Hacen cosas

28 de febrero de 2016 (01:00 CET)

Esta semana, el autor de 'Somos sentimientos y tenemos seres humanos', antes había pronunciado otra frase que triunfó en las redes: "los catalanes hacen cosas". Pero creo que aquí acertó. Porque muchos miembros de la casta española sólo actúan en clave carroñera, como la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, que ha verbalizado su voluntad de robar el Mobile World Congress hacia el Km0. O la familia real, que ha quedado muy retratada esta semana por las declaraciones de Torres en el juicio del caso Nóos como inventora avant la lettre de la economía circular.

Los asesores del Rey, su abogado y miembros de hacienda, así como su albacea y amante Corinna aconsejaban a la Infanta y sus moscardones cómo evadir la legalidad y embolsarse dinero sin ánimo de lucro y prescindiendo de impuestos. Y una de las maneras era auto contratándose, pagando desde Nóos trabajos inexistentes a Torres y Urdargarin. Economía circular, como decía.

Otro bucle es el de la política española, donde la estrategia de la oligarquía se ha afinado apostando por un pacto de centro-derecha jacobino y gatopardiano entre PSOE y C´s. De Cataluña y Podemos, ni hablar. O sea, lo de siempre: muerte al rojo-separatismo. De paso obligan a las estructuras del PP a mover ficha cargándose la reina, para hacer posible una abstención ahora, o bien un acuerdo a tres bandas antes o después de las nuevas elecciones con un presidente tecnócrata.

Este clima instalado en la capital es propio de búnker donde las aves carroñeras sólo saben depredar sus entornos, pero en el que sus inquilinos son incapaces de proponer una alternativa de cambio estructural del modelo económico, social, cultural y territorial del Estado. Y por eso, ante este panorama estático, Rajoy tiene razón: "los catalanes hacen cosas".

Cosas como que el congreso del móvil cierre la edición con récord de asistentes, superando los 100.000 visitantes y que se repita el año que viene. Que sea un éxito total del pabellón del grafeno al MWC, dónde han triunfado los centros y empresas catalanas punteras en este material de futuro, liderados por el ICFO. Que se haya evidenciado en el MWC una explosión de empresas emergentes en el entorno de las innovaciones tecnológicas.

Y al mismo tiempo que hay una mejora significativa de la economía catalana, con 12.800 empresas IT y 84.000 empleados. Que este año el 62% de las inversiones en España en start ups se lo haya llevado Cataluña. Que nuevas multinacionales se asientan en Barcelona como territorio living lab, de laboratorio de ideas y de experimentación. Que Nestlé crea en Barcelona su centro mundial de servicios digitales.

Y finalmente, que el corpus histórico legal, el Derecho Civil catalán, finaliza su puesta al día con el último volumen dedicado especialmente a los contratos y a la compra-venta, por lo tanto con un certero impacto sobre la eficiencia económica y el mercado. Ni Franco pudo acabar con el derecho civil propio. Por eso, ¿qué es una nación sino un grupo de gente que reconocen unos derechos unos a los otros, muy anteriores a cualquier constitución española?

Está claro que algunos hacemos cosas, como dice Rajoy, mientras otros que están atrapados en el tiempo nos quieren poner todos los obstáculos. Y esto no es bueno cuando estamos a las puertas de un reto ecológico brutal, de una parada traumática del modelo de desarrollo de los estados hasta hace poco tractores globales, y con una crisis de identidad europea canalizada por el problema de la deuda y la emergencia humanitaria de los refugiados.

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