Exijamos a las grandes empresas compromisos con el empleo

05 de febrero de 2013 (20:35 CET)

Si por marketing se entiende el proceso de comprender los deseos y las necesidades del consumidor y la estrategia para crear la relación con éste, las intensas campañas de publicidad en los diversos medios de comunicación de un número importante de empresas, en las que el mensaje a trasladar es su nuevo y fuerte compromiso con el empleo y el hecho de que en estos momentos estén coincidiendo todas a la vez y con la misma idea fuerza, demuestra que no responde a la casualidad.

La prueba de esta afirmación es muy fácil: vayan a la portada de este medio, Economia Digital, repasen el contenido de la publicidad y comprobarán que la mayoría de sus anuncios coinciden en informar sobre sus esfuerzos con la financiación y promoción de proyectos y planes dirigidos al empleo: “becas o prácticas para universitarios”, “plan de formación y empleo”, “fondo de emprendedores”, “lanzadera o plataformas de nuevos proyectos de emprendedores”, “viveros o incubadoras de apoyo a la innovación”, "aceleradoras de TIC"...

Iniciativas que son una buena noticia si expresan que los gestores de algunas de nuestras más importantes empresas han percibido que para la sociedad española el problema más importante es el desempleo y entendido que sus clientes reclaman más compromiso empresarial tanto con el empleo como con las necesidades formativas, con la innovación, con la creación de empresas, con el empleo juvenil... Y que algunas empresas han asumido que hoy, en este país, es muy difícil hablar de responsabilidad social sin adquirir un compromiso que aporte nuevas iniciativas y soluciones para afrontar nuestro principal problema, el desempleo y, muy especialmente, el desempleo juvenil.

Parece que algo se está moviendo en la buena dirección si observamos las nuevas iniciativas surgidas en algunas de nuestras grandes empresas y los proyectos para comprometerse con nuevos planes y proyectos dirigidos al empleo juvenil, a la formación profesional, al impulso de apoyo a la creación de pequeñas empresas o al apoyo y soportes de la innovación.

Como siempre, deberemos esperar al balance final de todas ellas para comprobar si son iniciativas que se han quedado en una moda vacía de contenido, es decir, sólo en la publicidad o en el uso de una imagen oportunista, lo cual sería imperdonable y la sociedad y sus clientes debería castigarlas o, si por el contrario, como debería ser, son la expresión de que han entendido, como lo hicieron hace muchos años en otros países, el imprescindible papel que pueden jugar como motores económicos y sociales en campos tan necesitados de apoyo como la educación, la formación, la innovación, el empleo y, sobre todo, su función de papel de arrastre para cientos o miles de pequeñas y medianas empresas.

Es el momento de que nuestras grandes empresas ayuden con su iniciativa y se impliquen con sus recursos y con su ejemplo, yendo más allá del mero cumplimiento de la ley. Es la hora, en estos momentos especialmente graves, en que las grandes empresas, además de mirar hacia los accionistas, aporten también el compromiso con sus propios empleados y con el conjunto de la sociedad. También deberían escuchar a nuestros jóvenes que emigran a trabajar a otros países europeos y nos explican las diferencias entre aquel mundo del trabajo y el nuestro y resaltan lo que allí han percibido: un mayor valor al empleo y un mayor valor al propio trabajador, a su formación, a su desarrollo profesional y a la transferencia de conocimientos entre generaciones en la empresa.

Es precisamente en estas graves circunstancias cuando debe expresarse la fortaleza y vitalidad de una sociedad, y de todas sus instituciones, y ver si son capaces de fortalecer el diálogo y de alcanzar los necesarios acuerdos para afrontar urgentemente las medidas que nos permitan atacar nuestro gravísimo paro juvenil. Es ahora cuando debe expresarse el test de la verdadera y real cultura, del verdadero compromiso y responsabilidad social de cada empresa, porque desde ellos es desde donde las empresas ganarán su influencia social y no pagando comisiones a partidos políticos, ni en los palcos de los estadios de fútbol o en los cócteles de los grandes eventos.
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