Hablando de periodismo en Galicia

15 de diciembre de 2012 (17:14 CET)

El pasado jueves, día 12, a despecho de cualquier vaticinio agorero sobre la proximidad del fin del mundo o algo parecido, Economía Digital presentó en sociedad su edición gallega. Lo hicimos en el magnífico Museo de Arte Contemporáneo, una instalación cedida para la ocasión por Gas Natural Fenosa, propietarios de la institución cultural.

El acto constituía un buen momento para reflexionar en voz alta sobre nuestro proyecto periodístico. La oportunidad de explicar al centenar de empresarios, profesionales y autoridades gallegas que asistieron lo que hacemos y por qué nos permitió actualizar algunas de las reflexiones que dieron origen hace poco más de dos años a Economía Digital.

“La historia ya no camina, salta”, dijo en una ocasión el ensayista y financiero norteamericano de origen libanés, Nassim Taleb, y visto lo ocurrido en estos veinte y pico meses tenemos que darle la razón: la crisis de la industria tradicional de la información se ha agravado hasta extremos insoportables y en estos momentos hay dudas razonables sobre la continuidad de algunas de las enseñas más destacadas del sector. Los roles de producción, distribución y comercialización que sustentaban los viejos modelos de negocio han saltado por los aires.

Hace algo más de dos años, ya nadie podía ignorar la profundidad de la crisis en la que estábamos inmersos; si acaso, podía ser más optimista sobre su evolución de lo que la realidad le habrá demostrado a posteriori. Ciertamente, la situación es peor, mucho peor, de lo que muchos podían entonces, podíamos, imaginar.

Un botón de muestra: Pedro J. Ramírez, director general editorial del grupo Unedisa (El Mundo, Expansión, Marca…), publicaba recientemente un dato: en este 2012, el sector facturará un 45% de lo que fueron sus ventas en el… ¡2007! En este escenario no es de extrañar que los medios de comunicación tradicionales vengan siendo más noticia por los EREs que anuncian que por lo que publican.

Cuando arrancamos, efectivamente, el marco de la crisis ya estaba bien definido, no así la profundidad del hundimiento económico ni su duración. Y, sin embargo, pusimos en marcha nuestro proyecto y hoy nuestro balance es muy positivo. Ahí está nuestro crecimiento en número de usuarios únicos y la consolidación de nuestra apuesta en términos de ediciones que nos acercan a las diferentes realidades territoriales (Valencia y Madrid) y de nuevos productos como 02B y Diario Gol.

Estando de acuerdo en que la crisis podía desalentar cualquier nuevo proyecto, un grupo de profesionales y periodistas iniciamos esta nueva etapa de Economía Digital con humildad, ambición y sobre todo convencidos de que podíamos aportar un hecho diferencial y, por lo tanto, valor al panorama informativo reinante entonces y con algunas variantes hoy.

¿Dónde estaba la diferencia? En que nosotros creíamos que la crisis de los medios de comunicación no era atribuible en exclusiva ni mucho menos a la crisis general, ni tampoco a la irrupción de Internet y los cambios que provocaba en los hábitos de consumo de la información. Nosotros estábamos convencidos, y lo estamos, de que los editores, en primer lugar, y los periodistas teníamos mucho que ver en nuestra crisis.

Demasiado próximos al establishment, demasiado obsesionados con no descarrilar del pensamiento único, demasiado preocupados por generar complicidades con los diferentes poderes (políticos y económicos), demasiado obsesionados por licencias diversas y favores a devolver, nos habíamos olvidado de hacer periodismo, es decir de explicar aquello que no se sabe y hacerlo bien. El escritor Juan Villoro nos describía recientemente en la Feria del Libro de Guadalajara con una imagen que vale la pena mencionar: “los periodistas se habían hecho más gordos a la vez que los periódicos se hacían más delgados”.

Tenía razón, aunque disimuláramos esa delgadez con promociones de utensilios de cocina u otros productos de la más diversa índole o especiales pagados a un precio demasiado caro para el diario por instituciones y administraciones públicas o casi. Sin producto, sin historias diferentes que contar, dedicando muchas, demasiadas páginas, a ubicar correctamente aquello que nos querían contar en vez de preguntarnos por qué nos explicaban eso y no otra cosa, los periodistas nos hacíamos más gordos, nos acomodábamos delante de la pantalla de nuestro ordenador a la espera de que Google o los departamentos de comunicación nos dieran el material y nos olvidábamos de pensar críticamente, de bucear, de generar fuentes en vez de amigos interesados… y, consecuentemente, los lectores nos empezaron a abandonar, hartos de encontrar en todos los medios la misma insípida historia sólo matizada por el color político de los intereses del momento del editor de turno. Como vienen a mostrar mes tras meses las cifras facilitadas por los propios medios.

Para nosotros, en definitiva, el periodismo como tal ni está ni ha estado nunca en crisis. Si lo está y de qué manera un determinado modelo. La información, como otros oficios no sé si más o menos respetables, sigue siendo absolutamente necesaria y por tanto demandada; especialmente, cuando se acentúa la tendencia de administraciones y grandes corporaciones a ser cada vez menos y menos transparentes.

Hoy, dos años después de arrancar, seguimos creyendo y por ahora confirmamos que aquellos proyectos que intentan cada día poner su foco honestamente en la información, con rigor, independencia y creatividad, tienen ante sí un futuro prometedor. Hoy, mientras la industria tradicional de medios de comunicación prosigue su declive y llama insistentemente a la puerta de las diferentes administraciones en busca de árnica, bien sea mediante subvenciones, barreras a Google, ventajas fiscales o quizás otras martingalas, empieza a haber afortunadamente cada vez más ejemplos de proyectos periodísticos que están teniendo el respaldo que merecen.

Ésta es la reflexión que quisimos compartir en A Coruña con nuestros invitados en la presentación de Economía Digital de Galicia y mi impresión es que fue ampliamente compartida.
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