Francesc Santacana, promotor de iniciativas cívicas

Rafael Suñol

19 de octubre de 2014 (16:20 CET)

El Ayuntamiento de Barcelona concedió la medalla de oro al mérito cívico, a título póstumo, al economista Francesc Santacana, en un acto de reconocimiento a su labor, celebrado en el Saló de Cent. Santacana murió esta última primavera pero las principales instituciones que promovió, plan metropolitano de Barcelona, Colegio de Economistas, Fundació Bosch Gimpera (UB) y la fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD) decidieron rendirle un homenaje, donde se plasmó lo mucho y bien que había trabajado para la colectividad.

Tras mi breve paso como decano del Col·legi d'Economistes, Francesc me sucedió y le dio un fuerte impulso. La característica principal era su empuje. En cualquier función, y en cualquier administración. Era una especie de motor que germinaba ideas y proyectos sin descansar. Y presionaba. Estaba seguro de lo que hacía. Escuchaba sí, pero inmediatamente se ponía manos a la obra, con recursos o sin, intentando hacer cómplices al mayor número posible de responsables políticos y cívicos.

En los años ochenta, la planificación no estaba de moda. Los famosos planes franceses de desarrollo ya no atraían a casi nadie y de la planificación soviética más vale no hablar. Santacana en 1988 convenció al alcalde Maragall de crear una célula participativa de responsables municipales y sociales para pensar el futuro de nuestra ciudad. De ahí nace el pla econòmic i social de Barcelona, el plan metropolitano, que dirigió, agitó y exportó hasta la jubilación.

Éste se convirtió en un núcleo de pensamiento y acción con el resto del área metropolitana (AMB). Después de los Juegos Olímpicos, era fundamental explotar el indudable éxito pero también aprovechar las inversiones realizadas, y, en especial, estabilizar las finanzas. El plan fue la "cocina" de ideas que hoy vemos plasmadas en la evolución de Barcelona. Incorporó a científicos, empresarios, sindicatos, organizaciones cívicas, a la universidad y a cualquiera que tuviera algo que aportar.

Barcelona puede sentirse orgullosa del trabajo realizado por su plan, que no hubiera sido posible sin la impronta de Santacana.

Como todavía tenía tiempo libre e inquietud, convenció al rector Josep Maria Bricall de impulsar la innovación y la transferencia entre la universidad y la empresa. Hoy constatamos que el progreso de una sociedad sólo se alcanza si es eficaz la relación entre los emprendedores empresariales y la investigación científico-técnica. De esta idea nació la Fundació Bosch Gimpera que él impulsó.

Alineado con el necesario fortalecimiento de las entidades universitarias, promovió la fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD) con la ayuda inestimable de Ana Patricia Botín y otros empresarios, como foro de discusión para acercar el mundo universitario al de la empresa. En esta misma línea fue un miembro destacado de la Fundación Círculo de Economía, promoviendo la excelencia educativa en colegios e institutos de Catalunya.

Santacana era optimista, le gustaba polemizar, crítico y exigente. Era muy bueno como "jugador de medio campo", aquel que organiza y reparte juego, que conoce como nadie, porque le dedicaba mucho tiempo a las distintas realidades del territorio y la relación de éste con la industria, la investigación y, en especial, las instituciones.

Era lo que podríamos llamar en el buen sentido de la palabra un facilitador y estimulador de iniciativas, apreciado por muchos, y cuyo trabajo fue muy importante para nuestro país. Será difícil encontrar quién le podrá sustituir.
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