Europa y la vergüenza en el trato a los refugiados

11 de febrero de 2016 (20:03 CET)

La Unión Europea se continúa deslizando por la pendiente de un proceso de degeneración como comunidad de naciones. Cada día que pasa parece que se esté yendo hacia una unión intergubernamental sin ningún gobierno común. Cada vez vemos con más frecuencia como los intereses estatales predominan sobre las normas y los intereses comunes.

En el tema de los refugiados la actitud de la Unión Europea ha sido completamente desafortunada y sólo puede calificarse cómo de vergüenza para quien tiene un mínimo de sensibilidad social. Ante la realidad de centenares de miles de personas que huyen ante situaciones límite en condiciones desesperadas, la reacción de la UE ha sido tardía, limitada, insuficiente y finalmente incumplida por los estados miembros.

La UE se ha visto retratada como una herramienta inútil e incapaz de responder. Ante la demanda y el clamor de socorro de los refugiados, la UE y los estados que la componen han actuado con displicencia, sin prisas, ante una situación que demandaba urgencia y capacidad de respuesta inmediata.

Es incomprensible como la UE, que es un espacio económico y social rico dentro del mundo, haya sido incapaz de hacer lo que otros Estados más pobres han hecho en innumerables ocasiones.

Que una comunidad de más de 500 millones de personas sea incapaz de hacer frente a una marea de 1 millón, que representa sólo el 0,02% de la población de la UE, sólo puede calificarse de vergonzosa e indignante para cualquier observador neutral.

Hay que recordar que Siria, por ejemplo, acogió más de 2 millones de refugiados iraquíes durante la invasión occidental. Lo mismo podemos decir de Jordania o el Líbano en numerosas ocasiones con refugiados palestinos, iraquíes o sirios. Y mientras nuestra comunidad acomodada ha sido incapaz de acoger a la gente que llega sin nada a nuestras fronteras.

Muchos ciudadanos de la UE, especialmente de los países más afectados, han reaccionado con solidaridad hacia los refugiados e indignación hacia los líderes políticos. Esto no puede esconder tampoco las reacciones hostiles de quienes aprovechan la situación para impulsar movimientos xenófobos hacia los refugiados.

Europa está mostrando cada vez con más intensidad una cara vieja y egoísta que tiene mucho que ver con el renacimiento en muchos países de un fuerte sentimiento nacionalista que rechaza al diferente y que es incompatible con el sentimiento comunitario europeo.

Europa se hunde y renacen los nacionalismos egoístas e identitarios. Pero no hay duda de que los principales responsables de esta situación son los líderes de los países de la UE y la propia Unión. Si la Unión ha sido insolidaria con la ciudadanía de los propios países miembros que han sufrido más la crisis.

Si los ciudadanos de los países ricos han visto cómo se ha denigrado y se ha creado incomprensión hacia a los ciudadanos de los países del sur a los que se ha hecho responsables de la crisis.  ¿Se podía esperar respeto a los refugiados?

Lo que está sucediendo hoy con la oleada de refugiados ya se estaba dando antes respecto a los inmigrantes que llegaban a las fronteras en menor medida a las orillas europeas de la Mediterránea. Europa no ha hecho los deberes en cuanto a tener una política adecuada de inmigración y asilo.

Los problemas migratorios se han dejado de forma insolidaria a la actuación de los Estados más afectados, fuera Italia en el caso de los inmigrantes magrebíes y subsaharianos o ahora Grecia en el caso de los refugiados.

Lo único que parece interesar al resto de Estados es que no les llegue el problema, que quede limitado al Estado receptor. Y que no tenga un coste económico excesivo, en todo caso colaborar para impedir la llegada y que los que lleguen no se muevan del Estado al que han llegado.

Así podemos ver como la operación de salvamento italiana "Madre Nostrum", que durante un año comportó el salvamento de más de 150.000 personas, fue sustituida por la europea "Frontex" más dedicada al control que al salvamento y con el resultado de sólo 24.000 salvamentos.

