Información y economía

21 de enero de 2014 (19:48 CET)

La relación entre información y economía es siempre muy intensa. En el ámbito de finanzas, cuando se trata de tomar decisiones de compra y venta, los operadores gestionan la información escogiendo el canal por donde circula y, según su experiencia, conocimientos y riesgo, deciden medidas que creen que servirán para conseguir sus objetivos. Las consecuencias de estas decisiones pueden dar los resultados diferentes. A veces mejores que los esperados ya veces no. Y esta variabilidad depende tanto de la capacidad de gestión como de la información disponible.

El reconocimiento de la relación entre información y economía, ha merecido el galardón del último premio Nobel de Economía que se otorgó a tres economistas que la analizan entre decisiones de compra, venta e información en los mercados financieros. Eugene Fama estudia la eficiencia debida a la información: los precios reflejan los cambios de la propensión al riesgo y por lo tanto son el canal que apunta a la obtención de mayor eficiencia. Robert Shiller discute sobre el efecto contrario: como la información hace tomar decisiones ineficientes. Por ejemplo en las burbujas de la economía, cuando los precios son altos, los inversores pecan de exceso de optimismo sin querer ver que los precios pronto caerán. Finalmente el tercer premiado fue Lars Peter Hansen que también analiza la valoración de los activos financieros en relación a las oscilaciones del mercado y la necesidad de compensar el riesgo en los casos de menos cobertura ante las adversidades.

La relación entre información y economía es evidente en el mundo empresarial y en el mundo político, como nos muestran ejemplos de la actualidad. Tenemos empresas que están en situación complicada en su valoración de los activos, como es el caso de Pescanova y Eroski . Ambas tienen un denominador común: la pérdida de valor de activos que alguien (pasivo) debe pagar, sean bancos, accionistas, fondos de capital riesgo o socios trabajadores.

La gestión de la información por parte de los responsables de las empresas indica caminos estratégicos que conducen a posiciones ganadoras o perdedoras. Hoy en día hay un exceso de información que a veces no deja ver o interpretar los indicadores relevantes que conducen al fracaso de forma poco saludable.

Salir de situaciones que se habrían podido evitar con la buena gestión de la información es muy difícil cuando se trata de inversores. Nadie quiere dejar de ganar y nadie quiere perder. Las inversiones con mayor riesgo son más rentables y más susceptibles de resultar en pérdida. Pescanova y Eroski producen valor y sus inversores no supieron ver el riesgo y decidir oportunamente. En la economía productiva o de servicios las posibilidades de quiebra tienen unos plazos alargados y si la información que circula refleja la realidad, normalmente hay tiempo para tomar medidas que resuelvan aumentos de riesgo no deseados. Entonces, parece que en estos casos que el problema no es la falta información sino que la que circulaba no contaba lo que pasaba realmente.

También en el ámbito de la economía de consumo, durante enero, las rebajas son el cebo para llenar los establecimientos de consumidores en la búsqueda de productos con unos precios más bajos que los originales.

Aunque los compradores aplican gran dosis de cautela pensando en la liquidación de la tarjeta de crédito de final de mes --que todavía recibe los restos de lo que ha sido la campaña de Navidad-- , las rebajas tienen gran éxito. En los titulares de la prensa y comentarios hay optimismo. Los consumidores se animan en las rebajas y buscan oportunidades para solucionar la temporada en ropa y menaje, fundamentalmente. Kantar nos dice que este año nos gastaremos 150 euros en las rebajas (140 el año pasado).

En cambio, el comercio de productos cotidianos, como la alimentación y limpieza e higiene, aplican unos precios sin rebaja y su técnica de atracción continuada en el establecimiento. Se basa más en las promociones, el surtido y también en la marca propia que ayuda a reducir el coste total de la cesta de la compra.

La información es la que otorga valor a los productos. El cliente que compra acepta que el valor esperado del bien se corresponda al precio que fija la empresa que lo vende. Lo más complicado es averiguar si el valor esperado se convertirá en real cuando se utilice el producto.

Es es esencial para averiguarlo y se hace difícil convertir el valor en precio, pues la información no es percibida de la misma manera para todos. Depende de la formación la experiencia, la confianza con el interlocutor, la reputación y el grado de complicidad o identificación con el producto.

En marketing hablamos de crear marca y de esta manera simplificar la búsqueda de información sobre el producto. A través de ella, conseguimos que con un simple logo, nombre, color, música, o icono rápidamente se relacione el valor con el precio y se acepte el producto. La marca da información y hace más eficientes las decisiones de compra (o de mercado) de los que comprenden o asimilan esta información.
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