Europa en deconstrucción

04 de enero de 2016 (17:22 CET)

Durante los últimos años la Unión Europea está viviendo un proceso de regresión democrática sin precedentes. Es evidente que el objetivo por el cual se creó la CEE y posteriormente la UE que era el de acabar con los enfrentamientos en el suelo europeo. Y el fomento de la cooperación y la solidaridad y la creación de un espacio político, económico y social que fomentara un crecimiento económico y una política de bienestar en su ciudadanía está seriamente cuestionado. Lo que se llegó a conocer como "modelo social europeo" es actualmente más un deseo que una realidad.

La crisis económica ha puesto en evidencia todas las carencias y contradicciones que se han acumulado en los últimos años en el desarrollo de la UE. Es necesario no desconocer que la construcción europea fue también una política de respuesta a la situación de antagonismo político existente en Europa después de la II Guerra Mundial con la aparición del bloque soviético.

El capitalismo con rostro humano que significó la Unión Europea en gran parte gestionado por socialdemócratas y cristianodemócratas era un intento de evitar el posible crecimiento de partidos comunistas fuertes como los de Italia y Francia.

En la actualidad, nadie puede negar que el miedo al bloque soviético fue el mejor aliado para la mejora de las condiciones de vida de las clases trabajadoras de la Europa Occidental. La implosión de este en 1989 con la caída del muro de Berlín tuvo repercusiones políticas importantes en la Europa Occidental como el inicio del fin de los partidos comunistas y la crisis de la socialdemocracia europea que ya no era necesaria para los poderes económicos dominantes.

Pero los problemas para conseguir una plena integración europea venían de más lejos y se agudizaron después. La entrada de la Gran Bretaña en 1973 fue el primer paso en contra de una integración europea llena, como ya había analizado en su momento De Gaulle que consideraba que era el "Caballo de Troya" de los intereses americanos.

Realmente hay que darle la razón al mandatario francés. Gran Bretaña nunca ha tenido ninguna voluntad de fomentar la unión política y social, más bien al contrario. Ha sido siempre defensora de una Europa que fuera simplemente un amplio mercado y nada más.

Posteriormente la unificación alemana cambió los parámetros y la correlación interna en la UE, donde Alemania consolidó su hegemonía. La consecuencia fue una ampliación al este, en 2004, hecho de forma apresurada y con el único objetivo de restarle protagonismo a la nueva Rusia, aprovechando su situación de debilidad. Alemania siempre ha considerado los países del este como parte de su "hinterland" o su "patio trasero".

Previamente, en 2002 se produjo la entrada en vigor del Euro, una moneda única hecha a la medida de Alemania. Se estableció una política monetaria común, sin acompañarla de la necesaria armonización de las políticas fiscales y presupuestarias. Sin sistemas de mutualización de la deuda de los diversos países del Euro, con estructuras económicas muy diferentes y con un BCE con la misión única de controlar la inflación.

La crisis económica ha hecho saltar por los aires las apariencias de la UE. Las políticas antiausteridad tomadas por un poder europeo, el Consejo formado por los mandatarios de los Estados miembros y dominado por el papel indiscutible de Alemania, y la Comisión Europea que ha perdido gran parte de su papel de representante de la Unión, carentes de la necesaria legitimidad democrática, han repercutido de forma negativa sobre los ciudadanos de muchos países, especialmente del sur, y han roto en gran medida el ideal europeo de buena parte de la ciudadanía.

La UE aparece hoy ante los ojos de muchos ciudadanos europeos como un poder lejano que sólo adopta medidas que fomentan la desigualdad y la pérdida de derechos, todo en beneficio de los grandes poderes económicos y financieros. Se adoptan medidas basadas en parámetros macroeconómicos que no tienen en cuenta su repercusión en la vida real de los ciudadanos y esto sólo ayuda a crear recelos y beneficiar a aquellos que defienden la necesidad de volver a la defensa de los viejos nacionalismos.

Los dirigentes de la UE parecen haber olvidado que sin el apoyo de la ciudadanía la Unión Europea no es posible, y que si sólo es un "mercado común" sin contenido social, ni político su mantenimiento será difícil porque más temprano que tarde saldrán los viejos egoísmos e intereses nacionales dada la falta de un interés y beneficio común.