El problema migratorio ha sido escondido, excepto en casos puntuales de llegada masiva o desgracias con número importante de muertos, cómo ha pasado en varias ocasiones en Lampedussa, que se ha desbordado ahora en el caso de los refugiados que llegan o mueren en costas de las islas griegas como Lesbos.

Y la cara insolidaria y más oscura de Europa ha emergido con toda su fealdad. Los países del Este han sido los primeros al negarse a aceptar refugiados, en algunos casos rechazando aquellos que sean musulmanes.

Pero la situación se ha generalizado a muchos otros incluso algunos como los nórdicos que hasta ahora tenían fama de acogedores. Dinamarca y varios "lands" alemanes confiscando los valores, dinero o joyas, de los refugiados. Otros pidiendo el regreso de los refugiados e incluso como Bélgica instando Grecia a devolverlos de forma inmediata, demanda rechazada por el gobierno griego.

Hay que ver como los más comprensivos han sido los países más afectados como Italia o Grecia, donde los gobiernos simplemente han pedido apoyo y solidaridad al resto de miembros de la Unión sin obtener la respuesta debida.

La UE finalmente y, después de numerosos intentos, acordó en el mes de septiembre el reparto de 160.000 refugiados entre los diversos Estados de la Unión. No hay que decir que es un acuerdo totalmente insuficiente y puramente simbólico.

Pero ni esto se ha logrado, sólo unos centenares han sido realmente acogidos a estas alturas, en el caso de España sólo 18 de los 14.931 comprometidos.

Finalmente parece que la UE en vez de afrontar el problema quiere optar para subcontratarlo, y en este sentido vemos el acuerdo con Turquía a la que le plantean darle 3.000 millones de euros al gobierno autoritario de Erdogan a cambio de que contenga los refugiados.

Europa renuncia a disponer de instrumentos operativos para acoger e integrar los refugiados e inmigrantes presentes y futuros. Todo esto a pesar de la necesidad real que tienen muchos de los países de la UE de incrementar su población hoy muy envejecida y dónde sólo unas políticas de inmigración, con acogida e integración garantizarán en el futuro los sistemas de seguridad social.

Porque hay que decir de forma clara y fuerte que, como está demostrado en estudios empíricos, los extranjeros aportan en impuestos y contribuciones sociales el doble del gasto que provocan en servicios.

Las fuerzas democráticas de la sociedad europea, como los sindicatos, que trabajan muy de cerca los temas de inmigración defienden que una sociedad laica, abierta e inclusiva genera más bienestar que una sociedad excluyente.

Cómo reivindicaba Ignacio Fernández Toxo de CCOO "Europa tiene que dar una salida coherente a una crisis de magnitud insoportable", hay que denunciar la insensibilidad de las instituciones de la UE y de los Estados ante el drama de los refugiados y "hace falta la voz de la sociedad civil para acabar con esta vergüenza" que produce el incremento de reacciones xenófobas y populistas en varios países.

No hay duda de que la situación actual está comportando una reducción de derechos sociales en Europa con el cierre de fronteras, que conlleva la anulación en la práctica del espacio Schengen y la libre circulación de personas. Un hecho que puede ser el inicio de una nueva renacionalización y marcha atrás del ideal europeo.

Sólo hay que ver como el Reino Unido en su negociación con la UE para evitar un posible "Brexit" (salida de los británicos de la UE) ya plantean que los inmigrantes comunitarios no tengan derechos sociales los cuatro primeros años de su estancia en el este Estado.

Todo es un conjunto. Empezamos por no querer refugiados ni inmigrantes extra-europeos, no estableciendo sistemas de entrada y obligándolos a la entrada ilegal y se acaba estableciendo normas para que no tengan derechos sociales los inmigrantes, incluidos los intra-comunitarios. En definitiva, no se evitará la inmigración, que por otro lado nuestra económica precisa, pero se hará más barata.
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