Frangela Merkhollande no va

08 de enero de 2014 (00:00 CET)

Las economías de Francia y Alemania están en divergencia. Un crecimiento dispar las distancia. Hace unos años, cuando el eje franco-alemán flaqueaba, la costumbre era decir que se trataba de una “entente” con una mala salud de hierro.

Al fin y al cabo la habían forjado De Gaulle y Adenauer después de la Segunda Guerra Mundial, pasó por el dúo Kohl-Mitterrand y tuvo momentos de nervios entre Sarkozy y Merkel, pero los dos acabaron cediendo parte de sus cotas para que siguiera la cohabitación.

Ahora la Francia de François Hollande acumula los síntomas del declive, anunciado por diagnósticos en su día polémicos. No es solo que sea difícil el acuerdo entre un Hollande ideológico y una Merkel de ubicuidad pragmática: es que la desproporción entre Francia y Alemania va en aumento y que la configuración del poder en la Unión Europea está cambiando.

Alemania es hoy un país desacomplejado pero al que le cuesta asumir peso geopolítico. Francia se acompleja y envía tropas a Mali sin que la popularidad de Hollande mejore. Alemania se ha cansado de pagar y eso tiene perplejos a los estrategas de Paris.
 
 
Alemania ha pagado todas las deudas históricas que la tuvieron atenazada. Ya cayó el Muro
Berlín gana en Bruselas y Francia pierde. Newsweek habla de “la caída de Francia”. Es un eje muy en precario y eso afecta a todo el equilibrio en la Europa comunitaria. Varía la relación entre los miembros de la Unión Europea, como es el caso de España, por lo que urge un mayor consenso en nuestra estrategia europea. En un contexto de alianzas variables, la ductilidad es esencial, en interés del bien común.

El tándem Frangela Merkehollande solo se sostiene como una ficción. En estos momentos y aunque únicamente como indicio, la relación germano-polaca tiene más vigencia. Alemania sostiene el euro y exige austeridad a todos. Hollande, en cambio, no se aviene a la austeridad y el ala derecha de su partido propone a Merkel como chivo expiatorio. En paralelo, Marine Le Pen sube mucho en las encuestas con un mensaje de germanofobia.

Francia --con Holanda-- votó “no” en el referéndum de 2005 sobre el Tratado Constitucional. Al día siguiente, Angela Merkel tuvo que ponerse al timón para evitar daños colaterales. Sin Merkel buscarlo expresamente, Francia hizo más visible que ella arbitrara en el sistema europeo. Lo hizo arriesgándose al castigo de un electorado nacional con pocas ganas de riesgos europeístas.

Algo parecido ha ocurrido con la crisis económica, cuando Merkel ha sugerido a sus socios la incrustación constitucional de la “regla de oro”. Ahora el eje franco-alemán concebido para que Alemania se asiera siempre de Francia parece haber explosionado. Frangela Merkehollande está ya a la espera de un contrato a tiempo parcial.
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