Israel

Josep Huguet

22 de marzo de 2015 (00:00 CET)

Netanyahu ha ganado y con él, la gente que tiene miedo y que busca seguridad en un entorno percibido cada vez como más hostil. Israel se encamina hacia un modelo teocrático y confesional de gobierno similar al de los Países islámicos vecinos. La negativa a reconocer un Estado palestino, al margen de conculcar una más de las resoluciones de las Naciones Unidas, es una bomba de relojería para Israel, puesto que sin Estado y con la definición de Israel como Estado de los judíos, los israelíes se verán obligados a compartir dos naciones-Estado sobre el mismo territorio. Israel tiene unos ocho millones de habitantes, dos terceras partes del territorio de Cataluña, de los cuales dos terceras partes son desierto.

No tiene recursos naturales y por eso la economía se ha sustentado en la innovación y la emprendeduría. Ha llegado a invertir un 5% de su PIB en I D, el porcentaje más elevado de la OCDE. Israel es el tercer estado del mundo con más empresas en el Índice Nasdaq (67) después de Estados Unidos y China. La tecnología militar y el apoyo del Estado ha jugado una parte importante.

Lo que nadie puede negar es que Israel tiene un modelo democrático bastante estricto. La Knesset es el único parlamento del mundo elegido en circunscripción única con una fórmula totalmente proporcional y una barrera que hasta ahora era del 2%. Los partidos laicos y socialistas que habían sido hegemónicos hasta 1977, más abiertos al diálogo con los palestinos,  dejaron paso a las coaliciones de derecha de forma casi ininterrumpida, herederas de  la tradición política del sionismo revisionista,  de Jabotinsky. Uno de sus discípulos fue el histoirador Benzion Netanyahu, padre del actual primer ministro.

Las minorías ortodoxa y ultraortodoxa (Haredim), son el 20% de la población judía y están muy representadas en los partidos (Shas, Judaísmo Unificado de la Torà) que pueden condicionar la minoría gubernamental. Propugnan una interpretación fundamentalista de la Torà que sólo se puede sustentar a partir de subsidios y de la dependencia del Estado. Al ser familias conservadoras en su comportamiento, en pocos años pueden facilitar mayorías demográficas y, por tanto, hacer inviable el Estado de Israel. Cuando el actual premier Netanyahu, del Likud (derecha nacionalista, pero laica), ha querido ampliar el servicio militar obligatorio a los ortodoxos, ha chocado con estos partidos.

Los partidos de centro se han opuesto a estos privilegios. Ahora bien, las leyes básicas del Estado, por ahora, son laicas y respetuosas con los derechos de las mujeres y con la tendencia sexual.

Los dos grandes grupos de judíos según sus orígenes son sefardíes y mizrahim, por un lado, y los asquenazíes, por otra. Representan la mitad cada una de la población no árabe. Los de origen mediterráneo suelen ser más conservadores que los originarios de Europa central. Hay también la minoría judía de origen etíope. Finalmente, una quinta parte de los ciudadanos israelíes son de la minoría árabe, su participación en las elecciones no suele llegar al 50%. Dentro de la minoría árabe una cuarta parte no son islámicos, sino cristianos (9%) o drusos (13%).

La polarización de los fundamentalismos judío e islámico en el Mediterráneo no augura nada bueno para nosotros. Europa tendrá que mojarse y pasar a tener un papel más activo para desactivar los radicalismos y promover Estados, partidos e instituciones que apuesten por la democracia y los derechos humanos.

Mientras Cataluña no tenga estado, en el caso de Israel nuestra contribución pasa por aumentar la colaboración con la sociedad civil del país. La colaboración puede ser de interés mutuo. La población joven, laica, altamente cualificada y emprendedora israelí, se siente asfixiada en Israel, atrapada entre los dos fundamentalismos. Necesitaría tener referentes similares en cultura próximos que le permita desarrollar proyectos que en Israel quedan en la fase de la start up.

Cataluña puede jugar el papel de plataforma de lanzamiento al mundo de empresas israelíes o mixtas. No estoy diciendo ningún tonteria. Si se mira el mapa de los resultados de la búsqueda de excelencia de la Europea Research Council (ERC) se verá como por debajo la mancha de Suiza sólo hay dos áreas con densidades de búsqueda de calidad comparables: Israel y Cataluña. Si se mira el mapa de actividad de pymes, otra vez encontraremos, bajo Suiza, Cataluña, el norte de Italia e Israel.

A mediados de la década pasada tuve ocasión de promover un viaje de intercambio en Israel focalizado en el sector de la informática y las telecomunicaciones, de la gestión del agua y del turismo. De allí surgieron contactos y relaciones que se han amplificado. En el viaje me acompañaban empresarios, centros tecnológicos y centros de búsqueda y la acogida fue muy buena. Si se tiene dudas sobre la atracción mutua, sólo hay que mirar el comportamiento de los flujos turísticos crecientes.

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