Iceta esquía y Junqueras patina

14 de noviembre de 2014 (00:00 CET)

El decidido interés de Artur Mas por preservarse en el poder juega a favor de lo que se llama socio-convergencia y para eso por ahora se va consolidando la estrategia de Miquel Iceta. Mas, en tal caso, buscaría una ruptura o distanciación con ERC para aparentar que su única opción es garantizar la gobernabilidad en lugar de ir a unas elecciones anticipadas que llevarían a Oriol Junqueras a la Generalitat.

Si este es el propósito de Mas, tendrá que actuar con mucha astucia si no quiere que los sectores independentistas que pretenden llegar hasta el final no le llamen traidor. ¿Es Artur Mas un político astuto? En realidad, únicamente cuando se aferra al poder sea como sea. Y sabe que ERC puede entrar en línea descendente si la circunstancia actual del nacionalismo deriva en desmovilización, algo de cierta lógica natural. De lo contrario, es difícil descartar un enfrentamiento en cadena.

En ERC avanza el desconcierto. Mas acaba de mortificarles escenificando su mejor feeling con el PSC de Iceta. ¿Qué posibilidades tiene esta operación? Se le suponen apoyos mediáticos porque vendría a ser como una tercera vía. Algunos dijimos que la tercera vía podía resultar siempre y cuando no se definiera demasiado.

En el caso de la socio-convergencia, el PSC garantiza el apoyo parlamentario al gobierno de CiU y gana tiempo para irse readaptando electoralmente, recuperando imagen de partido indispensable para la gobernabilidad. Y Mas, se mantiene en el poder, gana tiempo para pararle los pies a ERC y recupera un mínimo de margen para posibles acuerdos --de cada vez más difíciles-- con La Moncloa. Evita que en Convergència aparezca un sucesor y que Unió se vaya por su cuenta.

 
Mas tantea la cita con el PSC, cuando los socialistas han sido históricamente los grandes enemigos de Convergència
A su modo, Miquel Iceta podría convertirse en la baza útil de todos los grupos de poder  --lobbies o no-- que consideran que la independencia perjudicaría los intereses reales de Cataluña. El grueso del empresariado estaría en esta tesis, prácticamente todo el mundo financiero y, en fin, la clase media catalanista a la que la secesión le produce vértigo. Para Iceta, el problema es concretar al máximo la letra pequeña del acuerdo porque no está claro que Artur Mas, políticamente hablando, cumpla siempre con la palabra dada.

A cambio de la estabilidad presupuestaria y de gobierno, de la habilidad y dureza negociadora de Iceta dependería que las contrapartidas a pie de página queden suficientemente claras, al menos para PSC y CiU, además de ahorrarse ambos unas elecciones anticipadas. Tal vez entonces Artur Mas pudiera dedicar parte de sus energías a la gestión y administración de la Generalitat. En fin, ahí los nuevos aliados ganarían dos años.

Parece evidente que a Artur Mas no le importa el color del gato siempre y cuando le cace ratones, como dicen los chinos. En su primera legislatura pactó con el PP y ya nadie se acuerda. Ahora tantea la cita con el PSC, cuando los socialistas han sido históricamente los grandes enemigos de Convergència. Y, entretanto, de cara a la galería secesionista, se ha dado un abrazo espectacular con el líder de la CUP. Ponga un okupa en su vida si se trata de sobrevivir.
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