Heredar en España: suplicio fiscal

06 de agosto de 2015 (13:26 CET)

Paradoja de las paradojas, desde que se inició la crisis se han triplicado las renuncias a las herencias en España. Razón: en muchas ocasiones recibirlas se convierte en una pesadilla.  Según los notarios y abogados, el impuesto de sucesiones se ha convertido en un galimatías, con bonificaciones y exenciones a gusto de cada comunidad autónoma.

Además, una hidra de burocracias, trámites, tasas, pagos a notarios y abogados acompañan un proceso que obliga al beneficiario a pagar antes de recibir nada. A veces, el heredero tira la toalla y lo manda todo a paseo. Según datos del Consejo General de Notariado, el año pasado se produjeron 359.294 legados y nada menos que el 9,5 % ( 34.320) fueron rechazados. La palma se la llevaron las autonomías que tienen los impuestos sobre sucesiones más altos, Asturias, Andalucía y Murcia, pero los herederos de todas se lo piensan mucho antes de aceptar una herencia de tíos a sobrinos, en las que las haciendas se quedan hasta un 30%. Y por adelantado.  

Muchas de las renuncias tienen que ver con la falta de liquidez del heredero. Cuando a uno le dejan en herencia un piso pero no dinero, si la propiedad tiene cargas, el ciudadano debe responder con sus propios recursos."El problema no es que la gente pague un impuesto, es que les obligan a pagarlo muy pronto y tardan mucho en recibir su dinero", asegura un abogado especializado.

Los bancos son reacios a dar créditos en estos casos y en muchas ocasiones la vivienda se malvende para poder obtener el efectivo con el que pagar los impuestos. Si no se encuentra comprador, al no poder entregarse el bien como forma de pago, los clientes se plantean la renuncia. También hay situaciones en las que los familiares heredan avales o deudas. Entonces, rechazo suele ser automático.

Actualmente existen 20 regímenes tributarios vigentes en España, que recaudan más de 2.000 millones de euros al año. A las 15 legislaciones de comunidades de régimen común hay que sumar las tres de las diputaciones forales vacas, una por Navarra y otra más por la norma estatal, que para más inri fue censurada el año pasado por una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

La diferencia entre lo que se paga en una comunidad autónoma u otra puede ser de hasta cien veces más. El Consejo General de Economistas expuso hace poco este ejemplo de disparidad fiscal. Un andaluz de 30 años que acaba de recibir una herencia de 800.000 euros de su difunto padre, de los cuales 200.000 corresponden al valor de la vivienda del fallecido, tendría que abonar por el impuesto de sucesiones 164.049 euros. Si el heredero fuese gallego pagaría tres veces menos, 55.180 euros, y si fuera de Madrid la cantidad descendería a los 1.585.

Los principales partidos que se presentaron a las pasadas elecciones han expresado la intención de cambiar estos tributos, los que más han subido durante la crisis y los más controvertidos en el sistema fiscal. Ciudadanos aboga por armonizarlos para que sean similares en toda España. El PP no desdeña establecer unos topes mínimos pero liga la reforma a la polémica financiación autonómica. El PSOE no lo tiene muy claro pero tras el pacto con Podemos en Castilla-La Mancha se ha anunciado en esta comunidad una reducción del mínimo exento de tributación y la intención de gravar según el nivel de renta del receptor.

La falta de gestión y la obsolescencia de una legislación que se remonta a los años 80, con parches autonómicos según interese al gobernante, lleva al Estado a dejar de recaudar una cantidad considerable. En lo que va de 2015 el Ministerio de Economía y Hacienda ha cogido 5,6 millones de euros por herencias sin receptores, pero las gestoras de herencias calculan que unos 3.000 millones de euros se quedan al año en un limbo esperando que un heredero los reclame. Sin duda, es menos laborioso y efectivo para el departamento de Montoro subir algún punto el IRPF.

Tal como están las cosas, sobre todo si hay coherederos puntillosos y amigos de dilaciones y pleitos,  continúa vigente el viejo dicho popular que apunta que una herencia sin problemas, no es herencia, es milagro.

 

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