabilización del reino fronterizo con Arabia Saudita, Iraq, Siria, Egipto, Israel y Palestina.

Jordania tiene un considerable efecto arrastre en una región con muchos recursos. Tanto por la posición geográfica, está rodeada de 140 millones de personas; como por su relativa estabilidad. Además, tiene un sistema financiero y unas infraestructuras que le conectan con los países del entorno. Elementos que afianzan su papel como plataforma en la región, sobre todo en el sector servicios.

También goza de elementos saludables para crecer, a pesar de tener importantes retos encima de la mesa. Como la situación regional, el paro, la corrupción y el déficit fiscal, que son las principales amenazas a su delicado equilibrio.

Desde su ascenso al trono en 1999, el Rey Abdullah ha puesto en marcha importantes reformas económicas. Entre ellas, la liberalización del comercio; la privatización de empresas y servicios; y la eliminación de los subsidios de los combustibles. Esta apertura ha tenido un relativo éxito al estimular el crecimiento mediante la atracción de inversión extranjera y la creación de puestos de trabajo. Incluso en medio de la recesión mundial, la economía de Jordania creció en 2011 el 4,5%. Una cifra que aún es insuficiente. Las protestas laborales diarias han aumentado y la tasa de desempleo del 25% muestra que el crecimiento no satisface los retos sociales.

El país carece de reservas importantes de petróleo. El crecimiento se ha basado ampliamente en la fabricación, construcción y servicios. Está estrechamente ligado a las economías de la región por su factura petrolera, las remesas de sus emigrantes, las inversiones y el turismo. Por esto, las autoridades tendrían que actuar con mucha cautela impulsando una política económica consensuada con los agentes sociales que permita reducir el impacto de los shocks externos.

Las protestas, el desempleo y el déficit presupuestario son una bomba de relojería. Pero parece que los reyes (magos) del Golfo pretenden convertir a Jordania en el séptimo socio. Una posible inclusión en el Consejo de Cooperación del Golfo, el bloque económico de una de las regiones más ricas, puede ser la respuesta. Permitirá el acceso más fácil de los trabajadores jordanos a los estados del golfo arábigo, lazos comerciales más fuertes, y atraerá a turistas, flujos de capital y ayudas directas.

La composición del PIB de Jordania es indicativo: el sector agrícola representa solo el 3,2%, la industria el 26,5% y los servicios el 65%. El turismo es clave para el país. Es el motor de la economía jordana y la mayor fuente de empleos. Contribuye de manera constante al PIB alrededor del 10%. Las principales atracciones turísticas son: Petra, declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1985; el río Jordán; el Monte Nebo; las ruinas romanas de Umm Qais; y el mar Muerto.

Además, resultan clave las remesas de los emigrantes. Sobre todo de los países del Golfo. Se calcula que hay 600.000 jordanos trabajando en esta región. La mayoría, universitarios de elevada cualificación que representan alrededor del 20% del PIB.

El reino también intenta satisfacer las necesidades de una población que aumenta a razón de unos 200.000 habitantes al año y de estimular su economía con más apertura. Impulsa planes importantes de infraestructura por unos 22.700 millones de euros. Incluyen la energía, tan necesaria en la región. La factura energética cuesta 2,7 billones de euros a Jordania, el 25% del presupuesto nacional. El transporte y los sistemas de agua son otros sectores prioritarios, de forma que el reino se puede convertir en un importante mercado de proyectos. Atraer inversión extranjera es crucial para el éxito y, para ello, se lleva cabo un importante programa de asociación público-privada.

Las relaciones bilaterales hacen una balanza comercial de intercambios de 245 millones de euros favorable a España. La tasa de apertura comercial es superior al 100%. Se presentan numerosas oportunidades comerciales y de inversión. Desde productos químicos, material de construcción y bienes de consumo; hasta el sector de ingeniería y consultoría. Todo ello, pasando por el tratamiento y gestión de aguas, eléctrico, industria del petróleo o telecomunicaciones e infraestructuras. Existen grandes proyectos de inversión como el Proyecto Mar Rojo-Mar Muerto, o las líneas de trenes de cercanías entre otros.

Jordania, al igual que muchos otros países de la región, no puede permitirse el lujo de ver disminuir su economía. Esta debe ser la opción prioritaria para evitar males mayores y el reino lo puede conseguir.  
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