Gavà le atiza un ‘zasca’ en el morro a los políticos que dicen luchar contra el paro

13 de febrero de 2014 (00:00 CET)

Hay un ayuntamiento en España que se ha tomado en serio que el principal problema del país no es otro que el desempleo. Es de agradecer que el municipio catalán de Gavà haya decidido anteponer los intereses de los ciudadanos a las consignas de los partidos, a las políticas superestructurales decididas por alguien en algún amplio pero impersonal despacho.

Lo que hace Gavà, que Marta Sánchez explica con detalle, es sencillo. Pone dinero público para incentivar de manera directa que las empresas del municipio contraten parados. Un año, por ejemplo, y el consistorio paga la mitad de la nómina. A los autónomos unas cuantas cuotas a cargo del pueblo y toda la ayuda para sortear el marasmo administrativo que supone crear e impulsar una empresa.

Nada tiene que ver esta iniciativa con aquellas tonterías de las anteriores crisis, que parecían más preocupadas por capitalizar el rédito de las políticas de empleo que por sus efectos. Me refiero a las escuelas-taller o a la contratación directa de los ayuntamientos, que con unos planes de empleo extraños veían crecer sus brigadas, de obras, los equipos de jardinería, los de la recogida de residuos… Vamos, los antecedentes del Plan-E, que reduciendo al absurdo fue el invento de Zapatero para pintar carriles bicis en prácticamente todos los senderos de España…

 
Es una pequeña iniciativa, pero destila creatividad y proximidad del político a los problemas reales

La izquierda estaba preocupada en los ochenta por el paro. Por eso con mano inocente practicaba políticas de auxilio social cuyo coste era desmesurado para unos efectos discutibles. Seguro que los que conducían el Inem en aquellos años, todos supermegasocialistas de los pies a la cabeza (Ramon Salabert, Maravillas Rojo…), no repetirían la mayoría de estropicios que cometieron entonces. Hoy, la derecha, los Báñez, De Guindos, Montoro and cia., sencillamente no saben qué hacer.

Porque la creatividad estuvo, está y (temo) estará ausente, reñida casi siempre con la política. Por eso merece la pena alabar la iniciativa de Gavà. En ocasiones todo es mucho más sencillo de lo que parece, se trata de resolver los problemas rápido y de raíz. Que ese gesto del municipio barcelonés contribuye, pues que alguien tome nota y lo extienda antes de que lleguen los teóricos, hagan carísimos informes sobre utilidad-y-eficiencia-de-las-políticas-de-las-administraciones-locales-metropolitanas-en-materia-de-incentivación-del-empleo-no-cualificado, y volvamos a que ayuntamientos y diputaciones se gasten nuestros recursos con la desvergüenza de otras épocas en las que haber pasado por unas elecciones locales constituía una coartada indiscutible para ser torpe en la gestión de lo público.

Gavà no es más que un grano en un granero, una gota en un océano, pero también es una muestra inequívoca de que existen alcaldes con creatividad. Éste, el socialista Joaquim Balsera, se ha ganado mi simpatía. Por valiente, por próximo, por alcalde, ¡qué narices!
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