Geografía

05 de abril de 2014 (11:57 CET)

Esta semana he tenido ocasión de visitar el Salón internacional de Turismo de Catalunya y las cifras que se prevé de movimiento del turismo emisor remontan por primera vez desde hace unos cuantos años.

El mismo día, veo en la televisión una cola de potenciales compradores de un lote de viviendas nuevas puestas a la venta en Barcelona. Señal que la parte de la clase media que ha tenido la suerte de estar situada en ámbitos
laborales sin riesgo, sea en la administración, sea en empresas multinacionales o en empresas exportadoras, empieza a tener la sensación de exceso de ahorro; y sobre todo de encogimiento del ahorro por la nula confianza en la banca y por las escasas ofertas interesantes de productos bancarios; o bien por la continuidad de las ofertas de siempre
basadas en rendimientos variables puestas al servicio de los tiburones que nos han traído la crisis y que se benefician de la crisis.

Un ahorrador pequeño o mediano, una vez que ha garantizado de varias maneras y con diversificación lo que considera prudente, vuelve a pensar en el consumo ocioso o en la inversión inmobiliaria como salida al ahorro. Como decía García Montalvo, se trata de una pequeña inversión para poner pisos en alquiler en zonas donde se sabe que hay carencia de oferta. Y no hay que especular con los precios. Poniendo precios a la baja, con un mercado todavía demasiado alto de alquileres se pueden sacar rendimientos al dinero superiores al interés casi cero o negativo que dan los bancos.

Es evidente que el factor geográfico y turístico marca el mapa de la reactivación. Las zonas en el entorno barcelonés donde la demanda de apartamentos turísticos continúa creciendo explica en parte la reactivación inmobiliaria. Atención, sin embargo, porque la avaricia rompe el saco, y si el proceso de turistificación inmobiliaria no se regula con ordenanzas municipales, puede llegar a producirse una desertización de población autóctona en barrios enteros y ésto es el prólogo de la conversión de partes de la ciudad en parques temáticos de cartón piedra, caros para vivir mientras son feudo de turistas y zonas degradadas por población marginada cuando son abandonados por los primeros.

Observaba la presencia de stands territoriales en el SITC http://www.saloturisme.com/ca/home y comprobaba como el factor geográfico influye de una forma obvia en el mercado turístico. Los stands con más presencia eran los de las comunidades autónomas del valle del Ebro y la antigua Corona de Aragón, y el Languedoc- Rosselló con Mediodía-Pirineos. Pero cuando miramos los datos de receptores, también sabemos que el turismo francés, especialmente el occitano y de los territorios del Ebro y de los Países Catalanes es el principal en Catalunya.

Si traspasáramos este ámbito económico para pasar al del conjunto de las balanzas comerciales acabaríamos de rematar el análisis. Ahora que el peso de la balanza comercial con España ya es minoritario, comparado con
el flujo internacional de Catalunya, continúa siendo estable el porcentaje en el entorno del 60% de intercambios de Catalunya con los territorios del Valle del Ebro y antigua Corona de Aragón: Cantabria, Euskadi, Navarra, La Rioja, Aragón, Valencia y las Baleares. Y a escala europea, Francia liderando como siempre el ranking. Nos faltaría encontrar los datos desagradados por regiones francesas.

Pensaba en la influencia del factor geográfico en la política y la economía cuando esta semana también visité el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona (un 10 en la remodelación del relato) con ocasión de la exposición El mundo en 1700. Allí se ve cómo éste sujeto político no reconocido que es Catalunya estuvo presente en dos momentos claves de la formación de la nueva Europa. En la Paz de Wesfalia donde por primera vez los emergentes Estados nación  impusieron sus intereses a los de los Imperios y el Pontificado.

Sólo un mal azar histórico hizo que gracias a la resistencia y derrota de Catalunya en la Guerra de Secesión a manos de Castilla, Portugal y los Países Bajos aparecieran en Europa entonces. Unos años más tarde, la Guerra del 1705-14 fue la primera guerra mundial librada también en las colonias y por las colonias entre los imperios en vías de degradación
como el español y el portugués, y los emergentes como Inglaterra, Países Bajos y Francia, con Catalunya como campo de batalla y moneda de cambio.

Pero bien, no era esta la principal reflexión. En la visita a la parte ibero-romana-visigótica situada en los sótanos de la actual Plaza del Rey, se veían las factorías de garum y salaons y las bodegas de vino de la Laietània que se exportaban masivamente hacia territorios del Ebro, Languedoc y Provenza y costas italianas. Subías un piso, te situabas en la época del esplendor medieval cuando Barcelona era capital de un imperio catalán y el mapa de los intercambios comerciales coincidía en el núcleo duro, y se expansionaba hacia el conjunto del Mediterráneo y la Europa hanseática. Siempre, por tanto, queda la percepción que Iberia, la auténtica Iberia, tierras de los Iberos, la cuenca del Ebro- y la cuenca alta del Garona con Tolosa y la baja del Ródano con Marsella--, eran un auténtico mercado interior y de proximidad catalán.

Es la fuerza de la geografía, que sumada con la acumulación de acciones sociales a lo largo de la historia configuran las culturas y las naciones. No los lazos de sangre, esgrimidos por Rajoy en un regreso peligroso a las teorías étnicas que han alimentado las ideologías raciales y hegemónicas en el centro y este de Europa. Los pueblos de costa, acogedores de inmigración y comercio han tendido a modelos económicos y políticos más abiertos que los pueblos continentales con tendencia al control territorial y a la autarquía.

También está claro que las luchas sociales en el seno de cada territorio y su grado de autodeterminación o heterodeterminación acaban determinando el nivel de justicia y progreso material. Tartesos y el Andalus --pueblos marítimos y comerciales- habían sido más ricos y justos relativamente que el resto de la península.

La ruptura del sistema social con la conquista feudal y terrateniente castellana que impuso un modelo social que todavía dura, cambió la realidad de un territorio. Sólo un cambio social y de orientación al mediterráneo y no hacia Madrid, podría cambiar su destino. De hecho centenares de miles de los que no se resignaban y lucharon por un cambio en los 30 y perdieron, se refugiaron en Catalunya.

Y de aquí ha salido, no por mezcla de sangre, sino por proyecto de emancipación compartido, una sociedad básicamente cohesionada, pero con valores sociales, personales, políticos etc, diferentes de los consolidados en los territorios de hegemonía de la casta continental.

Dos apostillas:

Geografía también debe de ser la explicación del por qué Grífols que ya sólo tiene el 10% del negocio en España y la mayoría en EE.UU y Canadá, se permita decir a Mas no se arrugue. El único empresario totalmente productivo del Ibex y que recuerdo que cuando lo fui a visitar hace años me dijo que nadie de los gobiernos anteriores había ido y que pasaba de la administración, a la inversa de otros grupos farmacéuticos colgados del presupuesto público.

El Salón del Turismo de Catalunya, tenía un espléndido stand de Turismo de Catalunya con los destinos y los productos muy ordenados. En cambio en el Salón eché de menos una mejora de la situación de los stands de los municipios que iban por libre; y si se quiere que sea un salón del Mediterráneo, faltaba una visualización de este hecho, empezando para lamentar la ausencia de importantes destinos mediterráneos.

Geografía, todo es geografía.
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