Iberia: ser o no ser empresa global

17 de febrero de 2013 (23:40 CET)

Durante los últimos días, el conflicto que Iberia arrastra desde hace meses, quizá desde su alianza con British Airways, ha emergido nuevamente con fuerza. La solución adoptada por International Airlines Group (IAG) consistirá en reducir el tamaño de la compañía en un 15% y disminuir la plantilla de forma significativa.

Siguiendo las informaciones publicadas, y evaluando las problemáticas del transporte aéreo con especialistas en logística de Algevasa, tengo el convencimiento de que los análisis sobre las problemáticas que afronta Iberia tienen una doble vertiente.

O bien siguen patrones propios de épocas pretéritas, donde las compañías aéreas formaban parte de los símbolos de los estados, como la bandera, la moneda, o el himno. O las decisiones siguen basándose en modelos de internacionalización propios del siglo XIX. En este caso, no se considera que la globalización haya cambiado completamente los hábitos de consumo, de interrelación personal, de desarrollo profesional, y muy especialmente el modelo de negocio de las organizaciones empresariales que tienen su actividad a nivel internacional.

Hoy en día, más allá de la actual situación de recesión en que se encuentran ciertas áreas del planeta, las empresas ya no sólo deben decidir si su estrategia de negocio es local o internacional. Las compañías deben decidir si su actuación en el extranjero se limita a algunos mercados siguiendo las estrategias multinacionales del siglo XX, o deben asumir el reto de ser empresas globales gracias a las oportunidades surgidas por la desaparición de las barreras comerciales.

Actualmente todo está interconectado en tiempo real, lo que permite que las empresas, que hacen las cosas mejor y con valores diferenciales, se desplacen rápidamente de aquella que sigue con modelos de decisión y organización rígidos y poco adaptativos

Poder operar con eficiencia en diversos países, pensando en el mundo en su totalidad, es el reto de las sociedades globales. Sin duda, aquellas que dedican su actividad en potenciar la globalización, muy especialmente las dedicadas al trasporte de persones, datos y productos, o las que impulsan el desarrollo tecnológico, deben ser globales o dejan de existir más pronto que tarde.

Iberia debería tener por objetivo convertirse en empresa global, ya sea sola o con alianzas. Atendiendo a su tamaño y capacidad, la estrategia exige forzosamente crecer en base a fusiones, pero con planteamientos de igual a igual y no como el acuerdo con British Airways. Éste comporta la lenta agonía a la que se ve sometida toda compañía que es absorbida para potenciar a quien la absorbe.

Iberia se encuentra en la encrucijada de ser o no ser una firma global, un hecho que parece olvidado por sus dirigentes que adoptan decisiones pensando en recuperar la rentabilidad a corto plazo. Las medidas planteadas pueden comportar que la aerolínea española recupere la senda de los beneficios, pero serán obtenidos por una empresa que verá reducido su tamaño, y que avanza justo en sentido contrario al que deben evolucionar las sociedades que quieran seguir competiendo en el siglo XXI.

Por ello, la solución de Iberia no debería ser reducir su volumen, sino que debería ser justo lo contrario: crecer mediante fusiones para convertirse en empresa global. Una decisión compleja, ya que para ello debe plantearse la marcha atrás del acuerdo con British. Motivos y razones jurídicamente sostenibles probablemente no le falten.
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