En los últimos tiempos ya hemos vivido varios hechos que hacen aparecer la regresión en los ideales europeos. La crisis de Grecia fue un primer caso claro. Un país en situación de crisis, por la gestión de unos gobernantes amparados durante mucho tiempo por la propia UE, quiere cambiar su política en beneficio de sus ciudadanos.

Ante esto la UE y el BCE efectúan una fuerte presión política, económica e incluso monetaria para hacer que el nuevo gobierno díscolo con las directrices de los poderes europeos se rinda. La actuación europea fue el ejemplo de un cúmulo de actuaciones antidemocráticas contra un gobierno legítimo que sólo quería aligerar el sufrimiento de su pueblo. La respuesta de los poderes autocráticos de la UE fue todo un ejemplo de carencia de flexibilidad, solidaridad y de comprensión democrática.

Un segundo ejemplo claramente definidor de la pérdida de valores de la UE ha sido su política de inmigración que se ha agudizado con la crisis de los refugiados. La carencia de respuesta de los países de la UE ante un drama que se produce en sus fronteras. Su carencia de sensibilidad, de humanidad con los refugiados y de solidaridad con los países más afectados como Grecia e Italia ha sido increíble y ha escandalizado una parte sensible de la ciudadanía. Los países de la UE no han sido capaces siquiera de cumplir los limitados y mínimos compromisos establecidos por la Comisión Europea. Hasta la fecha poco más de un centenar de refugiados han sido acogidos por los 28 países miembros.

Todo esto sin entrar en el papel de países centrales de la UE, como Alemania en la crisis de la desaparición de Yugoslavia o más recientemente en Ucrania, que han traído nuevamente aires de guerra en suelo europeo.

¿Dónde está la Europa que quería ser un ejemplo en su modelo de sociedad abierta, libre, democrática y solidaria? Actualmente esa Europa ideal, casi mítica parece haber iniciado un camino de desconstrucción que hace que a mucha gente le sea imposible de reconocerse en ella. La envejecida Europa cerrada en sí misma, egoísta, sólo sensible a los intereses de los poderes económicos y financieros, que restringe las libertades y los derechos es lo único que contemplamos.

Esta Europa no tiene nada que ver con la idea de una Europa con voluntad de unidad de toda su ciudadanía, basada en los ideales de la libertad, la igualdad y la solidaridad, de sociedad abierta al mundo y que quiere hacer compatible el crecimiento económico con el bienestar de la gente.

Una Europa que ante los últimos atentados terroristas sólo nos enseña su cara más oscura basada en el orden y el belicismo, y no duda en hacerles el juego a los terroristas al recortar libertades ciudadanas. Esta no es la Europa capaz de motivar sentimiento de proximidad en su ciudadanía.

No hay duda que la regresión europea en cuanto a derechos sociales y libertades y su incapacidad de hacer camino en la construcción de una Europa más unida en los marcos políticos sociales y democráticos provoca un retraimiento en la conciencia común de su ciudadanía.

La actitud de los actuales gobernantes europeos, su carencia de entender el componente social y ciudadano de la Unión Europea es el responsable de la regresión política nacionalista en el conjunto de la Unión. Los dirigentes políticos europeos demuestran un alto grado de hipocresía cuando se lamentan del crecimiento de fuerzas antieuropeas y de extrema derecha en muchos países de la UE. Ya no son únicamente países del este de dudosa tradición europea y democrática como Hungría o Polonia. La extrema derecha es en este momento la primera fuerza en países fundadores de la CEE cómo Francia y Holanda. El antieuropeismo se instala en Gran Bretaña y en la propia Alemania, y hasta en los países nórdicos y en Austria crecen las opciones de derecha extrema como también lo hacen en Italia y Grecia.

Los gobernantes europeos son los responsables, con sus políticas antisociales, del crecimiento de estas opciones antieuropeas y el regreso con fuerza del nacionalismo excluyente al ámbito de la Unión Europea.

Nos están desconstruyendo Europa y todos sufriremos sus consecuencias. Tienen que tener claro, como lo tenían los "padres fundadores" que Europa será de los ciudadanos o no será. Y realmente no tienen demasiado tiempo para conseguir cambiar de orientación. La Europa del capital financiero y especulativo a la larga traerá la ruptura y el enfrentamiento dentro de la propia Europa.
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