Fernando Rodés, el diario 'Ara' o cómo ver la vida desde París

27 de noviembre de 2010 (22:45 CET)

El viernes, la Asociación Española de Directivos organizó un almuerzo con Fernando Rodés. La convocatoria tenía un atractivo indudable: Rodés no sólo es el CEO del grupo Havas, una de las grandes multinacionales del mundo de la comunicación, sino que además es uno de los principales accionistas del diario Ara.

Y Rodés no decepcionó. De hecho, el tiempo establecido para el coloquio resultó claramente insuficiente y, aunque por razones obvias mi interés era superior al de otros participantes, creo que fuimos unos cuantos los que nos quedamos con ganas de haber podido departir más tranquilamente con el invitado acerca del papel actual de la comunicación.

Fernando Rodés tiene ya de entrada una ventaja: vive en París y se desayuna cada día con diarios que son referencias internacionales, que su escenario es el mundo. Los que vivimos aquí, aunque Internet nos proporciona una ventana ineludible al nuevo escenario global, estamos sometidos a unos focos informativos más limitados y a veces, permítanme decirlo, un poco paletos. Le ayuda, claro está, su posición profesional que le permite tener una visión de primera mano sobre los mercados que están marcando hoy en día el paso.

¿Crisis, what crisis?

Sus primeras palabras intimidaron. La crisis, dijo, va a peor y parece confirmarse que estamos ante un problema sistémico y no cíclico. El modelo de sociedad de consumo nacido al acabar la II Guerra Mundial está agonizando y de la nueva sociedad que vendrá aún no sabemos nada y sólo podemos esperar que sea mejor. El mundo se desplaza y las diferencias se agravan. La comunicación vuelve a sus orígenes, que tienen más que ver con compartir que con explicar, y se democratiza: los actores son múltiples, las viejas jerarquías se desmoronan y las redes sociales asumen el protagonismo. El éxito vendrá más de la mano de nuestra capacidad de seducir que de los recursos, aunque por supuesto todo ayuda.

Hasta aquí escuché con atención sus palabras y sin nada que objetar. Pero cuando Fernando Rodés empezó a entrar en el terreno del papel que jugarían los medios de comunicación ya no me identifiqué tan completamente con lo que decía. Tal vez las discrepancias eran en realidad más formales que otra cosa, pero no hubo tiempo para aclararlas.

¿Prensa escrita o prensa impresa?

Existe entre los medios de comunicación impresos –recojo aquí la observación inteligente que me hizo un lector y ya no empleo el término de prensa escrita- la seguridad de que existirán siempre y es posible, pero no escrito en ninguna biblia. Lo único que muestran las estadísticas hasta ahora es una decadencia acusada. Y están convencidos los editores de estos medios de que la credibilidad de la que goza aún hoy el formato papel permanecerá y hará que la categoría “prensa de calidad” perdure.

Es curioso, sin embargo, como aparentemente el propio Rodés puso un ejemplo que entraría en contradicción con esta hipótesis. El del diario británico The Guardian que creó una edición en Internet absolutamente autónoma, que creció en los Estados Unidos tanto o más que en la Gran Bretaña, gracias sobretodo a la calidad de sus reportajes –en Internet- y que acabó tomado la dirección del grupo y tutelando la salvación del modelo impreso.

¿Qué cabe en internet?

Otro de los lugares comunes en los que cayó el CEO de Havas y que crea una cierta irritación es el comentario de que “en Internet hoy cabe todo”, como si no pasara algo parecido en los medios impresos. En todas partes cabe, claro, todo. Lo que ocurre es que el lector es inteligente y discrimina perfectamente el rigor y la profesionalidad de lo zafio y frívolo, sea en Internet o en un periódico que se vende en los kioscos.

Me quedo, de todas maneras, con la visión global de cómo está evolucionando la comunicación en general y la impresión ya generalizada de que en el mundo que viene el éxito de un proyecto editorial va a depender de factores como su capacidad de interacción con sus usuarios, su perfil diferenciado y la calidad de su oferta. Les aseguro que tomé buena nota de todo ello.
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