Iglesias y Sánchez: sin salida

10 de enero de 2016 (04:00 CET)

Con todas las limitaciones derivadas del dominio de la Europa germánica y escandinava, el sur ha reaccionado a la gravedad de la situación económica (deuda, paro, emigración, inmigración norteña de África) con un viraje a la izquierda. Tsipras, Renzi y Costa representan este viraje.

El electorado español ha propuesto lo mismo. Y la dispersión de fuerzas situadas al centro progresista y a la izquierda no justifica que Pedro Sánchez no esté detrás de esta responsabilidad. España no tiene elecciones presidenciales sino parlamentarias, y por eso puede ser Presidente quien es capaz de aglutinar más diputados en la Cámara, no quien ha ganado en votos.

Entonces Pablo Iglesias, que probó en sus costillas el palo del 27S al haber hecho intervenciones etnicistas y reacias al proceso democrático hacia la soberanía, ha hecho un viraje para reconciliarse con el electorado indignado de la periferia del Estado. Aquel que sabe que su malestar social está íntimamente ligado a un modelo de Estado construido al servicio de la casta.

Por eso hemos visto un Iglesias desmelenado, reclamando el derecho de autodeterminación por las Españas, como no habíamos visto desde antes de la Transición. Los resultados han avalado esta posición. Podemos gana en Euskadi y Cataluña, y las convierte en naciones diferenciadas, hasta cuando votan en clave española. Y también emerge hacia la segunda posición en Valencia, Baleares, Aragón y Galicia.

Es curioso, pues, cómo se confirma una constante histórica: cuando los regímenes entran en crisis afloran las estructuras profundas de un territorio. Y aquí nos ha aparecido la España austricista, la carlista y la republicana, frente a la España borbónica, pseudoliberal y franquista donde el PP continúa dominando de forma holgada. Y también es en la España castellana donde C's consigue los mejores resultados, mientras se estrella en la periferia crítica. Finalmente también en plena crisis de régimen vuelve aflorar Al Andalus con su partido nacional: el PSOE.

En Cataluña, de tres diputados independentistas de hace cuatro años, se ha pasado a 17 y 12 senadores sobre 16. De seis diputados autodeterministas se ha pasado a 29, claramente por encima del españolismo unionista y del bipartidismo, que saca los peores resultados de la Historia. Por lo tanto, más allá de como acabe la teleserie de la CUP, el proceso saldrá adelante. Porque no es probable que en Madrid se forme un gobierno de izquierdas porque los barones del PSOE no quieren ceder en el derecho de autodeterminación. 

Pero en caso de que fuera posible y recibiera el apoyo pasivo del soberanismo catalán, el PP ha conservado la minoría de bloqueo para imponer un veto a cualquier iniciativa destinada a encarar la cuestión catalana. Veto que reproduce el Rey en su discurso, beligerante con los catalanes, que sólo sanciona a los soberanistas por romper la unidad y no dedica ninguna frase a los separadores, que colman los partidos de la casta y sus medios de comunicación. 

Esta es la situación donde Cataluña, con los obstáculos que haga falta, irá tirando hacia adelante; y en cambio el Gobierno español se moverá entre la inestabilidad de un gobierno de izquierdas condicionado por los secesionistas, o un gobierno de sacrosanta unidad a tres bandas, incapaz de compartir un programa de reformas en profundidad en un Estado fallido. España entra en zona de riesgo y la prima del mismo nombre ya lo nota. ¡Feliz año nuevo!
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