Germà Gordó: En el vórtice de Oriol Pujol

13 de julio de 2013 (16:29 CET)

Germà Gordó declara como testigo en el caso ITV, un asunto que se ha llevado por delante la carrera política del benjamín, Oriol Pujol. Vivimos la plenitud de los tejemanejes defensivos. Los amigos de Oriol tratando de levantar una empalizada que esconda su vergüenza y los socialistas entrando en un giro copernicano que va de Santillana del Mar (“la España en positivo” de Zapatero) hasta la “España de todos”, del pasado fin de semana, en Granada. Si el giro de los socialistas resulta una estafa, la empalizada convergente de la vergüenza no le va a la zaga. En esta segunda, abulta más el pecado que la expiación de la culpa.

Nunca había sido tan cierto: la obra de Gobierno nace de la retención y muere por la libertad. Vale para el caso ITV, para la lamentable concesión de Aguas Ter Llobregat (el monopolio natural de Agbar asaltado con asombrosa facilidad por el joven Entecanales) y también vale para el caso Millet, una vez que se ha probado la emergencia catalana de Ferrovial, gracias a los concursos públicos de la Generalitat. Hay indicios de que el partido nacionalista recibió diversos pagos de la empresa Ferrovial a cambio de la adjudicación de obra pública durante el último Gobierno de Jordi Pujol. Los documentos hallados en el Palau, en los que Fèlix Millet y Jordi Montull “dejaron por escrito cantidades y porcentajes, vinculados a obras” adjudicadas a Ferrovial, apuntan a una relación entre la adjudicación de esas obras y la actuación de CDC. Barcenazo en toda regla.

Enric Anglada, el magistrado del caso ITV --la presunta trama que intentó amañar una adjudicación pública en beneficio propio-- ha acordado llamar a otros cuatro ex altos cargos de la Generalitat como testigos. Son el exconsejero de Industria Francesc Xavier Mena; el ex subdirector general de Seguridad Industrial Albert Roig; el ex director general de Patrimonio Jacint Boixasa; y el exdiputado del Parlament Eudald Casadesús. La lista se extiende a dos abogadas de la Generalitat (Rosa Solero y Silvia Quesada) y a los empresarios Joaquín Ruiz (Revesa), José María Arnau (Atisae), Joaquim Coello y Fernando Basade (Applus) y Romà Miró (Certio).

Oriol Pujol mella lentamente a su partido. Germà Gordó no es carne de primera página, pero ha acabado formando parte del núcleo de confianza de Artur Mas, como en su momento fue David Madí o ahora Quico Homs, aunque no ha tenido la proyección mediática ni del uno ni del otro. Germà Gordó i Aubarell (Pobla de Segur, 1963) forma parte no sólo del comité ejecutivo del partido desde el 2004, sino también del secretariado permanente, el máximo órgano de dirección. Casado con tres hijos, católico como Mas, aunque el president es calvinista avant la lettre, a fuer de apostólico romano. Abogado de profesión, Gordó empezó en las jovenudes de Convergència. Destacó en las relaciones institucionales de Josep Laporte en Sanitat; después pasó por Ensenyament (etapa Joan Maria Pujals) hasta alcanzar la gerencia de la Associació Catalana de Municipis. Un expediente limpio de polvo y paja, hasta el toque patriótico de la ITV y claro, de aquellos polvos, estos lodos.

Los hechos investigados son de la pasada legislatura, cuando Gordó ejercía de secretario del Gobierno catalán y coordinaba los servicios jurídicos. Cuando CiU pasó a la oposición, Gordó estuvo a punto de dar el salto al sector privado, pero Mas lo repescó para hacerlo gerente del partido con control sobre las finanzas en una época oscura. Quizá hora se hubiese negado a aceptar. Cumplió con creces antes de que Pilar Rahola lo lanzara al espacio mediático con su libro La máscara del rey Artur (La Magrana). Rahola lo llama silente, opaco e influyente. Y da en el clavo: nadie habla de Gordó y quien habla, habla bien.

Gordó es más sabio que inspirado. Es el homo faber de CDC. Trabaja. Quizá a su pesar, ha bebido en los remolinos acuíferos que bajan del Pirineo a su paso por las pendientes de la Bonaigua, turbio manantial en el corazón del país real, la melodía infinita. Es licenciado en derecho y diplomado en Estudios Europeos por la Universidad de Grenoble. Ahora ejerce de testigo, en un caso en el que la templanza le ganará la partida a la molicie.

El caso ITV va derecho hacia un juicio popular; y, si hay juicio oral, también se sentarán en el banquillo Sergi Pastor, Ricard Puignou y Sergi Alsina; este último, íntimo amigo de Oriol. Alsina le entregó 200.000 euros a Anna Vidal, esposa del benjamín, para asesorar una reconversión industrial de las que cuestan cientos de desempleos.

El ITV será sonado aunque menos de lo esperado porque el Juez desestimó la imputación de Xavier Pujol, Ceo de Ficosa; también de Pedro Navarrete, ex presidente de Sony España, y de su esposa, María Jesús Muro. Anglada aguantó el envite. Denegó una petición del sindicato ultra Manos Limpias (¿corazón oscuro?). Faltaba eso, que la horda judicial de Miquel Bernard, germinado a la sombra del notario Blas Piñar, líder de Manos Limpias, entrara en formación de combate por la Puerta Sur de Barcelona.
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