Gracias presidente Mas, por fin hablamos de democracia real

15 de enero de 2015 (11:31 CET)

El 27 de septiembre de 1722 nació en Boston Samuel Adams, uno de los precursores de la independencia americana. Fue uno de los inspiradores del llamado Motín del Té en aquella capital estadounidense que actuó como elemento precursor de la independencia.

El 27 de septiembre de 2015, Artur Mas y Oriol Junqueras abanderarán opciones políticas en unas elecciones autonómicas catalanas en las que se dirimirá quién desea un país independiente de España y quiénes aceptan el estatus quo actual o con las modificaciones que sean necesarias, pero dentro de un idéntico contexto estatal.

Artur Mas no ha podido completar la legislatura, que finalizaba en los últimos meses de 2016. Un año antes, tendremos elecciones. En su anterior mandato, incluso con más diputados de su partido en la cámara catalana, tampoco fue capaz de agotar el mandato y en un acto de gallardía política sorpresiva también avanzó las elecciones antes de que se cumpliera la mitad del tiempo previsto.

Son dos fracasos sucesivos de Mas, que pese a todo comparece ante la opinión pública con el monocorde tono habitual para aleccionar a una parroquia a la que había vuelto loca en las últimas semanas. No tiene sentido del ridículo político (Tarradellas no se lo perdonaría) y por eso en las últimas horas hay más de un independentista que anda mosqueado con el presidente por sus demoras. También asistimos al primer fracaso de Junqueras, que quería unas elecciones en marzo y no las tendrá, además de verse obligado a someterse a Mas.

Que nadie se equivoque, Mas es incapaz de provocar un motín, como Adams en los EEUU, pero sí que se ha prestado al juego de convertir unas elecciones autonómicas en unos comicios de carácter (sólo de carácter) plebiscitario. Junqueras lo tiene muy claro: esta vez son unas elecciones para hacer un nuevo país.

Ha llegado, por tanto, la hora de la verdad. La ciudadanía catalana debe tener claro que se ha acabado el tiempo de los eufemismos y de las ambigüedades. Si vencen las opciones independentistas, las que ayer escenificaron una hipotética unidad en el objetivo final, el camino lo tienen claro y previsto. Sólo un derrota democrática en las urnas les hará desistir de la ensoñación en la que nos han sumido durante demasiado tiempo.

Más de una vez he pedido la dimisión y la retirada de Mas por su incapacidad política manifiesta. Hoy me rindo y le doy la gracias por convocar elecciones para acabar con el sainete que emprendió. Debemos estar agradecidos porque haya permitido finalmente que dejemos de hablar de hipotética democracia y se permita a los ciudadanos ejercerla de una puñetera vez. Ahora empieza otra fase, la de hablar de qué queremos, con quién, con qué orientación social y bajo qué liderazgos. Le auguro poco éxito personal. Seguramente ahí estriba la razón de su demora.
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