Grietas en el europeísmo de la Catalunya nacionalista

10 de marzo de 2014 (00:00 CET)

Un sector de la movilización secesionista ya reniega del ideal europeísta al constatar que la Unión Europea ha acogido el “proceso” de Artur Mas con una frialdad manifiesta. Otro sector soberanista está convencido de que al final la UE cederá, que Catalunya se independizará de España siguiendo en las instituciones de integración europea.

Un tercer sector, más catalanista que soberanista, de cada vez más nutrido, está considerando como maniobrar una disimulada marcha atrás para que la sociedad catalana reasuma el consenso de mejorar la presencia en España antes que quedarse en el extrarradio europeo.

 
El gran obstáculo para todo nuevo entendimiento entre la Generalitat y la Moncloa es ERC
Fue siempre pretensión del nacionalismo catalán ejercer un europeísmo superior al del resto de España. Es más: todavía no mucho antes de las dos últimas manifestaciones del 11-S, solía decirse que reclamar la independencia era innecesario porque el proceso de integración europea reducía tanto las soberanías de sus Estados-miembro que Catalunya acabaría siendo más parte de Europa que de España. Era un sofisma menor, considerando lo que ha venido después.

Por si no era suficientemente explícita, la postura del gobierno de Mariano Rajoy queda del todo clara al registrar el pasado viernes en el Congreso de los Diputados sus argumentos de rechazo a la petición para que se ceda a la Generalitat la facultad de convocarse un referéndum de secesión.

Quien supusiera otro escenario o bien peca de grave ingenuidad política o bien pretende que sus deseos se impongan de cualquier modo a la ley. En su día, el Plan Ibarretxe llegó a la Carrera de San Jerónimo y sus señorías rechazaron aquella petición del derecho a autodeterminarse por 313 votos en contra, 29 a favor y dos abstenciones. Ibarretxe volvió a su despacho y así acabó por aparecer Urkullu y ahí sigue.

Para Convergència, y especialmente Unió, va en incremento la insatisfacción por el abrazo de Artur Mas con ERC. Del europeísmo de ERC se sabe poco. Si se mide por la intervención de Oriol Junqueras amenazando con colapsar la economía catalana, la discrepancia con los pactos de estabilidad y crecimiento de la UE es energuménica.

En los últimos días se diría que Duran Lleida ha intensificado su labor de cuña. Y también los sectores más moderados de Convergència buscaban vías de salida.

El gran obstáculo para todo nuevo entendimiento entre la Generalitat y la Moncloa es ERC. Finalmente, Convergència y ERC van a las elecciones europeas por separado. Mas ha dicho que quienes se oponen a la independencia buscan la división del bloque soberanista. Naturalmente, porque lo contrario significaría que en Catalunya existe un monopolio de la práctica política. Además, el bloque soberanista se basta solo para la desavenencia interna.

Las iniciativas del catalanismo posibilista van contando con más apoyos, empresariales, por ejemplo, cívicos. Mientras tanto, el secesionismo se radicaliza y figuras convergentes como Homs o Rull aprovechan para incentivar la ruptura. En estos momentos, la gobernabilidad que CiU garantizó en épocas pasadas se ha convertido en un vacío inquietante.
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